Aún hay tiempo de actuar para proteger los oficios artísticos de los algoritmos generativos.
Ya os podéis descargar el pdf del llamamiento de los traductores profesionales a la transparencia en el uso de la Inteligencia artificial aplicada a la traducción. Es una iniciativa de la ATLF y de Atlas, dos asociaciones comprometidas con la defensa de los traductores.
Mía es la versión en español del original francés, hecha para su circulación entre asociaciones hispanohablantes y por la CEATL. Los franceses siempre se anticipan en la defensa de los derechos de nuestra profesión mientras los españoles cantan las gracias de las maquinitas. Veo la ventaja de programas como Trados para traducción pragmática y de grandes cantidades de documentos, de derecho por ejemplo, con terminología jurídica o especializada, que por fuerza se repite. Pero en traducción literaria, e incluso de no ficción, textos basados en plantillas como pueden ser los recetarios o los folletos e instrucciones, si el traductor físico no realiza la corrección o el “barrido de calidad final”, lo único que está haciendo es descargar sobre el corrector que venga después, y que todavía no puede ser un programa informático, una tarea que le corresponde.
El escritor Hervé Le Tellier, premio Goncourt por su novela L’Anomalie, aparece rodeado de varios traductores, que comentan sus resultados, dudas, con respecto a los párrafos que previamente lee Le Tellier.
Acaba de publicarse el dossier temático «Controversias marítimas», en la Revue d’Anthropologie des connaissances del que he traducido al español, por encargo de su responsable en la Universidad de Nantes, el capítulo introductorio. Lo firman sus coordinadores: Hélène Desfontaines,Nicolas Benvegnu, Sarah Ghaffari y Pascale Trompette. Está disponible en Open Edition Journals.
Es un texto de contenido muy especializado y de redacción muy compleja por lo que exige mucha concentración para no perder el hilo. En estos casos creo que puede ser arriesgado traducir muy pegada al texto y yo me inclino por facilitarle la tarea al lector; por ello a veces he preferido una traducción más explicativa, que por un lado da un respiro en el seguimiento de la reflexión y por otra no deja ambigüedades en su comprensión. El artículo, de presentación del dossier, tiene como eje el concepto de “controversia” en relación a las discrepancias que pueden surgir entre los diferentes agentes vinculados al mar y a la pesca según los intereses de cada uno. El paso de la idea del mar como un espacio sin propietarios a la noción actual de espacio económico donde apenas queda espacio de propiedad “de todos”. Cómo regular una riqueza que hace mucho que ha dejado de considerarse inagotable. Cómo ha evolucionado históricamente la noción del mar común…
Este tipo de encargos surgen a partir de directorios de traductores, por eso recomiendo integrarse en por lo menos una asociación de traductores del idioma principal de trabajo. También es de ayuda para obtener referencias y resolver dudas de tipo práctico -presupuesto, tarifas, facturación– o de contenido en las listas de correos.
«El hombre mostró entonces una extraña máscara. Era de color blanco y estaba provista de un largo pico que inevitablemente recordaba el de un pájaro.
–No sonriáis –prosiguió–, este pico ganchudo está destinado a recibir cierta cantidad de hierbas y esencias medicinales que, al inhalarlas su portador, evitará respirar el aire infectado.
Luego fue señalando una a una las distintas piezas del traje.
–Aquí tenemos los guantes y la larga túnica de lino, toda ella bañada en una capa de cera; y para terminar, una varita con la que se puede levantar las ropas del apestado, para examinarlo sin exponerse al contagio.»
Este extracto pertenece a la novela El lienzo de Tintoretto, una amena novela histórica protagonizada por el pintor Tintoretto, en la época antigua, y un investigador italiano que se cartea vía mail con un anciano norteamericano experto en la pintura del Renacimiento, en la época contemporánea. Fue la primera novela traducida al español del escritor provenzal Thierry Maugenest y tuvo un éxito nada desdeñable que dio pie a una edición de bolsillo.
Marie-Henri Beyle, 1783 – 1842, más conocido como Stendhal. Escritor francés del siglo XIX. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)
Fernando Iwasaki, escritor y ensayista peruano afincado desde hace décadas en Sevilla, es un amante de la obra de Stendhal, y me consta que especialmente de La cartuja de Parma, así que no ha de extrañarnos que le dé vueltas a las versiones más o menos canónicas de expresiones o frases célebres como este coup de pistolet au milieu d’un concert. El 13 de junio, en la revista de domingo de El País se publicó el artículo que titula este post; en él el autor de Las palabras primas reflexiona sobre diferentes versiones, demostrando una vez más que es uno de los pocos escritores en español que lee mucho y bien tanto a clásicos como a contemporáneos.
Vale la pena explicar cuál fue mi propuesta, pues por restricciones de espacio la mención a mi opinión queda reducida a que pistoletazo no me convence. Veamos primero cómo me plantearía trabajar el estilo de autores de otra época y del calibre de Stendhal.
Creo que hay que traducir teniendo conocimiento del contexto, por eso he buscado el original en la página francesa de Gallica -donde están escaneados facsímiles de miles de textos. Texto original de La Chartreuse de Parma: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k113410t/f404.item.r=pistolet
Es importante conocer el estilo y el tono general. Suelo evitar las rimas internas, aunque aquí en francés son muy evidentes: Littéraire (er) pistolet/concert, grossier/refuser.
Te envío varias propuestas; La primera es la que me parece más cercana al original. Empieza con el complemento circunstancial para marcar un énfasis y a continuación dar la frase “para el recuerdo”, es decir para la cita. “Pistoletazo” no me gusta mucho pero desde luego conviene a la época. “Quelque chose de grossier” es literalmente “algo grosero“, pero prefiero “grosería” porque además recuerda otro tópico, el que afirma que es una grosería hablar de política/religión/dinero/sexo en la mesa. Como estos son los temas de la literatura, entiendo la frase como una paradoja irónica. La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention.
* En una obra literaria, la política es un pistoletazo en mediodeunconcierto, una grosería a la que sin embargo no es posible negarle nuestra atención.
* La política en una obra literaria es un disparo en mediodeunconcierto, burdo estampido al que sin embargo es imposible no prestar atención. En la segunda propuesta mantengo el orden del original, con el CC después del sujeto, pero cambio pistoletazopor disparo; ahora bien, como falta la sonoridad de la pistola, he probado con “estampido” y cambiado la frase negativa, muy habitual en francés, por la forma afirmativa “es imposible” seguida de la negativa (no prestar atención).En lugar deestampido, he pensado en detonación, pero si optaba por esta iba a encontrarme con las famosas rimas detonación/atención y lo he dejado al margen.
En una obra literaria, la política es un pistoletazo en mediodeunconcierto, una grosería a la que, sin embargo, no podemos rehusarle nuestra atención. La tercera es muy parecida a la primera pero he traducido “refuser“: rechazar, negar por rehusar, que mantiene el estilogeneral.
…algo grosero/obsceno y a lo que sin embargo no es posible negarle la atención.
en esta última variante he probado con “obsceno” porque significa algo fuera de lugar, que es de lo que está hablando Stendhal; he mantenido la copulativa, porque aquí sí es correcto, es decir porque separa sintagmas diferentes; En conclusión: siempre me planteo varias alternativas con este tipo de texto. Es una combinatoria, pero la decisión la tomo cuando tengo el texto completo para quedar cerca del original sin que chirríe al oído.
Tiros, disparos, pistoletazos
Me refiero a Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V (1997) y Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela (2008). Ambos libros son brillantes y del todo recomendables, aunque el cometido de estas líneas no es comentar sus contenidos, sino advertir la simetría de unos títulos inspirados en distintas traducciones de una misma novela.
Así, en el capítulo XXIII de La cartuja de Parma, mientras Bruno le informa a la duquesa Sanseverina del fallecimiento del príncipe, el omnisciente narrador se permite la siguiente reflexión: “La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention”. La primera traducción al español del libro la realizó Manuel G. Morente en 1917 para la benemérita editorial Calleja y aquel pasaje quedó así: “La política, en una obra literaria, es como un pistoletazo en medio de un concierto, es una grosería a la que, sin embargo, no se puede negar atención”. La frase es tan sencilla y su mensaje tan plástico que podemos concentrarnos en las diferentes versiones de la afirmación principal interpretadas por los mejores traductores de Stendhal al español.
Así, a vuelapluma tenemos: “En una obra literaria, la política es como un pistoletazo en medio de un concierto” (Josep Farran y Mayoral); “La política en una obra literaria viene a ser lo que un tiro en un concierto” (Manuel Machado); “Hablar de política en una obra literaria produce el mismo efecto que disparar un pistoletazo en medio de un concierto sublime” (Augusto Escarpizo); “La política, en una obra literaria, es como un disparo en medio de un concierto” (Antonio Vilanova); “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto” (Consuelo Berges), y “La política, en una obra literaria, es como un disparo en mitad de un concierto” (Carlos Pujol). Como se puede apreciar, el estrépito es el mismo, pero gracias a los títulos de sus libros, podemos intuir que Christopher Domínguez Michael leyó La cartuja de Parma en la traducción de Machado —que no circuló en España hasta que Espuela de Plata la publicó en 2018— y Belén Gopegui en la de Consuelo Berges, porque además incluyó la cita literal como epígrafe de su ensayo.
Afinar para traducir
El asunto no es baladí, porque estaríamos quitándole importancia al trabajo de los traductores literarios, noble especialidad que deseo reivindicar en estos tiempos de dispensadores macarrónicos premunidos de inteligencia artificial. Y si una frase tan sencilla consiente tiros, disparos y pistoletazos, reconozcamos la enorme dificultad de traducir ensayo, poesía o narración. A la traductora María José Furió —por ejemplo— no le agradaría usar “pistoletazo”, pero entiende que por la época y el contexto era la opción más razonable. ¿Tanto hay que afinar para traducir? Rafael Accorinti —traductor del inglés al español— ha reflexionado al respecto para explicar la diferencia que existe entre traducir The Sound and the Fury (1929), de William Faulkner, como “El sonido y la furia” o “El ruido y la furia”, así como por qué A Room of One’s Own (1929), de Virginia Woolf, sería más apropiado traducirlo como “Un cuarto propio” en lugar de “Una habitación propia”. El título que la escritora Remedios Zafra eligió para su ensayo Un cuarto propio conectado: (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo respalda la traducción de Borges y la reflexión de Accorinti.
A medida que nos profesionalizamos en el mundo de la traducción también se despierta, o crece, nuestra curiosidad e interés por conocer diferentes enfoques. Además de comparar con el original algunas traducciones realizadas por los mejores traductores, también me gusta consultar artículos y libros que ofrecen reflexiones sobre las modalidades de traducción.
Descubrí que Thinking Spanish Translation forma parte de la bibliografía de los estudios universitarios de traducción en la Universidad de Barcelona. Al leerlo me pareció una excelente elección y por ello os lo recomiendo. Forma parte de una colección muy bien armada en la que, siempre en inglés, también ofrece métodos de traducción del italiano, francés, análisis y selección del español coloquial, etc. Dicho de otro modo, si no sabemos por dónde empezar a construir una pequeña bibliografía de pragmática de la traducción, este puede ser un buen punto de partida sin dar palos de ciego.
Copio los epígrafes del índice. De entrada se ve que aborda en detalle los diferentes aspectos de la práctica y define muy bien los conceptos fundamentales, haciendo hincapié en los usos de cada país y en determinadas “colisiones culturales” a tener en cuenta, como la mayor o menor predilección por el imperativo o el condicional. Incluso cuando trata del libro llamado práctico, como los recetarios de cocina, una temática que hoy experimenta un boom en todo el orbe, o los folletos con instrucciones –a los que nos vemos cada vez más expuestos con el auge de las nuevas tecnologías y la obsolecencia programada–, las reflexiones sobre el género y las opciones de traducir ciertas fórmulas van más allá del problema de encontrar equivalencias para utensilios y aparatos desconocidos o inasequibles en tal o cual área. Me ha gustado especialmente la selección de fragmentos de literatura española: no duda en ir a los clásicos contemporáneos, es decir a la época en que se reconocía como escritor a aquel que conocía y dominaba el idioma. 😉
El libro puede encontrarse en internet, en formato pdf, pero como no estoy segura de si se trata de una copia pirata, prefiero no incluir aquí el enlace.
1 Preliminaries to translation as a process Practical 1 1.1 Intralingual translation 1.2 Gist translation
2 Preliminaries to translation as a product Practical 2 2.1 Strategic decisions and decisions of detail; translation loss 2.2 Speed translation 3 Cultural issues in translation; compromise and compensation Practical 3 3.1 Cultural transposition; compensation 3.2 Compensation 3.3 Cultural transposition; compensation 4 The formal properties of texts: phonic/graphic and prosodic problems in translating Practical 4 4.1 The formal properties of texts; phonic and prosodic 4.2 The formal properties of texts; graphic 4.3 The formal properties of texts; phonic/graphic and prosodic 5 The formal properties of texts: grammatical and lexical issues in translation Practical 5 5.1 The formal properties of texts; syntax 5.2 The formal properties of texts 6 The formal properties of texts: sentential, inter-sentential and intertextual issues in translating Practical 6 6.1 The formal properties of texts; the levels of sentence and discourse 6.2 Speed translation 7 Literal meaning and translation problems Practical 7 7.1 Particularizing, generalizing and partially overlapping translation 7.2 Speed translation 8 Connotative meaning and translation problems Practical 8 9 Language variety in texts: dialect, sociolect, code-switching Practical 9 9.1 Language variety: dialect and sociolect 9.2 Language variety: sociolect and code-switching 10 Language variety in texts: social register and tonal register Practical 10 10.1 Language variety: social register and tonal register 10.2 Language variety: dialect, social register and tonal register
11 Textual genre as a factor in translation: oral and written genres Practical 11 12 Genre marking and the crossover between oral and written genres Practical 12 12.1 Subtitling 12.2 Speed translation
La influencia de la práctica del pastiche durante los años estudiantiles es incontestable en los autores franceses de finales del siglo XIX y principios del XX. El caso de Jean Giraudoux resulta paradigmático. Su primer texto fue publicado el 27 de septiembre de 1908 en Le Matin con el pseudónimo de J.-E. Manière. Se trata de la reescriura de la historia homérica del cíclope: más que un pastiche, ya que no imita el estilo de Homero, se trata de una amplificación similares a las que aprendió a hacer cuando era un brillante becario en el Lycée de Châteauroux; esta reescritura incorpora rasgos cómicos en el texto de modo que altera el estatus de los personajes (Ulises asume un carácter burlesco); Giraudoux mezcla asimismo en su texto alusiones pasticheantes a Píndaro, a Teocrito, a los filósofos presocráticos, a Claudel y al helenista Croisset, e incluso a Verlaine y a Franc-Nohain. de Paul Aron, Univ. Libre de Bruselas.
El cíclope Le Matin, 27 de septiembre de 1908
A los veintiún días de travesía, Ulises y sus compañeros descubrieron que los víveres empezaban a escasear. Algunos marineros africanos se habían zampado hasta el pienso, lo cual los dejaba sin siquiera el recurso supremo de jugarse la suerte a la pajita más corta. Afortunadamente, el más favorable de los vientos empujó la nave hasta una isla donde se atiborraron de conchas, que regaron con deliciosa agua de manantial. Estaban fumando varechs resguardados por la única sombra que pudieron encontrar, la de una caverna, cuando un estruendo horrible los sobresaltó.
–¡Menuda suerte la mía! –exclamó el astuto Ulises–, por una vez en diez años que puedo fumarme mi pipa tranquilo, tengo que caer en una isla volcánica.
Hydrofonte, el médico del barco, lo tranquilizó.
–Astuto Ulises, no es la tos de un volcán sino el Cíclope –dijo–. Sería tan disparatado afirmar que esta isla está deshabitada porque no hay vegetación como creer desierto el cerebro del viejo Néstor porque no luce un solo pelo en la cabeza. En esta tierra vive una raza de gigantes a los que llaman Cíclopes, pues miden cuarenta pies de altura, tienen un solo ojo en mitad de la frente y se alimentan de leche y todo cuanto la leche produce, cuando la ocasión no les regala, como hoy, un cuarterón de griegos, famosos por su carne.
* * *
Así dijo, y un rebaño de ovejas gigantesco entró apresuradamente en la caverna, empujando por delante de sí un rebaño de sombras más estremecedor aún.
El gigante apareció en el vano de la puerta de peñascos. Imposible huir. El astuto Ulises dio un paso adelante y pronunció estas inspiradas palabras:
–¡Oh, Cíclope!, no son dos, no son cuatro, no son tampoco seis los ojos que deberán bastar para admirar El que tú colocaste, con tanto acierto, en medio de una frente que tal vez parecería desguarnecida, pues tus cabellos se baten en sabia retirada hacia la parte posterior de tu cabeza. Tu ojo es el escudo contra el cual rompen los rayos, flechas de Apolo.
»Tu ceja, mientras duermes, es el arco de ébano que tensa Astarté, diosa de la noche; las fuentes de cristal son los monóculos que dejaste caer despreocupado.
»Eres motivo de envidia para Tersites que, aun desde que quedó tuerto, continúa comiéndose con la vista a Juno, la de ojos bisojos. Y lo eres para el mismo Amor que, en su deseo de parecerse a ti, se colocó sobre el ojo derecho una venda que también le cae, al muy torpe, sobre el ojo izquierdo.
El Cíclope, halagado, se inclinó ante él y los marineros, agitando los brazos como un trirreme agita sus remos, exclamaron:
–¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra por el Cíclope! El Amor intenta imitarle. Pero es como pretender comer la sopa de Corinto con palillos. El Amor puede esconderse en los bosques de adelfas si lo desea. El Cíclope guiñó su único ojo y habló entre borborigmos. –Extranjero, eres un auténtico pico de oro. ¡Si contigo está permitido tener un solo ojo, no lo está tener una sola oreja!
Entonces los marineros aplaudieron y gesticularon, mirándose como figurantes en una representación de ópera cuando el tenor canta que su novia es más blanca que el armiño. –No es miel lo que hay en los labios del Cíclope, como en los del viejo Néstor –exclamaron–; o es una miel en que la abeja olvidó su aguijón. ¡Tiene respuestas endiabladamente rápidas! –Extranjeros, me gusta el ingenio de vuestras palabras –dijo el Cíclope–. Lamentaría ocultaros que llegará un día en que me serviréis de forraje. Pero que esto no sea un obstáculo a nuestra amistad. La cocinera avispada matará a las gallinas y, aun así, cuando entra en el corral, la población alada le da la bienvenida piando alegremente.
* * *
A esto el astuto Ulises y sus compañeros respondieron entusiasmados: –Tiene razón. ¡Piemos con ganas! Al hijo de troyano que diga que la cocinera avispada no es la mejor amiga de las gallinas le embucharemos a mazazos en su boca embustera una enorme remolacha de Esmirna. El Cíclope acercó rodando varios peñascos delante de la puerta y se sentó.
–Y tú, que tienes la lengua ágil como pitón colgada por la cola, ¿cuál es tu nombre? –preguntó, –Mi nombre es Nadie –respondió Ulises. El Cíclope se tendió en el heno y bebió varios toneles de vino en los que Hidrofonte había echado, por precaución, un potente somnífero. –Es un nombre americano –afirmó–, pero me importa un bledo. Dime, amigo Nadie, dímelo entre tres ojos, ¿has amado alguna vez? –Pues según –respondió el astuto Ulises. –Por amar entiendo en amoroso fuego estar ardiendo, escribir su nombre en las ondas del mar con rocas de montaña, repartiéndolas con gracia y, según el día, la hora, el momento, sentirse dividido entre las ansias de estrujar al ser amado contra nuestro corazón o de un buen mazazo –repuso el Cíclope.
–Desde luego, el amor contiene todo lo bueno y su contrario –observó Ulises. –El ser amado de que aquí se trata –continuó el Cíclope– es la ninfa más encantadora que haya pisado nunca nuestra madre Tierra con sus pies traviesos. Pero yo no puedo insinuarle mi deseo haciéndole ojitos y cuando compongo versos, solo el primero me rima. –Perdón, ¿pero la cosa va en serio? –preguntó Ulises. –No puedo ir más en serio… –respondió el Cíclope–. Soy bígamo y me caso, si esa es una condición, con toda la familia. La madre está, ¡válgame el cielo!
– …Para hincarle el diente –susurró Ulises. –No, la hermana es la que está para hincarle el diente –respondió el Cíclope–. Pero también me casaré con ella. Explica eso en los versos que compondrás para mí.
Los marineros, sin poder contenerse más tiempo, aullaron: –¡Hurra! ¡Hurra por el Cíclope! La conoce desde todos los puntos de vista! Su ojo es el astro rey, ¡cómo orbitan las pupilas de todas las ninfas alrededor de él! Que la hermana apetitosa vaya con cuidado cuando salga a bañar en el mar sus piececillos preciosos, a huesecillos semejantes.
Pero el Cíclope, acostado en su lecho de heno, roncaba ya. Los diligentes marineros se pusieron a calentar al rojo vivo la punta de hierro de un enorme venablo. Las ovejas, adivinando una desgracia inminente, emitían quejumbrosas la segunda letra del alfabeto. –¡Cuidado! –ordenó Ulises–. Tengamos ojo y que sea el bueno. Seis vigorosos muchachotes levantaron la viga y a la de una, a la de dos y a la de tres, la clavaron en el ojo gigantesco, cerrado como un cepo sobre las bodegas del sueño. El ojo crujió, hirvió, enrojeció y rebosó como cuando en una sartén salteamos una anguila bañada en vino. El Cíclope se incorporó sobre sus posaderas, de un salto se puso en pie, luego dio otro salto en el aire y, entre alaridos, echó a correr en círculo. Los carneros, asustados, galopaban delante de él.
«El cabrito se ha despertado» se dijo el astuto Ulises. El herido profería tales bramidos que, en comparación, las arias de Andocides, actor nacional e intérprete de Sófocles, apenas son vagidos. Los griegos, por su parte, fingían una quietud de estatuas. «Sigue hablando, pensaba Ulises, me interesas.»
El Cíclope habló y dio vueltas en círculo durante seis horas y otras seis horas más. Luego, por miedo a pisotear a las ovejas que, fatigadas, se habían desplomado y jadeaban, se limitó a rugir, en cuclillas en el centro de la gruta, lanzando a ciegas sus manos a derecha e izquierda. Pero así solo conseguía atrapar los cangrejos que los compañeros de Ulises habían pescado en el río y que le ofrecían, con mucha chacota, pinchados en la punta de una caña. Atraídos por los alaridos, otros cíclopes llegaron a la puerta de la caverna.
Cabeza de Polifemo, cíclope en mármol de la isla de Thasos.
–¡Eh, Cíclope! ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás alborotando así a las personas? ¿Quién es el bandido que te ha hecho daño? –preguntaron. –¿Quién queréis que sea? ¡Nadie! –aulló. Pese al dolor que sentía, pronunció la palabra con acento americano y los que le rodeaban sacudían la cabeza sin parar de reír. –¡Este Cíclope! ¡Siempre hemos dicho que tenía algo ahí! –exclamaban señalando con el dedo la zona de su frente donde los simples mortales no tienen ojo. Y regresaron a sus cercados agasajando a sus compañeras.
«Por Zeus, pensaba Ulises, la gallinita ciega amenaza con caer cuan largo es. Confieso que preferiría un compañero de juegos más pícaro, me conformaría con Nausicaa. Se hace de noche. Nuestro anfitrión se toma demasiado en serio las leyes de la hospitalidad. Debería salir ya, es hora de sacar al rebaño.»
* * *
Entonces, las ovejas, que empezaban a tener hambre, balaron y el Cíclope, conmovido, se apiadó de ellas. Se arrastró hasta la puerta de la caverna, apartó algunas rocas con mil precauciones y las dejó salir. Escondido bajo la barriga de cada oveja, agarrado a la espesa mata de lana, iba un marinero, y así uno tras otro escaparon hacia la luz del día. Ulises iba escondido debajo del carnero, que cerraba la comitiva; el corazón se le paró en seco cuando el Cíclope quiso consolar su dolor unos minutos acariciando a su favorito.
–Querido carnero, desde ahora vas a ser tú y ningún otro mi ojo venerable –le decía–. Tráeme cada tarde tu rebaño como un rey que lleva a sus súbditos por delante, ¡y mata con tus cuernos, a los de Zeus semejantes, al lobo, al chacal y al lince, que Plutón maldiga!
Así dijo. El trirreme aparejaba ya y las filas de remos se alzaban lentamente, alternativamente, como las patas de una langosta al despertar. El Cíclope, alertado por el crujido de las velas y el gobernalle, llegó corriendo hasta la orilla y lanzó en la dirección del ruido varios peñascos de la montaña. Pero Zefiro empujaba ya la embarcación hacia el norte. El astuto Ulises colocó las manos en trompetilla delante de su boca y, como estaban ya en mar abierto, ordenó venir a diez hombres que pusieron delante de él sus manos como altavoz.
–¡Adiós Cíclope ! –gritó—. ¡Sin rencores! Ahora ya sabes que es prudente tener un segundo ojo, aunque solo sea para llorar al primero. ¡Y teme a los griegos, también cuando no traigan regalos!
Incluso a ojos de los que veían, la nave había desaparecido. El Cíclope regresó entonces a su cueva tropezando con todo. Las ovejas que habían quedado sin ordeñar la víspera estaban arremolinadas delante de la entrada de la caverna y arrastraban por el suelo de guijarros sus ubres doloridas. El Cíclope las llamó una a una por su nombre y cumplió con su oficio de pastor. Gruesas lágrimas saladas caían en la leche cremosa, que al punto cuajaba. Ese día el Cíclope hizo el más delicioso de sus quesos.
Dos décadas después de que los Sex Pistols y los Ramones dieran nacimiento a la música punk, sus herederos artísticos irrumpieron en escena y cambiaron el género para siempre. Mientras que la fama de los inventores del punk circulaba a un nivel casi clandestino con ventas regularmente bajas, sus herederos hicieron estallar todas las expectativas comerciales del género. Son muchos los libros, artículos y documentales que han centrado su interés en el nacimiento y auge del punk de los 70, pero pocos han dedicado un tiempo considerable a su resurgir durante los 90.
Smash!es el primero que lo hace, con el relato detallado de las circunstancias del cambio en la cultura musical de los 90 desde el grunge. Gracias a su fabuloso acceso a los protagonistas clave del momento, incluyendo a los mismos miembros de Green Day, Offspring, NOFX, Bad Religion, y muchos otros, el celebrado crítico musical Ian Winwood nos brinda por fin la historia, trascendental y absorbente que merecen.
En La finestra digital (aquí) podéis leer una reseña muy acertada de Juan Pedro Hermosilla que ilustra con videos de los conciertos señeros de los grupos protagonistas de Smash!
You must be logged in to post a comment.