Lección de traducción colectiva: L’Anomalie

El escritor Hervé Le Tellier, premio Goncourt por su novela L’Anomalie, aparece rodeado de varios traductores, que comentan sus resultados, dudas, con respecto a los párrafos que previamente lee Le Tellier.

Qué tipo de crítica de la traducción queremos, en VV.CC.

La serie El juego del calamar ha provocado mucha polémica por el subtitulado plagado de errores.


Hoy se publica en Vasos Comunicantes, la revista de la ACETT, mi artículo dedicado a la crítica de la traducción. Presento varios ejemplos del tipo de crítica con diferentes niveles de profundidad y análisis de parte de académicos, críticos, estudiantes y ese monstruo que es el usuario anónimo de internet.

«Es una pregunta y una reflexión a la que llevo dándole vueltas hace algún tiempo y parece que ahora, cuando las opiniones y reseñas sobre libros ya no están restringidas a diarios y a revistas especializadas, es un buen momento para plantear algunos aspectos del asunto.

Ya conocemos las respuestas habituales a por qué los críticos suelen pasar por alto un comentario algo desarrollado al trabajo del traductor: que no tienen acceso al texto en el idioma original o que, de tenerlo, no conocen el idioma para dar una opinión fundamentada.

Vayamos a la parte agradable del asunto, cuando salta a la vista que el resultado es excelente sin necesidad de tener el original de la novela, el ensayo, los poemas, la pieza teatral, en un idioma que casualmente dominamos y podríamos cotejar, ahora que las bibliotecas están bien surtidas y podemos comprar online o acceder a bibliotecas que han digitalizado a los clásicos. No solo los traductores profesionales pueden darse cuenta de que ahí ha habido una buena mano (y unas neuronas con sus sinapsis en forma, y horas previas de lectura y un surtido de diccionarios de papel, online y vivientes). Un lector con cierto bagaje se da cuenta de que el traductor ha peleado por cada palabra, que no ha cedido a la pereza de quedarse con un verbo aproximado y que en lugar de, pongamos, «chancletear» ha escrito «trapalear». Lo que eso significa como señal de confianza en su propio trabajo y en el lector es una especie de contrato implícito que los buenos traductores –y las editoriales que optan por no corregirlo por otra solución más llana– defienden al entregar el libro traducido. Si nos ponemos estupendos, estupendamente capitalistas, diríamos que esa es su «marca»; si nos ponemos trascendentales, que ese es su legado, su contribución a una historia de la traducción, ya que decisiones de este tipo determinan las ocurrencias (apariciones) de una determinada palabra y facilitan así que sucesivos traductores tomen decisiones menos vacilantes.»

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El doblaje de películas de animación, como Madagascar, que recurren a grandes estrellas del cine o la televisión para dar voz a los bichos se ha convertido en un elemento de márketing que las productoras tienen en cuenta en el diseño de producción; por ello suelen destinar un presupuesto digno a la traducción -o adaptación, según el país–. A veces, el trabajo está coordinado por un director de doblaje.

Yourcenar – Baldwin – Darrieussecq

Cavafy edición vieja gallimard

Yourcenar / Baldwin / Darrieussecq: de las bellas infieles al wokismo, (I) en Vasos Comunicantes


Creo no equivocarme al decir que la imagen de Marguerite Yourcenar que la mayoría tenemos es la de una escritora de temas históricos, muy erudita, de estilo denso y elevado, que sus muchos detractores llaman pompier. Estaba leyendo de forma desordenada el segundo volumen de entrevistas recopiladas por The Paris Review publicadas en español por Acantilado (entrevista traducida por Gonzalo Fernández Gómez) y, al descubrir que los escritores que decían cosas más interesantes no eran necesariamente los que más me gustaban, me zambullí audazmente en la entrevista, publicada en primavera de 1988, que Susha Guppy le hizo a Yourcenar y que la autora de Memorias de Adriano no llegó a revisar ni a ver publicada pues murió en 1987.

Hacia el final, Guppy le pregunta por su más reciente incursión en la traducción, la versión francesa de la obra teatral The Amen Corner —o El rincón de los Amén— del hoy muy reconocido James Baldwin.

–Acaba de traducir al francés The Amen Corner, de James Baldwin, y me consta que no solo lo admira como autor, sino que además tiene una buena amistad con él. ¿Qué opina de su trabajo actual?
Yourcenar responde de un modo que hoy parece muy desenvuelto respecto a los problemas de su buen amigo.

–Baldwin ha escrito algunas páginas admirables, pero le falta coraje para llevar sus conclusiones hasta las últimas consecuencias. Tendría que haberse atrevido a golpear más fuerte. Ha tenido una vida muy dura. Fue uno de los nueve hijos de una familia pobre de Harlem. A los quince años era predicador; a los dieciocho, fugitivo. Trabajó en lo que pudo, primero en el Ejército, durante la guerra, luego en la calle, ganando lo justo para sobrevivir. De alguna forma se las arregló para ir a París, donde fue a parar a la cárcel por el crimen de no tener residencia fija ni profesión. Ahora tiene problemas con la bebida, pero muchos escritores estadounidenses han sido alcohólicos, tal vez a causa del puritanismo que domina el alma estadounidense desde hace tanto tiempo. Sin embargo, cuando un estadounidense es generoso, cordial e inteligente, supera a los europeos. Yo conozco por lo menos a cinco o seis que responden a esa descripción.

De esta indiscreta parrafada me interesó la frase «le falta coraje para llevar sus conclusiones hasta sus últimas consecuencias. Tendría que haberse atrevido a golpear más fuerte». La información recabada me dice que The Amen Corner fue la primera obra teatral de Baldwin, escrita en 1954 durante su primera estancia en Francia, entre 1948 y 1957, y que aborda asuntos que definieron su carrera: la pobreza, el racismo y el papel de la iglesia en la vida de los negros americanos. La intriga gira en torno a la guerra que libran sor Margaret Alexander, pastor de una iglesia negra «de esquina» en Harlem, y su exmarido Luke, músico de jazz, por el alma de su hijo David. Yourcenar la tradujo en la década de los 80, tres décadas después de su estreno, por lo que es difícil saber si el coraje y las conclusiones más arriesgadas que echa de menos eran de tipo ideológico o expresivo.

sigue aquí →: Yourcenar / Baldwin / Darrieussecq, 1
Y la segunda parte del artículo, aquí→: Yourcenar, Baldwin, Darrieussecq, 2

Traducción de Marie Darrieussecq

El título apropiado, en Vasos Comunicantes

Este artículo puede leerse entero en la revista de la ACETT Vasos Comunicantes, núm. 58 de julio de 2021

Elegir el título de un texto traducido es una de las prerrogativas que el editor se reserva para procurar la comercialidad del “producto”, por lo que no acostumbro a poner pegas si es distinto del que yo les propongo. A fin de cuentas, el editor sabrá si se parece demasiado a otro de su catálogo o de la competencia o si confundirá al lector sobre el género literario al que pertenece. El título original francés Venise.net, de Thierry Maugenest, una novela de intriga cuya estructura se ordena en correos electrónicos entre los distintos personajes, se cambió por El lienzo de Tintoretto, más explícito sobre el asunto detectivesco. Cuando el autor es un desconocido en nuestro mercado, conviene multiplicar las opciones de lanzarlo.

            Sin embargo, a veces podemos cuestionar la decisión del editor y marginar nuestra resignación de obreretes del intelecto para preguntarnos si hay que defender una coherencia intelectual, que a medio y largo plazo beneficiará al editor en el mercado global.

El sociólogo Alain Touraine (1925-) Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010

A saber, el título del ensayo del sociólogo francés Alain Touraine, Penser autrement, fue traducido por los editores como La mirada social. Un marco de pensamiento distinto para el siglo XXI. El título original hace referencia directa al lema de Michel Foucault, recogido en el segundo volumen de su Historia de la sexualidad. El uso de los placeres. Mientras leía el párrafo que cito bajo estas líneas, me pregunté qué título habrían elegido los editores de conocer esta referencia: ¿Pensar de otro modo? ¿Pensar distinto/diferente? ¿Otro modo de pensar? Del título y de la trayectoria de Touraine se desprende que el ensayismo francés de la segunda mitad del siglo XX se plantea como un diálogo sostenido en el tiempo, y a veces en la distancia, entre un conjunto de autores que forjaron una trama de reflexión filosófica con una fuerte impronta en el pensamiento occidental.

«Hay momentos en la vida en que la cuestión de saber si se puede pensar distinto de cómo se piensa y percibir de modo distinto de como se ve es indispensable para continuar mirando o reflexionando […]. Pero ¿qué es en tal caso la filosofía hoy –me refiero a la actividad filosófica— si no es el  trabajo crítico del  pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste en vez de en legitimar lo que ya sabemos, en tratar de averiguar cómo y en qué medida sería posible pensar de modo distinto?[1] »

Conservar el vínculo entre el ensayo de Touraine y el referente implícito de Michel Foucault significaría que la colección –si no la casa editorial en conjunto— tiene un discurso intelectual propio, un discurso además consciente, decidido y sopesado, no solamente un catálogo heredado de nombres de referencia de la filosofía contemporánea, que se mantiene en cartera porque cierto número de ellos aún se vende y algunos forman parte –¡aún!– de los programas de estudios universitarios españoles e hispanoamericanos.

Portada de la edición de Paidós de Foucault, Pensamiento y vida

También para la misma editorial, y de nuevo con Michel Foucault en el horizonte,  traduje el Michel Foucault. Sa pensée, sa personne, de Paul Veyne. La editorial decidió ese Pensamiento y vida, que me parece francamente acertado considerando el tono del ensayo, aunque no se trata estrictamente de una biografía intelectual rigurosa porque está muy matizada por la amistad que unió a ambos intelectuales –o sesgada en la amabilidad de la perspectiva, como demuestra en su explicación de los hechos en torno a la muerte por sida de Foucault. Dicho sea de paso, creo que Paul Veyne es uno de esos autores a los que cualquier traductor le toma simpatía, por su tono ponderado y sus tomas de posición nunca estridentes. Sin embargo, para este ensayo me pareció adecuado proponer un título menos impersonal, o menos tópico y general que el que sugería La pensée, la personne, y adoptar la alternativa que Veyne da en el prólogo: El samurai y el pez rojo.

            Me pareció más interesante porque intrigaría al lector al sacarlo de las rutinarias expectativas de la retórica filosófica o ensayística, como se empeñaba en conseguir el propio objeto de estudio, Foucault. Así, el pez rojo es el que nada dentro de ese pequeño acuario de cristal que son las verdades asumidas de una época y, según Veyne, el autor de Historia de la sexualidad era tan pececillo rojo como cualquiera de sus contemporáneos, una alienación inevitable que él combatió desdoblándose en ese observador que cuestionaba tales ideas. La imagen del samurai se presta a la que cultivó Foucault, no solo en su aspecto exterior sino también en su vertiente de «esgrimista intelectual» que –siempre según Veyne— «manejaba la pluma como si fuese un sable». Que los editores optaran por un título menos colorido, menos audaz, no deja de delatar las inercias ligadas a lo que se considera ensayo serio.

— Nota:

Michel Foucault escribió: Il y a des moments dans la vie où la question de savoir si on peut penser autrement qu’on ne pense et percevoir autrement qu’on ne voit est indispensable pour continuer à regarder ou à réfléchir (…). Mais qu’est-ce donc que la philosophie aujourd’hui – je veux dire l’activité philosophique – si elle n’est pas le travail critique de la pensée sur elle-même ? Et si elle ne consiste pas, au lieu de légitimer ce qu’on sait déjà, à entreprendre de savoir comment et jusqu’où il serait possible de penser autrement ? » (L’Usage des plaisirs, Gallimard, 1984, pp.15-16).

[1] Editorial Gallimard, París, 1984, pp.15-16. En español, este volumen fue traducido por Martí Soler y publicado por Siglo XXI.

“Thinking Spanish Translation”

A medida que nos profesionalizamos en el mundo de la traducción también se despierta, o crece, nuestra curiosidad e interés por conocer diferentes enfoques. Además de comparar con el original algunas traducciones realizadas por los mejores traductores, también me gusta consultar artículos y libros que ofrecen reflexiones sobre las modalidades de traducción.

Descubrí que Thinking Spanish Translation forma parte de la bibliografía de los estudios universitarios de traducción en la Universidad de Barcelona. Al leerlo me pareció una excelente elección y por ello os lo recomiendo. Forma parte de una colección muy bien armada en la que, siempre en inglés, también ofrece métodos de traducción del italiano, francés, análisis y selección del español coloquial, etc. Dicho de otro modo, si no sabemos por dónde empezar a construir una pequeña bibliografía de pragmática de la traducción, este puede ser un buen punto de partida sin dar palos de ciego.

Copio los epígrafes del índice. De entrada se ve que aborda en detalle los diferentes aspectos de la práctica y define muy bien los conceptos fundamentales, haciendo hincapié en los usos de cada país y en determinadas “colisiones culturales” a tener en cuenta, como la mayor o menor predilección por el imperativo o el condicional. Incluso cuando trata del libro llamado práctico, como los recetarios de cocina, una temática que hoy experimenta un boom en todo el orbe, o los folletos con instrucciones –a los que nos vemos cada vez más expuestos con el auge de las nuevas tecnologías y la obsolecencia programada–, las reflexiones sobre el género y las opciones de traducir ciertas fórmulas van más allá del problema de encontrar equivalencias para utensilios y aparatos desconocidos o inasequibles en tal o cual área.
Me ha gustado especialmente la selección de fragmentos de literatura española: no duda en ir a los clásicos contemporáneos, es decir a la época en que se reconocía como escritor a aquel que conocía y dominaba el idioma. 😉

El libro puede encontrarse en internet, en formato pdf, pero como no estoy segura de si se trata de una copia pirata, prefiero no incluir aquí el enlace.

1 Preliminaries to translation as a process 
Practical 1
1.1 Intralingual translation
1.2 Gist translation

2 Preliminaries to translation as a product
Practical 2
2.1 Strategic decisions and decisions of detail; translation loss
2.2 Speed translation

3 Cultural issues in translation; compromise and compensation

Practical 3 
3.1 Cultural transposition; compensation
3.2 Compensation
3.3 Cultural transposition; compensation

4 The formal properties of texts: phonic/graphic and prosodic

problems in translating 
Practical 4 
4.1 The formal properties of texts; phonic and prosodic
4.2 The formal properties of texts; graphic
4.3 The formal properties of texts; phonic/graphic and prosodic

5 The formal properties of texts: grammatical and lexical issues in

translation
Practical 5
5.1 The formal properties of texts; syntax
5.2 The formal properties of texts

6 The formal properties of texts: sentential, inter-sentential and intertextual
issues in translating
Practical 6
6.1 The formal properties of texts; the levels of sentence and discourse
6.2 Speed translation

7 Literal meaning and translation problems

Practical 7
7.1 Particularizing, generalizing and partially overlapping translation
7.2 Speed translation

8 Connotative meaning and translation problems

Practical 8

9 Language variety in texts: dialect, sociolect, code-switching

Practical 9 
9.1 Language variety: dialect and sociolect
9.2 Language variety: sociolect and code-switching

10 Language variety in texts: social register and tonal register

Practical 10
10.1 Language variety: social register and tonal register
10.2 Language variety: dialect, social register and tonal register

11 Textual genre as a factor in translation: oral and written genres
Practical 11

12 Genre marking and the crossover between oral and written genres

Practical 12
12.1 Subtitling
12.2 Speed translation

13 Technical translation
Practical 13
 
14 Translation of consumer-oriented texts
Practical 14
 
15 Stylistic editing
Practical 15

16 Contrastive topic and practical: subjunctive expressing purpose/aim
versus indicative expressing result/effect
Practical 16
16.1 Conjunctional phrases
17 Contrastive topic and practical: orders and requests

18 Contrastive topic and practical: pronominalization

Practical 18
18.1 Uses of ‘se’ 

19 Contrastive topic and practical: passive and impersonal

constructions
20 Summary and conclusion
Glossary
References
Index

Glosario de la felicidad en el NewYorker

https://media.newyorker.com/photos/590976bf019dfc3494ea2d49/master/w_2560%2Cc_limit/Anthes-Glossary-of-Happiness1.jpgILLUSTRATION BY JULIANNA BRION

Un artículo de The New Yorker titulado así, The Glossary of Happiness, de Emily Anthes, desarrolla una reflexión muy interesante sobre los términos para designar la felicidad o las variadas ideas vinculadas a ella en diferentes países. De ahí, su reflexión deriva hacia el préstamo de palabras entre idiomas para colmar vacíos –o perezas o inercias– sobre conceptos, sensaciones, emociones, percepciones que difieren enrtre culturas. A destacar el proyecto de “lexicografía positiva”…


«[…] Soon after Lomas returned to the University of East London, where he is a lecturer in applied positive psychology, he launched the Positive Lexicography Project, an online glossary of untranslatable words. To assemble the first edition—two hundred and sixteen expressions from forty-nine languages, published in January—he scoured the Internet and asked his friends, colleagues, and students for suggestions. Lomas then used online dictionaries and academic papers to define each word and place it into one of three overarching categories, doing his best to capture its cultural nuances. The first group of words referred to feelings, such as Heimat (German, “deep-rooted fondness towards a place to which one has a strong feeling of belonging”). The second referred to relationships, and included mamihlapinatapei (Yagán, “a look between people that expresses unspoken but mutual desire”), queesting (Dutch, “to allow a lover access to one’s bed for chitchat”), and dadirri (Australian Aboriginal, “a deep, spiritual act of reflective and respectful listening”). Finally, a third cluster of words described aspects of character. Sisu falls in this category, as do fēng yùn (Mandarin Chinese, “personal charm and graceful bearing”) and ilunga (Tshiluba, “being ready to forgive a first time, tolerate a second time, but never a third time”).»

Sigue en… The New Yorker

 

La traducción creativa: dos o tres cosas que sé, por Albert Bensoussan

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El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante

El reconocido traductor Albert Bensoussan publica en el dossier dedicado a la traducción de la revista En attendant Nadeau un artículo sobre su experiencia de traducir Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante. Una auténtica y gozosa lección.

Podéis leerlo (en francés) en este enlace: traducción creativa.

“L’Outranspo et la traduction créative” par Santiago Artozqui

Dossier traduction Nadeau revista
Foto ©: En attendant Nadeau

 

Santiago Artozqui, traductor y animador cultural, presidente de la Asociación para la Promoción de la Traducción Literaria, es el autor de un interesante artículo en torno a la idea de “traducción creativa” en la revista de literatura En attendant Nadeau. El artículo forma parte de un dossier dedicado a la traducción.

Así arranca la presentación:

«Que se passe-t-il lorsqu’on s’attache à traduire les composantes d’un texte autres que le sens ? L’Outranspo est un OuXPo qui aborde, étudie et pratique diverses formes de traductions à contraintes regroupées sous le nom de traduction créative.»

y el núcleo de la reflexión se formula así:

«on peut adopter une définition de la traduction créative qui nous servira d’hypothèse de travail : Une traduction est dite créative lorsqu’elle vise prioritairement à rendre des composantes d’un texte autres que le sens. Par composantes, on entend ici la forme, le rythme, les références culturelles, bref, tout ce qu’en général le traducteur cherche à restituer en même temps que le sens. Cette dernière précision est importante, car il ne faudrait pas que l’on croie que la traduction se définit comme créative par rapport à d’autres qui ne le seraient pas. Toute traduction est, par essence, un acte de création, et, de même que les oiseaux n’ont pas attendu les ornithologues pour voler, les traducteurs n’ont pas attendu les tenants de la traduction créative pour être créatifs.»

Inspirado por el Oulipo, este movimiento presenta varios aspectos destacables, es un ejercicio creativo y, claro está, de liberación mental. Cuando se traduce asiduamente, se incurre en automatismos, incluso cuando se trata de textos exigentes que obligan a medir escrupulosamente rimas, sílabas, referencias externas o cruzadas, de modo que estas búsquedas de equivalencias abren horizontes. Por cierto que la llamada “sonotraducción” se practica en España, también con fines humorísticos (resultados hilarantes), en los programas de Javier Cadenas (muy chistosas sus traducciones del ruso o del griego) para la radio.

 

El encanto de las traducciones anticuadas: “Buenos días, tristeza”, de Françoise Sagan (y 2) en el Trujamán

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©El Trujamán & MJ  Furió

El estilo de Clarasó contiene rasgos que traen la atmósfera de la misma época en que tienen lugar los acontecimientos. A finales de los años 50, principios de los 60, cristalizó en Francia un cambio cultural en la percepción del individuo en sociedad. Se afirmó entonces que Sagan representaba a una nueva generación que invertía la filosofía del existencialismo por un hedonismo alérgico a las responsabilidades. Creo que a un lector culto no se le escaparán hoy los ecos de la literatura libertina francesa, en concreto, Las relaciones peligrosas, de Choderlos de Laclos, y recordará que la joven noble recién liberada del convento a la que Valmont instruye eróticamente se llama Cécile de Volanges. Buscando bibliografía sobre este particular, encuentro por fin una mención a este parentesco en el extenso prólogo de la editorial Cátedra, ya de 1996, con edición de Mª Luisa Guerrero y traducción de Pilar García.

Volviendo a Clarasó, el acierto general del tono de su versión no esconde los fallos que reclamaban una rigurosa corrección de estilo. Clarasó tradujo los nombres propios: Raymundo suena extraño; Ana y Cecilia no chirrían, mantuvo Elsa y Cyril pues seguro que Cirilo resultaba demasiado monacal. El vous usado por Anne, Cécile y Elsa al comunicarse entre ellas pasa al tuteo, como hacen el resto de traductores en las versiones posteriores; aunque el tratamiento de usted entre familiares no era insólito en España, exigiría justificarse en el contexto liberal de esta novela. Hay fallos por literalismos como «Hace de buen oír», o no traduce juegos de palabras, como ese «pescar maquereaux», quizá por censurar groserías, etc.

Con todo, los errores de traducción propiamente dichos son escasos. Uno altera significativamente la frase y parece un error de interpretación provocado por una errata. Hacia el final de la novela, Elsa, la joven abandonada por Raymond, pone a Cécile al corriente del éxito de la estratagema ideada por la adolescente en su afán de apartarlo de la estricta Anne. Por remordimiento, la precoz aprendiza de Madame de Merteuil desea que la ingenua modelo se calle. Sagan escribió: «Je déteste les dénouements»; Clarasó tradujo: «Detesto tener que mostrarme agradecida». Quizá hubo una confusión entre dénouement y dévouement, cuando la edición para imprenta utilizaba tipos móviles y el impresor invirtió la letra. En la versión de Cátedra se lee, justamente: «odio los desenlaces». Otras expresiones francesas tienen en su versión española una huella de época que, en mi opinión, adquieren al leerlas hoy el encanto de lo desusado porque, en los albores de los 60, el cambio de costumbres y de jerarquías empezó a reflejarse en los estándares de lengua y educación hasta eclosionar en esa década y la siguiente.

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Las versiones de 1995 y 1996 no solo corrigen errores obvios sino que actualizan el lenguaje, de modo que el «Salaud!» con que Cécile apostrofa a su padre, al descubrir las consecuencias del engaño que ella misma ha favorecido, se convierte en la de Albiñana en un vulgar «¡Cerdo!», mientras García redobla el golpe: «¡Cerdo, cerdo!», que sustituye al anticuado «¡Crápula!» elegido por Clarasó, con buen tino, pues significa precisamente lo que el viudo ha demostrado ser: «hombre de vida licenciosa», dado a la «disipación» y al «libertinaje». Pero ¿podía mantenerse esta expresión ya a finales del siglo XX?

El atractivo de las traducciones anticuadas –y naturalmente, del original al que remiten— obedecería a un léxico y a una sintaxis que combinan con acierto el pudor con la extrema precisión. Así, la modelo Elsa es una «entretenida» o una «mantenida», vocabulario que refleja la moral y prejuicios de la época.  

            Clarasó, célebre escritor de aforismos, debió de encontrarse en su salsa al traducir la desenvuelta respuesta de la protagonista a su futura madrastra, que transparenta la inspiración de Las relaciones peligrosas, donde la también llamada Cécile acaba de salir del convento cuando arranca la novela:

«—[…] Esas historias de líos, de juergas, de mujeres, ¿no te aburren?» pregunta la circunspecta y elegante Anne. «—Verás –le dije–; he permanecido diez años en un convento, y esas gentes sin principios todavía me divierten.» [p.118]

            Si se traduce couvent por «internado», aunque en definitiva sea eso, un internado religioso, la implícita referencia a Les liaisons… se disipa y también el contraste cómico entre las costumbres y moral del escenario religioso y el de la casa en la costa.

Clarasó, a quien el escritor Juan Poz dedicó una semblanza, es autor de aforismos como «No se comprende como las mujeres no triunfan todas, no teniendo en casa, como no tienen, a ninguna mujer que se lo impida» y «La mujer de otro, si nos gusta, tiene una ventaja: que ya es de otro. Y si no nos gusta, esta ventaja aparece mucho más clara.» Dos sentencias que casan bien con el temperamento de Raymond y Cécile, que el escritor barcelonés supo reflejar en español, pese a algunos literalismos y fallos, que habrían podido subsanarse con una corrección profesional ya en su momento.

 No hay duda que, apoyada por un prólogo no excesivamente académico que informara del contexto sociopolítico en que surgió la narración de Sagan y un perfil de la autora que aproveche los datos aportados por ella misma en textos autobiográficos, Buenos días, tristeza puede ser una buena lectura para adolescentes inteligentes y una puerta de salida de la estereotipada literatura juvenil que hoy día se les endilga.

El encanto de las traducciones anticuadas: “Buenos días, tristeza”, de Françoise Sagan por Noel Clarasó en el Trujamán

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El pasado mes de julio, en el diario The Guardian Rachel Cooke firmaba un interesante reportaje, The subtle art of translating foreign fiction, donde se hacía eco de la eclosión del interés por la literatura traducida en el Reino Unido, presa de la «fiebre Elena Ferrante», moda que atribuye a un apetito de exotismo. El artículo arranca recordando su decepción al leer una nueva traducción de Buenos días, tristeza, el bombazo literario que en 1954 lanzó a la fama a una jovencísima francesa, Françoise Sagan (1935-2004). Cooke recordaba la musicalidad de las primeras líneas, grabadas aún en su memoria.

Con curiosidad por recordar cómo resolvió el emblemático inicio su primer traductor español –o de los primeros–, Noel Clarasó (1899-1985), busqué mi ejemplar, una edición de Plaza y Janés de 1976 cuya portada lleva en medallón una fotografía de la película, dirigida en 1958 por Otto Preminger, con el abrazo de los dos adolescentes, Cécile y Cyril, interpretados por Jean Seberg y Geoffrey Horne.

La primera frase del original francés reza:

«Sur ce sentiment inconnu dont l’ennui, la douceur m’obsèdent, j’hésite à apposer le nom, le beau nom grave de tristesse.»

Clarasó tradujo:

«Dudo al llamar con el nombre bello y serio de tristeza, a este sentimien-to desconocido cuya dulzura y cuyo dolor me tienen obsesionada».

La coma sobra, aunque marque una pausa en la respiración de la frase. Traduce ennui por «dolor», eligiendo sustantivos de un registro más estándar o neutro, porque la marca literaria la da la prosodia. Abatimiento o desazón o tedio, significados más precisos de ennui, quizá sonarían demasiado elevados de entrada, cuando la madurez de este texto juvenil radica en la coherencia de las reflexiones de su protagonista, de un lado, y de otro, en los distintos perfiles psicológicos que reflejan a una clase social, ociosa y hedonista, así como en el eco de la literatura francesa libertina y de introspección.
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Con la distancia que el tiempo impone, me ha parecido al releer la novela, con el texto francés cerca, que la versión castellana de Noel Clarasó tenía lo necesario para marcar el paso a traducciones posteriores. No me extrañó descubrir que en su versión, Javier Albiñana, de 1995, puso todo el empeño en distanciarse de la versión de Clarasó. Arranca con una traducción fidelísima al original en lo que hace a la estructura de la frase:

«A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura, me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza»,

Idéntica opción tomó la traductora inglesa de la versión de Penguin, que inspiró el artículo de Rachel Cooke:

«This strange new feeling of mine, obsessing me by its sweet languor, is such that I am reluctant to dignify it with the fine, solemn name of ‘sadness’».

Mientras la antigua y memorizada versión reza:

«A strange melancholy pervades me to which I hesitate to give the grave and beautiful name of sadness».

El tono y el ritmo de la frase de Clarasó pautan la recepción que espera del lector. Antepone el verbo indicando así que se trata de una narración en primera persona, mientras Sagan evitaba el omnipresente pronombre personal francés desplazando el sujeto a la segunda mitad de la frase.

Varias veces los traductores que realizan una versión moderna de títulos clásicos nos han informado de qué aspectos de su intervención mejoraban versiones previas. La pregunta también podría ser la contraria, según se lamentaba la periodista inglesa, subrayando lo fría que le pareció la versión moderna de Sagan en Penguin Classics.

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Raymon, Elsa y Cécile en la adaptación cinematográfica de Preminger

 

Buenos días, tristeza es, como sabe la mayoría, una novela que se inscribe en el subgénero llamado coming on age, o de iniciación a la vida adulta. Habitualmente protagonizada por un adolescente que experimenta una maduración de su planteamientos vitales que será determinante para su edad adulta, a tenor de los acontecimientos relatados en la acción, muchas ofrecen un contenido iniciático –El guardián entre el centeno, Las aventuras de Tom Sawyer, Retrato del artista adolescente…–, y una dosis variable de moralidad, como aquí sucede. La heroína, Cécile, descubre que la omnipotencia que caracteriza la infancia, definida por la relación simbiótica con su padre –Raymond, un viudo y seductor publicista cuarentón que, en el curso del veraneo en la Costa Azul, cambia a la joven modelo, Elsa, por la elegante diseñadora Anne, mejor amiga de la madre de la adolescente protagonista, con la que planea casarse—, no resulta, al cabo del tiempo, tan gratificante si excluye aceptar a personalidades distintas cuya experiencia aporta una fricción a la realidad, enriqueciéndola.

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