Las bibliotecas heredadas, en Vasos Comunicantes


Hoy se ha publicado en Vasos Comunicantes mi artículo sobre lo que llamo “bibliotecas heredadas”, expresión que no hace referencia a libros tangibles solamente sino a la combinación de lecturas que acumulamos, la herencia cultural y el destilado de nuestras pasiones e ideología.  Parto de mi experiencia en la traducción de un clásico para defender que mis decisiones están determinadas por mucho más que el conocimiento del autor y del idioma original.
Aquí va un fragmento: 

«Además, el siglo transcurrido desde su muerte ha visto la desacralización de la figura del Gran Escritor con, entre los años ‘90 y los primeros dos mil, un característico ensañamiento en la vida privada de tótems como, pongamos, Sartre, Joyce o el mismo autor de la Recherche. Es infrecuente que el chisme vaya de la mano de un estilo literario personal y una inteligencia afilada, justamente lo que define al aristócrata francés Ghislain de Diesbach, que con viperina inteligencia retrata en su Proust (1991)[3] al escritor y a la alta sociedad de la Belle Époque con una ironía despectiva que vuelve redundante a Karl Marx.  Lejos —lejísimos— de la estoica seriedad de la biografía canónica que George D. Painter publicó en dos volúmenes en los años 60, Diesbach parece decidido a vengarse del tiempo dedicado a leer los 21 volúmenes de correspondencia (edición de Philippe Kolb)[4] de Marcel, con los inevitables detalles superfluos que habrán impacientado al que buscaba pepitas de oro biográficas. Lo cierto es que esta biografía ayuda a comprender detalles o comentarios recogidos en los Pastiches, lo cual permite interpretar algunas decisiones narrativas y temáticas, liberando al traductor de la triste sensación de andar dando palos de ciego. El tono irreverente de la biografía, opuesto al de anteriores devotos biógrafos y ensayistas, podría convencer a alguien criado en pleno auge del periodismo gonzo, pero a ratos le sabe a chamusquina al bregado en la French Theory con sus agudos análisis de lenguaje y temas.»


Podéis leerlo entero → aquí 

Claves para reconocer una oferta de colaboración fraudulenta

Es cada vez más habitual que al correo de un traductor lleguen propuestas que parecen profesionales pero que son intentos de fraude. Al profesional que haya trabajado con varias editoriales, por ejemplo, no le costará tanto detectar dónde se esconde la trampa. Pese a que la inteligencia artificial ayuda a conseguir una redacción pulcra, que puede desorientar al traductor o corrector bisoño, el dato infalible es siempre la desproporción entre los tres puntos clave en cualquier colaboración: extensión del texto, tarifa por hora o por x caracteres y plazo de entrega. A estas tres se añade una última variable que es el plazo de cobro. En algunos casos, por ejemplo si se trata de una empresa establecida en otro continente, quizá se acuerde también el método de pago. La empresa necesita ahorrarse gastos superfluos y la modalidad de pago elegida lo reflejará sin dejar de ser legal. Nótese que la empresa también necesita dejar constancia del pago realizado no solo para su contabilidad, también para protegerse de reclamaciones fraudulentas.

En el mensaje que sigue a estas líneas todo es incongruente y sólo parece apropiado dentro de algún guion de tono satírico. El cliente que llega con la propuesta, dirigiéndose a un indeterminado “linguist”, es la Bisnow Real Estate Organization, es decir una empresa ligada al sector inmobiliario que en Linkedin se presenta así: “Our mission is to inform, connect and advance the commercial real estate community to do more business”. Una vez comprobado que la empresa existe y está representada en diferentes plataformas serias, respetadas porque verifican previamente los datos de socios y adherentes, es posible caer en el error de considerar que la oferta recibida también es de confianza. Sin embargo, el título de texto a traducir no encaja con los objetivos del sector inmobiliario comercial: nada menos que History and Critique of the Labor Theory of Value. Si buscamos en google para verificar con este detalle que hemos recibido un anzuelo para estafarnos, descubrimos que el título corresponde a un libro de principios del XX, vinculado a las teorías marxistas y analizado por los principales economistas. Un resumen muy conciso de google, a partir de la entrada de wikipedia dedicada al libro, informa de que su autor es Albert C. Whitaker, dato imprescindible pero ausente de la propuesta de colaboración —«is a seminal 20th-century text. […] The theory has historically faced challenges in distinguishing between labor as a measure of cost and labor as the “commanding” value in exchange.»—. Es decir, un punto de discusión dentro de la teoría es la dificultad en distinguir entre el trabajo como medida del coste y el trabajo como valor «determinante» en el intercambio.

El título revela irónicamente la relación subyacente entre el autor del mensaje con su oferta de trabajo inexistente y el destinatario, candidato a ser desplumado por un ejército de sinvergüenzas camuflados tras pantallas y redacciones mejoradas por los asistentes de ia.



También la extensión del texto a traducir resulta sospechosa. Solo 20 páginas, cuando el original en inglés ocupa cerca de 200; de tratarse de una oferta auténtica, el editor de mesa indicaría que va a repartir el trabajo entre varios traductores y probablemente explicaría cómo espera unificar el resultado en cuanto a estilo y a determinados criterios relacionados con la disciplina. Una pregunta que debemos hacernos de entrada es por qué una empresa del nivel de la Bisnow no acude como primera opción a una gran agencia de traducción para que gestione de principio a fin el trabajo.

Un punto recurrente: la tarifa es descabellada, sobre todo para este tipo de textos, que suelen estar traducidos ya a los idiomas principales: 148 dólares por hoja. Detengámonos en los dos puntos: ¿qué se entiende por “hoja”? Un editor profesional no habla de hojas cuando va a gastar su dinero. Habla de caracteres o de palabras; en algunos casos, de líneas de tantas palabras, o de horas, siempre sabiendo que existe un baremo según el cual a una variable x (por ejemplo, tarifa por palabra) le corresponde tal extensión de texto terminado al cabo de tal cantidad de horas. A veces, piden un presupuesto que deja cerrada la cifra a pagar.

Segundo punto: la tarifa en dólares. Hay varias cuestiones a resolver si el traductor es europeo en torno al cambio de divisas, a los impuestos, a la facturación a empresas establecidas en Estados Unidos. Del mismo modo que para facturar a empresas europeas, los autónomos debemos tramitar el ROI y declarar en plazo y forma los ingresos así obtenidos, para facturar a Estados Unidos es obligado realizar otro tipo de trámites que evitan, por ejemplo, la doble imposición. Es un trámite habitual: recientemente he firmado un formulario de este tipo para que una agencia fotográfica pueda vender mis fotos desde su plataforma. Empresas de países ajenas al euro o al dólar realizan el cambio para pagar a sus colaboradores en la moneda acordada al firmar el contrato o acuerdo de colaboración. El profesional está informado de si se le carga en exclusiva o se dividen los gastos del cambio de divisa.

Por supuesto, el plazo de entrega es poco realista: 72 horas. No es imposible traducir y corregir 20 páginas en tres días cuando se acumulan años de experiencia y, sobre todo, si el traductor está especializado en historia económica. Para los demás, incluso para veteranos especialistas en otras materias, puede ser imposible: vocabulario especializado, comprobación de datos históricos, nombres propios, toponimia, bibliografía o notas, y quizá convenga adaptar la redacción a un estilo contemporáneo… El añadido «with some flexibility» es un anzuelo más para despejar las dudas del traductor ansioso por encontrar clientes solventes y «flexibles».

Otro punto definitivo: solo alguien completamente ignorante de cómo se negocian las propuestas de colaboración editorial dejará de sospechar de esta línea: «Language Pair: Target language be discussed on confirmation». Parece sobreentenderse que el destinatario ha de ser por obligación ya no políglota sino hiperpolíglota. Es tan absurdo que creo no merece la pena perder el tiempo explicando que esta línea por sí sola, más incluso que la tarifa desorbitadamente generosa para los estándares españoles, delata el fraude: el traductor profesional sabe que el nivel de dominio de un idioma y la especialización son la norma, no la excepción. ¿Conocerá nuestro «dear linguist» por igual el italiano, el inglés, el holandés y el finlandés, por ejemplo, como espera el pseudoBisnow mánager?
El último detalle, en el que insisten las plataformas creadas para denunciar estos engaños, es que
pide respuesta por Whatsapp. Otras veces, las modalidades de pago deben acordarse por Telegram. Los tribunales españoles reconocen el correo electrónico como «prueba documental válida» para demostrar un acuerdo comercial entre empresas o empresas y proveedores, de ahí que los estafadores quieran esquivarlo.

¿Qué hacer con estos correos? Denunciarlos desde la mensajería como phishing y luego borrarlos. De ninguna manera hay que pinchar en el enlace de la empresa: cometeríamos el error de descubrir de inmediato la suplantación y el objetivo real del remitente: el robo de datos o infectar el dispositivo. Quienes estén en Facebook pueden alertar a los colegas en páginas como Complaints about Translation Scammer Alert. Sus más de tres mil miembros demuestran que los intentos de fraude a traductores son continuos en todo el mundo.


Dear Linguist,

I hope this message finds you well. My name is Elyna, and I am reaching out on behalf of Bisnow Real Estate Organization.
You can learn more about us here: Bisnow.
We would like to share with you the details of an upcoming project and explore potential collaboration opportunities. Please find the project information below:
Project Details:
Title: History and Critique of the Labor Theory of Value
• Document Type: Academic essay covering classical political economy and evaluations of the labor theory of value
• Length: Roughly 20 pages
• Language Pair: Target language be discussed on confirmation
• Deadline: 72 hours, with some flexibility
• Payment: $148 per page
We look forward to your feedback and to discussing how we might work together successfully on this initiative.
Express your interest in this project by contacting the Hiring Manager via WhatsApp link below for more information and payment process:
 wa.me/16082092579 (Hiring Manager)
Best regards.

Beca de estancia en Looren, Casa de los traductores, cantón de Zurich, Suiza




Imágenes del interior de la casa y el jardín en Looren. La casa de los traductores está situada en una especie de aldea, Wernetshausen, a un par de kilómetros de la parada del bus que lleva hasta Hinwil, el núcleo urbano más poblado y con estación de tren que conecta, bien y puntualmente como es fama que ocurre en Suiza, con el resto del país. El lugar es precioso y la casa fantástica, la biblioteca nutrida, las camas comodísimas, la cocina enorme. Tuve la suerte de que me adjudicaran la habitación con baño independiente -supongo, porque no lo pregunté, que depende de la fecha en que se llega y qué habitaciones quedan libres-, que además de una nevera de uso particular, cuenta con una especie de altillo con cama y escritorio pensada para esos traductores que trabajan en tándem. Al revés que en Arles, no se admiten parejas, salvo que se trate de dos traductores que lleguen para trabajar en el mismo proyecto.
Cada habitación lleva el nombre de un célebre escritor suizo. Bauticé a la mía como la Suite Walser, algunos de sus libros en alemán, italiano y francés decoraban una de las librerías. Estuve curioseando en unos cuentos suyos en italiano, pero la verdad es que nunca le he cogido “el tranquillo” a este autor y no creo que cualquier libro sea bueno como puerta de entrada a una obra. La vista desde la zona de trabajo es la que recoge la última fotografía de esta galería.
Llegué el 2 de septiembre en un vuelo de Swissair para zambullirme de una vez en el dossier de presentación de la biografía de un famoso director de cine suizo francófono -fácil imaginar de quién se trata-. Como en los últimos meses había estado de aquí para allá, y ante la dificultad de comprar un ejemplar en papel -más barato que el ebook esta vez- en Suiza, pues allí no tienen Amazon y dependen del envío desde Francia o Alemania, y en definitiva resultó ser una complicación cambiar la dirección española por la suiza, escribí a la editorial Grasset -que en su momento me confirmó los derechos de traducción del libro estaban disponibles- preguntando si podían enviarme el pdf.
Como no respondieron enseguida, interpreté el silencio como un rechazo -es decir, interpreté según los (malos) modos españoles. Al cabo de un par de días compré el ebook (43 euros!!!) para ir adelantando sobre las 900 páginas del libro -más unas 80 o 100 entre notas y bibliografía-, trabajo que combiné con una traducción, también sobre cine, que me había llegado inesperadamente, después de que la filmoteca que me había contactado hacía un año también desapareciera habiendo aprobado el presupuesto solicitado, en un silencio que esta vez no había sabido en qué clave interpretar. Y por supuesto, combiné el work-in-progress con las fotografías, y los paseos por los extensísimos verdes e idílicos alrededores y una sola excursión a Zurich, y estuve hurgando en la biblioteca, leí un libro en inglés sobre traducción -un clásico cuyo título espero recordar en las próximas horas, amnesia que revela lo poco que me impresionó-. Sin olvidar las charlas con otros traductores, en francés algunas (milagrosas) veces, en español otras gracias a un par de traductoras de Madrid, y el resto en inglés, en mi caso muy macaronic y sufrido, porque yo les entendía perfectamente y ellos penaban por hacer lo propio conmigo. Bref, que los quinces días se hicieron cortos, pese a que la lluvia y un tiempo preotoñal, algo que en Suiza equivale a nuestro otoño puro y duro, hizo irremediable dos o tres días seguir bajo cubierto.

Ya de vuelta a la Costa del Azahar, me llegó el pdf de Grasset con una nota muy amable de la responsable de derechos de traducción. Los editores franceses demuestran que vale la pena por lo menos intentarlo cuando una traductora se interesa por un libro que por esto o aquello no ha encontrado editor español. El formato pdf me permite extraer los fragmentos que quiero traducir para esa presentación, algo imposible con el ebook.
Escribo este post no para dar cuenta de mis andanzas sino para recomendar a los traductores con algo de currículum lectores de este blog que postulen a una beca en Looren. Me habían hablado muy mal del lugar, pero también conocí brevemente en Arles a un traductor alemán, treintañero, que había trabajado en la secretaría de Looren y saqué la impresión de que no parecía tan mal lugar. Algunas becas incluyen un estipendio, otras parece que consisten solo en la estancia gratuita. Y una serie de acuerdos con organismos culturales y otras residencias facilitan que circulen muchos traductores con proyectos en idiomas de lo más variado -no en vano en Suiza son cuatro las lenguas oficiales- con diferentes modalidades de beca. Además, las responsables de la casa son eficaces y muy amables, algo que no siempre ocurre en Arles.
Lo más estimulante ha sido la “descentralización” cultural de viajar a la Europa central. Es una localización que resulta atractiva para traductores de países de los amplios alrededores con los que rara vez o nunca he coincidido en Arles: Chequia, Letonia, Rumanía, Polonia, Serbia, Croacia, y como el alemán y el inglés son lenguas dominantes, pero no solo, alguien que traduce al danés desde el español o el portugués de Brasil o del holandés al español, del inglés al serbio, también cabe en el sistema de becas de la Übersetzerhaus Looren.

Aquí va el enlace a la página: https://looren.net/fr/





Vista desde el estudio una mañana de sábado de verano que parece otoño. En el centro, el gato de la granja situada abajo viene a tomar el sol en nuestros predios. Al fondo, Hinwil, el núcleo urbano que conecta por tren a la ciudades. Imprescindible para llegar a Zurich.

Número imaginarios y liquidación de existencias, en Vasos Comunicantes

El misterio de las cantidades que editoriales y organismos de gestión de derechos de reproducción nos envían en forma de “liquidaciones” me inspiró este artículo que el pasado 16 de junio publicó Vasos Comunicantes.

Me avisaron las editoras de que una traductora les había señalado que consideraba incorrecto el dato donde digo que la edición digital debería por fuerza dar un número positivo, ya que a menudo las ventas de la edición digital -al firmarse los contratos papel/digital a la vez- se restan para amortizar el pago de la traducción. Obviamente, yo hablo de casos reales, y aunque particulares porque me ha sucedido a mí, también son extrapolables a otros traductores. Así, cuando firmábamos contratos a tanto alzado -impuestos por la corporación planetaria, antes de que la ley les obligara a someterse- no existía aún el ebook, por lo que un contrato para este tipo de edición no puede tener en cuenta si se amortizó o no el pago, ya que el traductor cobra una cantidad determinada y no recibe un céntimo en royalties (salvo si la obra es muy exitosa, en cuyo caso si no me equivoco, la ley obliga a  tomar en consideración al traductor y asignarle un porcentaje). La edición digital es entonces una edición nueva y por fuerza cualquier venta ya daría positivo para el traductor. Las triquiñuelas que encierran los contratos siempre leoninos explican que al final no recibamos ni un mísero céntimo.

Por otro lado, el quid del artículo está en la falta de transparencia sobre las cifras que nos conciernen, de lo cual deriva que, si no recibimos la documentación que acredita oficialmente las cantidades por ejemplares publicados y vendidos o destruidos, los resultados en conjunto pueden calificarse de “imaginarios”.


Allá por mis dieciséis años viví un breve idilio con las matemáticas, en concreto con los números imaginarios y el número e. Entreví entonces la fascinación de la gente de ciencias por esta materia y, para lo que aquí nos interesa, el potencial metafórico de los números. Sabía que no tendría continuidad porque en el viejo BUP elegir letras suponía que, al pasar a tercero, los números y las cantidades solo recuperarían importancia ―no sé si trascendencia― al tratar de la métrica y de las fechas de acontecimientos históricos. Por eso, y al contrario de lo que ocurre en los romances trágicos que nutren la narrativa del siglo XIX y primera mitad del XX, quedé convencida de que mi desenfadado amorío con el número infinito y los números imaginarios empezaba y terminaba allí y que nunca volvería a saber de uno y otros.

Pero, como dijo Baudelaire, Hélas, non ! Resulta que los he encontrado por doquier en los momentos y lugares más inesperados.
(Sigue aquí → Vasos Comunicantes )

Tribuna sobre traducción con IA en Le Monde de Jörn Cambreleng

El pasado 20 de octubre el diario Le Monde publicó una tribuna redactada por el director de ATLAS, donde tiene su sede la casa de los Traductores de Arles (Provenza, Francia), Jörn Cambreleng, en torno a los peligros que entraña el desarrollo velocísimo de los sistemas de traducción mediante inteligencia artificial. Como todo el mundo sabe, las empresas utilizan para entrenar a sus programas textos de diversa procedencia y de todo género, sin pagar los pertinentes derechos de autor.
He traducido al español la tribuna para acercarla a los lectores que no entiendan francés. Justamente esta semana he recibido una propuesta desde una agencia de traducción para trabajar como ayudante en el desarrollo de uno de esos programas. Las condiciones laborales son las de los obreros en cadena. Esperan que el obrero dedique por lo menos 40 horas semanales a revisar y corregir las traducciones generadas por las máquinas. Se me ocurre que sería divertido introducir deliberadamente errores para enloquecer al programa forzándola a producir un idioma ficticio y sin sentido y solo en parte comprensible. 😀

Evidentemente, no se trata de rechazar por completo el avance que puede suponer para la traducción de textos de gran envergadura de, por ejemplo, carácter legal, donde se repiten continuamente frases, términos o nombres de leyes, ordenamientos, y donde este tipo de programas pueden funcionar como enorme glosario. El fondo de la cuestión es abaratar desde todos lados el trabajo y la creatividad implícita en la traducción, sobre todo literaria.

Cambreleng denuncia que algunos formadores se brinden a colaborar con las empresas en lugar de defender lo esencial de la formación del traductor.
Evidentemente, mi traducción no está hecha con IA. Consulto diccionarios en línea pero aunque solo sea para mantener musculada mi mente, traduzco yo y me equivoco yo 😉


Tribuna de Jörn Cambreleng, publicada en Le Monde
20 de octubr
e 2024

TRADUCCIÓN Y SIMULACRO

En los puestos de avanzadilla del debate sobre los usos de la inteligencia artificial (IA) se encuentran las traductoras y los traductores. No solamente porque son sensibles a la lengua y porque se sienten concernidos al respecto, sino también porque su profesión, y en particular la de quienes traducen literatura, fue designada hace mucho tiempo como un horizonte inalcanzable para la automatización, mientras el espectáculo pasmoso de los resultados producidos por los algoritmos fragiliza a día de hoy los cimientos de su economía.

Varias voces universitarias expresaban recientemente su optimismo en cuanto al futuro de los oficios de la traducción, mediante ciertas adaptaciones a la irrupción de la IA en el sector: un alegato pro domo para luchar contra la anunciada deserción de las diferentes formaciones en traducción universitarias, en un contexto de preocupación entre estudiantes y familias por el porvenir de la profesión. «Adaptación» funciona como palabra clave, imperativo categórico que aquí se tiñe de darwinismo social.

En mi condición de profesional de la traducción dedicado también a la formación (profesional y continua), creo útil replantear cuáles son los fines de una formación en traducción. Mejor que preparar, en nombre de un supuesto pragmatismo, para esos oficios según están siendo redefinidos y precarizados por el mercado, me parece importante reafirmar:

  • que la traducción literaria es un factor de emancipación, en cuanto enseña al que la ejerce el manejo de la lengua; que esta es un potente instrumento en la formación del espíritu, del que todos los estudiantes, sea cual sea la profesión que vayan a ejercer, pueden beneficiarse;

  • que dicho beneficio resulta en gran medida amputado cuando la actividad de la traducción se ve privada de esa dimensión creativa, cuando queda restringida a la tarea de supervisión de una norma decidida según el criterio de la mayor probabilidad;

  • que las estadísticas que sustentan los cálculos de los algoritmos tienden a reducir lo posible a lo probable, y que esto entra en contradicción con la singularidad de la lengua, que es condición de todo pensamiento auténtico.

Lo real y su simulacro
Los traductores y las traductoras literarios manejan idiomas. Esto les confiere una responsabilidad social importante, ya que la ética del uso de un idioma no puede quedar restringida a corregir los sesgos sexistas y racistas de los algoritmos. La gran mayoría de traductores y traductoras se opone a que sus textos sean utilizados como combustible para la creación de un gran modelo de lenguaje. Lejos de oponerse por principio a las innovaciones tecnológicas, conocen bien la diferencia ontológica entre un idioma y un simulacro de idioma, entre una subjetividad nutrida por la experiencia humana y un texto, por correcto que sea, desprovisto de toda responsabilidad. Compartir dicho saber supone permitir a los lectores mantener la distinción entre lo real y su simulacro.

En los debates de los últimos meses sobre la IA y sus usos aparecen convocados dos órdenes, el jurídico y el ético, complementarios para lograr una regulación de los usos de la IA en beneficio de la sociedad.
El problema de limitarse al orden jurídico es que a menudo solo apunta a proporcionar a los creadores que han sufrido el rastrillado ilegal de datos de sus obras una compensación económica. Esta, por mínima y a tanto alzado que pueda ser, supone en la práctica aportar una garantía moral a los fabricantes de IA. Este combate es posterior a la cuestión de la legitimidad. Otro problema del orden jurídico es que evoluciona lentamente. Las moratorias y otros llamamientos al principio de precaución suelen ser despreciados con el argumento de la competencia internacional en la carrera por la innovación.

Un algoritmo es en esencia amoral
El problema de limitarse al orden ético es que puede distorsionarse con suma facilidad. La ética emerge hoy profusamente en el debate, sin dejar de ser considerada impotente para poner coto a la codicia y a la voluntad de poder de algunos: una fruslería que se agita ante las mentalidades infantiles para divertirlas. Como significante equívoco, la «ética de la inteligencia artificial» comprende dos acepciones diferentes y a veces opuestas.

Numerosas empresas de la tech, por su parte, reivindican una ética y una autorregulación, con el argumento de un conocimiento prospectivo de la evolución tecnológica y de las competencias necesarias para la implementación técnica de dispositivos reguladores, situándose así en una perspectiva tecno-solucionista. En este punto, podría ser interesante recuperar una definición de la ética como principio de la acción y de la conducta moral, y señalar que un algoritmo es en esencia amoral: una «ética de la inteligencia artificial» es, por lo tanto, un oxímoron, un atajo perezoso para hablar de una ética de los usos.

La confusión se crea y se mantiene en el núcleo del vocabulario utilizado: «inteligencia artificial», «traducción neuronal», «postedición» (una mala traducción de postediting)… Son muchas las mal llamadas analogías y expresiones antropomórficas que han allanado el camino a consentir la sustitución de lo humano en el campo semántico que nos ocupa. Pretenden así hacernos olvidar que los algoritmos generativos no producen lenguaje sino una simulación de lenguaje. Como los simuladores de vuelo para los pilotos, colocan al usuario en una situación que imita la realidad (la altitud o el pensamiento), pero que no es la realidad.

La inteligencia humana, según el lingüista norteamericano Noam Chomsky [en una tribuna en el New York Times de mayo de 2023], es capaz de decir no solamente lo que es, lo que ha sido y lo que será, de ser descriptiva y predictiva, sino además lo que no es: «Lo que podría ser y lo que no podría ser». Chomsky hace de esta última capacidad una competencia estrictamente humana de la que una máquina es incapaz, por muy potente que sea en descripción y en predicción. Muy pronto serán necesarios ojos y oídos ejercitados en distinguir una lengua de su simulacro. Va siendo hora de ayudar al lector a diferenciarlos mediante una etiqueta con aval jurídico impuesta a los escritos que no hayan sido producidos por la carne y el hueso de lo real.

© Imagen tomada de “pantoglot.com”.

Conversación en Madrid sobre literatura irlandesa: Fondebrider – Keegan – Ehrenhaus

Una conversación que promete ser interesante en torno a la escritora Claire Keegan y la literatura irlandesa tendrá lugar este próximo sábado entre dos renombrados traductores argentinos: Jorge Fondebrider, traductor de la autora y animador del blog Club de traductores literarios de Buenos Aires, y Andrés Ehrenhaus, afincado en España desde hace ya largos años, traductor de los sonetos de Shakespeare. Ambos cuentan además con una extensa bibliografía como narradores; Fondebrider añade la faceta de poeta; varios de sus libros han sido publicados por editoriales españolas.
Como se ve en la imagen, el encuentro será el 26 de octubre, a la hora del aperitivo, momento muy oportuno ya que el sitio es una librería-bar o a la inversa. Si van, salúdenlos de mi parte.

Por una formación en traducción en defensa de la profesión, por Dora Sales Salvador

Carta abierta a la comunidad académica. Por una formación en traducción en defensa de la profesión, por Dora Sales Salvador

La revista Vasos Comunicantes de la ACETT ha publicado una carta abierta, redactada por la catedrática Dora  Sales, reclamando a la comunidad docente de las facultades de Traducción una consideración más seria acerca del momento tan grave que atraviesa nuestra profesión, intensificado por la extensión de programas de traducción automática que buscan convertir al traductor humano en un elemento menor del proceso, cuando no del todo prescindible. Sales les exige que se centren en enseñar lo que realmente permite considerar traductor a alguien, el tipo de destrezas y cualidades intelectuales que se están rebajando o abandonando en favor del aprendizaje del uso de programas de traducción, perfeccionados gracias al aprovechamiento gratuito de los millones de datos que conforman la historia de la literatura.
Estoy totalmente de acuerdo con Dora Sales y me gusta ver que se está abandonando el tono ramplón y políticamente correcto que durante tantos años ha impedido llamar a las cosas por su nombre y expresar la angustia y la frustración que sufren cada vez más profesionales. Está bien que subraye un hecho demasiado frecuente, que muchos profesores universitarios carecen de experiencia práctica en la disciplina que imparten.
En España es demasiado habitual que grupos que deberían colaborar y luchar juntos estén en competencia por unos ingresos cada vez más míseros. Parecen no tener noticia de que un número creciente de editores no solo han rebajado las tarifas sino que pretenden pagar al traductor en función de las ventas, de tal manera que el traductor pasaría a ser una especie de cooperativista fantasma sin ninguna de las ventajas ni beneficios -sobre todo en la toma de decisiones y organización del propio trabajo- de esta figura empresarial.


Lunes, 8 de julio de 2024

Hoy, más que nunca desde que se implantaron las primeras licenciaturas en Traducción e Interpretación en los años noventa, la universidad y el colectivo profesional necesitan fortalecer el vínculo entre la formación y la profesión.

Urge hacerlo, para generar espacios de diálogo y debate constructivos, éticos y honestos, nutridos por el conocimiento aplicado de quienes conocen, de primera mano, este contexto profesional cambiante que necesita de un esfuerzo común para que la precarización en el sector no avance más.
Precisamente en un momento en el que en muchas universidades se van a revisar los planes de estudios de grado, a corto o medio plazo, me atreví a lanzar una carta abierta a la comunidad académica con el humilde propósito de invitar a la reflexión propia y compartida. En apenas una semana, nos hemos sumado a ella 740 colegas de absolutamente todas las especialidades traductoras, también de interpretación, así como docentes y estudiantes de varias universidades.1
Muchas gracias a Vasos Comunicantes por reproducirla aquí, para visibilizar esta preocupación que nos interpela.

Carta abierta a la comunidad académica

En el actual momento de revisión de planes de estudios en Traducción en muchas universidades españolas, y ante la creciente brecha entre el mundo profesional y el académico como resultado del blanqueamiento de la automatización y la «inteligencia» artificial como opciones formativas presuntamente imprescindibles en los planes de estudios de grado, quienes firmamos esta carta deseamos manifestar nuestra disconformidad.

En la formación de grado el estudiantado necesita aprender a traducir, y eso significa de manera esencial aprender a leer con capacidad crítica, a escribir y revisar, a documentarse, a conocer las convenciones de los géneros textuales o multimodales con los que se trabaja, y sí, también, a usar las tecnologías que puedan ayudarte en tu labor. Partir de un texto traducido por IA para luego poseditarlo no es traducir.

Justificar la inclusión de asignaturas de grado exclusivamente dedicadas a la automatización con el argumento espurio que hace uso de frases como «No se le pueden poner puertas al campo», «Es la realidad del mercado», o «La IA es el presente y el futuro» es perverso porque olvida preguntarse: ¿quién está creando ese campo, mercado, presente y presunto futuro? Ciertamente no el colectivo profesional, cada vez más alarmado y precarizado por el abaratamiento de costes, que es lo único que interesa a las plataformas y empresas que ofrecen poseditar en lugar de traducir. Resulta vergonzante para quienes ejercen la profesión y pretenden seguir haciéndolo que este blanqueamiento sea avalado e incluso promovido desde las universidades por parte de profesorado sin experiencia profesional vigente en traducción (si es que alguna vez la tuvo), que puede que vea en la IA un tema de moda sobre el que investigar, conseguir proyectos, sexenios o acreditaciones, por un interés en provecho propio.

Es preocupante y descorazonador que se justifique esta formación como necesaria para la inserción laboral a cientos de estudiantes en lugar de prepararlos en las competencias básicas para traducir (lingüísticas, culturales, documentales, tecnológicas, profesionales, etc.), las que, de manera integrada, pueden ayudarlos pase lo que pase, para fortalecer su capacidad de resiliencia en un contexto cambiante en el que su única ayuda será eso y su trabajo de calidad.

  1. Agradezco las aportaciones de colegas de distintas especialidades y perfiles, durante estos días. Gracias a Núria Molines Galarza, Javier Pérez Alarcón, Robert Martínez Carrasco, Roser Sánchez Castañ, Oliver Carreira, Iris Permuy, Nieves Gamonal y Ana Muñoz Miquel.
  2. Foto: El canard digérateur de Jacques de Vaucanson, aclamado en 1739 como el primer autómata capaz de hacer la digestión. Fuente: Wikimedia.

Dora Sales Salvador es doctora en Traducción, catedrática de Documentación en el Departamento de Traducción y Comunicación de la Universitat Jaume I y socia de ACE Traductores. Ha traducido obras de Vikram Chandra, Manju Kapur, Vandana Singh, Kalpana Swaminathan, Alison Wong, Ruskin Bond, Christie Watson, Richard Crompton y Chigozie Obioma, entre otros nombres, para importantes editoriales. Ha sido directora del Instituto de Investigación Feminista y de Género Purificación Escribano de la Universitat Jaume I, del que actualmente es secretaria. Es autora de literatura infantil y juvenil.

Deconstruyendo “Mein Kampf”: “Traduire Hitler”, de Olivier Mannoni, en VV.CC.


Este lunes se publicó en Vasos Comunicantes, revista de la Asociación de Traductores Españoles, la segunda parte de mi artículo dedicado al ensayo que el traductor del alemán, el francés Olivier Mannoni, especialista en el periodo nazi –y que fuera un excelente presidente de la Association des Traducteurs Littéraires de France–, ha dedicado a la aventura de traducir el Mein Kampf de Adolf Hitler en la controvertida edición crítica de Fayard.
Espero que mi artículo anime a algún editor a traducirlo al español. Además del interés intrínseco del texto, se añaden las reflexiones de su traductor en torno a los vínculos entre el discurso antisemita y de exclusión del dictador alemán y las nuevas corrientes de ultraderecha que campan por todo el mundo, y de manera harto inquietante en Europa, con los Le Pen en primera línea en el país vecino.

Empieza así:

La última polémica mayor en torno a una traducción ha tenido como asunto la de Mein Kampf (Mi lucha), del dictador alemán Adolf Hitler, y ocupó en Francia incontables páginas de publicaciones y horas de radio y televisión cuando se publicó la noticia de que, aprovechando que el 1 de enero de 2016 el título entraba en el dominio público, la editorial Fayard se proponía ofrecer una nueva traducción, siguiendo el ejemplo de la que se publicaría en Alemania. En ambos casos se trataría de una edición crítica y anotada a cargo de un equipo de prestigiosos historiadores expertos en el periodo nazi, algo imposible hasta entonces porque el depositario de los derechos de autor, el Ministerio Bávaro de Economía, no había permitido nuevas ediciones, ni siquiera las de carácter científico. El Institut für Zeitgeschichte de Múnich, con una gran experiencia en la publicación de fuentes históricas, incluido el periodo nazi, creó un equipo permanente de cuatro historiadores apoyados por una red de expertos. La fecha elegida para publicar su edición crítica fue precisamente enero de 2016, y esta edición sirvió de base a la francesa.

En el país vecino, ediciones Fayard propuso la nueva traducción en francés a un prestigioso traductor especialista en el III Reich, Olivier Mannoni (1960), en cuyo haber destacan la biografía más reciente del Führer: Adolf Hitler, une biographie – L’ascension: 1889-1939, de Volker Ullrich, en dos volúmenes para Gallimard, La Médicine nazie et ses victimes («La medicina nazi y sus víctimas»), de Ernst Klee, y una selección de los diarios de Goebbels y de Alfred Rosenberg. Mannoni entendió que su trayectoria hacía de su nombre la mejor opción. Así la resume en Traduire Hitler:

«Tras una cincuentena de traducciones de obras consagradas a la medicina nazi, al antisemitismo, a la Shoah por balas, a la organización de los campos de concentración, en Auschwitz y en Birkenau, era en definitiva lógico volver a la fuente, tomar de cara y en su integralidad la traducción de Mein Kampf y proponer un texto utilizable en francés para los historiadores, los lectores interesados así como para mis colegas. De modo que acepté, con la reserva de las condiciones habituales que exijo para este tipo de trabajos: no una publicación “en bruto” del texto fuente, sino acompañada de un aparato crítico sólido establecido por historiadores».


Portada Traducir a HitlerContinúa aquí: https://vasoscomunicantes.ace-traductores.org/2024/02/05/deconstruyendo-mein-kampf-traduire-hitler-de-olivier-mannoni-maria-jose-furio-i/

Aquí el enlace a la segunda parte:https://vasoscomunicantes.ace-traductores.org/2024/02/12/deconstruyendo-mein-kampf-traduire-hitler-de-olivier-mannoni-maria-jose-furio-y-ii/

Traducteurs en librairie: los Pastiches et alii

En el apartado Traducteurs en librairie, en su edición 120, del sitio de la ATLF se incluye la publicación de mis Pastiches proustianos. Como siempre, en buena compañía.

Pastiches- ATLF

IA y traducción literaria: las traductoras y los traductores exigen transparencia

Aún hay tiempo de actuar para proteger los oficios artísticos de los algoritmos generativos.

Ya os podéis descargar el pdf del llamamiento de los traductores profesionales a la transparencia en el uso de la Inteligencia artificial aplicada a la traducción. Es una iniciativa de la ATLF y de Atlas, dos asociaciones comprometidas con la defensa de los traductores.
Mía es la versión en español del original francés, hecha para su circulación entre asociaciones hispanohablantes y por la CEATL. Los franceses siempre se anticipan en la defensa de los derechos de nuestra profesión mientras los españoles cantan las gracias de las maquinitas. Veo la ventaja de programas como Trados para traducción pragmática y de grandes cantidades de documentos, de derecho por ejemplo, con terminología jurídica o especializada, que por fuerza se repite. Pero en traducción literaria, e incluso de no ficción, textos basados en plantillas como pueden ser los recetarios o los folletos e instrucciones, si el traductor físico no realiza la corrección o el “barrido de calidad final”, lo único que está haciendo es descargar sobre el corrector que venga después, y que todavía no puede ser un programa informático, una tarea que le corresponde.

Aquí se encuentra el texto en diferentes lenguas, incluido español
https://atlf.org/tribune/