Tribuna sobre traducción con IA en Le Monde de Jörn Cambreleng

El pasado 20 de octubre el diario Le Monde publicó una tribuna redactada por el director de ATLAS, donde tiene su sede la casa de los Traductores de Arles (Provenza, Francia), Jörn Cambreleng, en torno a los peligros que entraña el desarrollo velocísimo de los sistemas de traducción mediante inteligencia artificial. Como todo el mundo sabe, las empresas utilizan para entrenar a sus programas textos de diversa procedencia y de todo género, sin pagar los pertinentes derechos de autor.
He traducido al español la tribuna para acercarla a los lectores que no entiendan francés. Justamente esta semana he recibido una propuesta desde una agencia de traducción para trabajar como ayudante en el desarrollo de uno de esos programas. Las condiciones laborales son las de los obreros en cadena. Esperan que el obrero dedique por lo menos 40 horas semanales a revisar y corregir las traducciones generadas por las máquinas. Se me ocurre que sería divertido introducir deliberadamente errores para enloquecer al programa forzándola a producir un idioma ficticio y sin sentido y solo en parte comprensible. 😀

Evidentemente, no se trata de rechazar por completo el avance que puede suponer para la traducción de textos de gran envergadura de, por ejemplo, carácter legal, donde se repiten continuamente frases, términos o nombres de leyes, ordenamientos, y donde este tipo de programas pueden funcionar como enorme glosario. El fondo de la cuestión es abaratar desde todos lados el trabajo y la creatividad implícita en la traducción, sobre todo literaria.

Cambreleng denuncia que algunos formadores se brinden a colaborar con las empresas en lugar de defender lo esencial de la formación del traductor.
Evidentemente, mi traducción no está hecha con IA. Consulto diccionarios en línea pero aunque solo sea para mantener musculada mi mente, traduzco yo y me equivoco yo 😉


Tribuna de Jörn Cambreleng, publicada en Le Monde
20 de octubr
e 2024

TRADUCCIÓN Y SIMULACRO

En los puestos de avanzadilla del debate sobre los usos de la inteligencia artificial (IA) se encuentran las traductoras y los traductores. No solamente porque son sensibles a la lengua y porque se sienten concernidos al respecto, sino también porque su profesión, y en particular la de quienes traducen literatura, fue designada hace mucho tiempo como un horizonte inalcanzable para la automatización, mientras el espectáculo pasmoso de los resultados producidos por los algoritmos fragiliza a día de hoy los cimientos de su economía.

Varias voces universitarias expresaban recientemente su optimismo en cuanto al futuro de los oficios de la traducción, mediante ciertas adaptaciones a la irrupción de la IA en el sector: un alegato pro domo para luchar contra la anunciada deserción de las diferentes formaciones en traducción universitarias, en un contexto de preocupación entre estudiantes y familias por el porvenir de la profesión. «Adaptación» funciona como palabra clave, imperativo categórico que aquí se tiñe de darwinismo social.

En mi condición de profesional de la traducción dedicado también a la formación (profesional y continua), creo útil replantear cuáles son los fines de una formación en traducción. Mejor que preparar, en nombre de un supuesto pragmatismo, para esos oficios según están siendo redefinidos y precarizados por el mercado, me parece importante reafirmar:

  • que la traducción literaria es un factor de emancipación, en cuanto enseña al que la ejerce el manejo de la lengua; que esta es un potente instrumento en la formación del espíritu, del que todos los estudiantes, sea cual sea la profesión que vayan a ejercer, pueden beneficiarse;

  • que dicho beneficio resulta en gran medida amputado cuando la actividad de la traducción se ve privada de esa dimensión creativa, cuando queda restringida a la tarea de supervisión de una norma decidida según el criterio de la mayor probabilidad;

  • que las estadísticas que sustentan los cálculos de los algoritmos tienden a reducir lo posible a lo probable, y que esto entra en contradicción con la singularidad de la lengua, que es condición de todo pensamiento auténtico.

Lo real y su simulacro
Los traductores y las traductoras literarios manejan idiomas. Esto les confiere una responsabilidad social importante, ya que la ética del uso de un idioma no puede quedar restringida a corregir los sesgos sexistas y racistas de los algoritmos. La gran mayoría de traductores y traductoras se opone a que sus textos sean utilizados como combustible para la creación de un gran modelo de lenguaje. Lejos de oponerse por principio a las innovaciones tecnológicas, conocen bien la diferencia ontológica entre un idioma y un simulacro de idioma, entre una subjetividad nutrida por la experiencia humana y un texto, por correcto que sea, desprovisto de toda responsabilidad. Compartir dicho saber supone permitir a los lectores mantener la distinción entre lo real y su simulacro.

En los debates de los últimos meses sobre la IA y sus usos aparecen convocados dos órdenes, el jurídico y el ético, complementarios para lograr una regulación de los usos de la IA en beneficio de la sociedad.
El problema de limitarse al orden jurídico es que a menudo solo apunta a proporcionar a los creadores que han sufrido el rastrillado ilegal de datos de sus obras una compensación económica. Esta, por mínima y a tanto alzado que pueda ser, supone en la práctica aportar una garantía moral a los fabricantes de IA. Este combate es posterior a la cuestión de la legitimidad. Otro problema del orden jurídico es que evoluciona lentamente. Las moratorias y otros llamamientos al principio de precaución suelen ser despreciados con el argumento de la competencia internacional en la carrera por la innovación.

Un algoritmo es en esencia amoral
El problema de limitarse al orden ético es que puede distorsionarse con suma facilidad. La ética emerge hoy profusamente en el debate, sin dejar de ser considerada impotente para poner coto a la codicia y a la voluntad de poder de algunos: una fruslería que se agita ante las mentalidades infantiles para divertirlas. Como significante equívoco, la «ética de la inteligencia artificial» comprende dos acepciones diferentes y a veces opuestas.

Numerosas empresas de la tech, por su parte, reivindican una ética y una autorregulación, con el argumento de un conocimiento prospectivo de la evolución tecnológica y de las competencias necesarias para la implementación técnica de dispositivos reguladores, situándose así en una perspectiva tecno-solucionista. En este punto, podría ser interesante recuperar una definición de la ética como principio de la acción y de la conducta moral, y señalar que un algoritmo es en esencia amoral: una «ética de la inteligencia artificial» es, por lo tanto, un oxímoron, un atajo perezoso para hablar de una ética de los usos.

La confusión se crea y se mantiene en el núcleo del vocabulario utilizado: «inteligencia artificial», «traducción neuronal», «postedición» (una mala traducción de postediting)… Son muchas las mal llamadas analogías y expresiones antropomórficas que han allanado el camino a consentir la sustitución de lo humano en el campo semántico que nos ocupa. Pretenden así hacernos olvidar que los algoritmos generativos no producen lenguaje sino una simulación de lenguaje. Como los simuladores de vuelo para los pilotos, colocan al usuario en una situación que imita la realidad (la altitud o el pensamiento), pero que no es la realidad.

La inteligencia humana, según el lingüista norteamericano Noam Chomsky [en una tribuna en el New York Times de mayo de 2023], es capaz de decir no solamente lo que es, lo que ha sido y lo que será, de ser descriptiva y predictiva, sino además lo que no es: «Lo que podría ser y lo que no podría ser». Chomsky hace de esta última capacidad una competencia estrictamente humana de la que una máquina es incapaz, por muy potente que sea en descripción y en predicción. Muy pronto serán necesarios ojos y oídos ejercitados en distinguir una lengua de su simulacro. Va siendo hora de ayudar al lector a diferenciarlos mediante una etiqueta con aval jurídico impuesta a los escritos que no hayan sido producidos por la carne y el hueso de lo real.

© Imagen tomada de “pantoglot.com”.

Conversación en Madrid sobre literatura irlandesa: Fondebrider – Keegan – Ehrenhaus

Una conversación que promete ser interesante en torno a la escritora Claire Keegan y la literatura irlandesa tendrá lugar este próximo sábado entre dos renombrados traductores argentinos: Jorge Fondebrider, traductor de la autora y animador del blog Club de traductores literarios de Buenos Aires, y Andrés Ehrenhaus, afincado en España desde hace ya largos años, traductor de los sonetos de Shakespeare. Ambos cuentan además con una extensa bibliografía como narradores; Fondebrider añade la faceta de poeta; varios de sus libros han sido publicados por editoriales españolas.
Como se ve en la imagen, el encuentro será el 26 de octubre, a la hora del aperitivo, momento muy oportuno ya que el sitio es una librería-bar o a la inversa. Si van, salúdenlos de mi parte.

Gabriele Basilico, un libro que valdría la pena recuperar

Arquitecturas, ciudades, visiones, una suerte de memorias del gran fotógrafo italiano  Gabriele Basilico (Milán, 1944-2013), que traduje para la editorial madrileña La Fábrica, lleva tiempo agotado, aunque pueden encontrarse algunos ejemplares por internet, a precios demasiado altos para los estudiantes de arquitectura y de fotografía, los principales destinatarios en España de este tipo de contenidos.
Lo sé porque hace por lo menos un par de años me contactaron para preguntarme si me quedaba algún ejemplar pues varios estudiantes de arquitectura habían intentado conseguirlo; ya entonces en librerías online pedían 25€. Para suplir esta escasez, convendría reeditarlo, incluyendo una edición digital. De momento la editorial no parece interesada, por lo que debería tomar el relevo alguna otra con buena capacidad de distribución y de promoción.

Incluyo con este post un breve extracto de la traducción, completado con varias fotografías que apuntan la relevancia que desde muy joven adquirió Basilico.

Pinchar AQUÍ para descargar, desde mi página en academia.edu

Algunas fotografías: la primera forma parte de la colección Porti di mare. La segunda, una imagen del trabajo que lo dio a conocer, los edificios industriales de Milán, su ciudad de origen. La última es de Beirut, recuérdese la gran guerra (1983-2000) que convirtió a la llamada Suiza de Oriente Medio en un territorio tercermundista. las fotografías de Basilico muestran cierto gusto por lo que yo llamo imagen saturada: todo el fotograma está lleno de información, evitando el caos a través de una composición muy elaborada.


 



Por una formación en traducción en defensa de la profesión, por Dora Sales Salvador

Carta abierta a la comunidad académica. Por una formación en traducción en defensa de la profesión, por Dora Sales Salvador

La revista Vasos Comunicantes de la ACETT ha publicado una carta abierta, redactada por la catedrática Dora  Sales, reclamando a la comunidad docente de las facultades de Traducción una consideración más seria acerca del momento tan grave que atraviesa nuestra profesión, intensificado por la extensión de programas de traducción automática que buscan convertir al traductor humano en un elemento menor del proceso, cuando no del todo prescindible. Sales les exige que se centren en enseñar lo que realmente permite considerar traductor a alguien, el tipo de destrezas y cualidades intelectuales que se están rebajando o abandonando en favor del aprendizaje del uso de programas de traducción, perfeccionados gracias al aprovechamiento gratuito de los millones de datos que conforman la historia de la literatura.
Estoy totalmente de acuerdo con Dora Sales y me gusta ver que se está abandonando el tono ramplón y políticamente correcto que durante tantos años ha impedido llamar a las cosas por su nombre y expresar la angustia y la frustración que sufren cada vez más profesionales. Está bien que subraye un hecho demasiado frecuente, que muchos profesores universitarios carecen de experiencia práctica en la disciplina que imparten.
En España es demasiado habitual que grupos que deberían colaborar y luchar juntos estén en competencia por unos ingresos cada vez más míseros. Parecen no tener noticia de que un número creciente de editores no solo han rebajado las tarifas sino que pretenden pagar al traductor en función de las ventas, de tal manera que el traductor pasaría a ser una especie de cooperativista fantasma sin ninguna de las ventajas ni beneficios -sobre todo en la toma de decisiones y organización del propio trabajo- de esta figura empresarial.


Lunes, 8 de julio de 2024

Hoy, más que nunca desde que se implantaron las primeras licenciaturas en Traducción e Interpretación en los años noventa, la universidad y el colectivo profesional necesitan fortalecer el vínculo entre la formación y la profesión.

Urge hacerlo, para generar espacios de diálogo y debate constructivos, éticos y honestos, nutridos por el conocimiento aplicado de quienes conocen, de primera mano, este contexto profesional cambiante que necesita de un esfuerzo común para que la precarización en el sector no avance más.
Precisamente en un momento en el que en muchas universidades se van a revisar los planes de estudios de grado, a corto o medio plazo, me atreví a lanzar una carta abierta a la comunidad académica con el humilde propósito de invitar a la reflexión propia y compartida. En apenas una semana, nos hemos sumado a ella 740 colegas de absolutamente todas las especialidades traductoras, también de interpretación, así como docentes y estudiantes de varias universidades.1
Muchas gracias a Vasos Comunicantes por reproducirla aquí, para visibilizar esta preocupación que nos interpela.

Carta abierta a la comunidad académica

En el actual momento de revisión de planes de estudios en Traducción en muchas universidades españolas, y ante la creciente brecha entre el mundo profesional y el académico como resultado del blanqueamiento de la automatización y la «inteligencia» artificial como opciones formativas presuntamente imprescindibles en los planes de estudios de grado, quienes firmamos esta carta deseamos manifestar nuestra disconformidad.

En la formación de grado el estudiantado necesita aprender a traducir, y eso significa de manera esencial aprender a leer con capacidad crítica, a escribir y revisar, a documentarse, a conocer las convenciones de los géneros textuales o multimodales con los que se trabaja, y sí, también, a usar las tecnologías que puedan ayudarte en tu labor. Partir de un texto traducido por IA para luego poseditarlo no es traducir.

Justificar la inclusión de asignaturas de grado exclusivamente dedicadas a la automatización con el argumento espurio que hace uso de frases como «No se le pueden poner puertas al campo», «Es la realidad del mercado», o «La IA es el presente y el futuro» es perverso porque olvida preguntarse: ¿quién está creando ese campo, mercado, presente y presunto futuro? Ciertamente no el colectivo profesional, cada vez más alarmado y precarizado por el abaratamiento de costes, que es lo único que interesa a las plataformas y empresas que ofrecen poseditar en lugar de traducir. Resulta vergonzante para quienes ejercen la profesión y pretenden seguir haciéndolo que este blanqueamiento sea avalado e incluso promovido desde las universidades por parte de profesorado sin experiencia profesional vigente en traducción (si es que alguna vez la tuvo), que puede que vea en la IA un tema de moda sobre el que investigar, conseguir proyectos, sexenios o acreditaciones, por un interés en provecho propio.

Es preocupante y descorazonador que se justifique esta formación como necesaria para la inserción laboral a cientos de estudiantes en lugar de prepararlos en las competencias básicas para traducir (lingüísticas, culturales, documentales, tecnológicas, profesionales, etc.), las que, de manera integrada, pueden ayudarlos pase lo que pase, para fortalecer su capacidad de resiliencia en un contexto cambiante en el que su única ayuda será eso y su trabajo de calidad.

  1. Agradezco las aportaciones de colegas de distintas especialidades y perfiles, durante estos días. Gracias a Núria Molines Galarza, Javier Pérez Alarcón, Robert Martínez Carrasco, Roser Sánchez Castañ, Oliver Carreira, Iris Permuy, Nieves Gamonal y Ana Muñoz Miquel.
  2. Foto: El canard digérateur de Jacques de Vaucanson, aclamado en 1739 como el primer autómata capaz de hacer la digestión. Fuente: Wikimedia.

Dora Sales Salvador es doctora en Traducción, catedrática de Documentación en el Departamento de Traducción y Comunicación de la Universitat Jaume I y socia de ACE Traductores. Ha traducido obras de Vikram Chandra, Manju Kapur, Vandana Singh, Kalpana Swaminathan, Alison Wong, Ruskin Bond, Christie Watson, Richard Crompton y Chigozie Obioma, entre otros nombres, para importantes editoriales. Ha sido directora del Instituto de Investigación Feminista y de Género Purificación Escribano de la Universitat Jaume I, del que actualmente es secretaria. Es autora de literatura infantil y juvenil.

Terje Sinding, traductor noruego del Nobel Jon Fosse

Terje Sinding

Presento una entrevista a Terje Sending, el traductor que dio a conocer en francés la obra del flamante nobel de literatura Jon Fosse, entre muchos otros. Aquí se habla de las retraducciones, de cómo una buena traducción inspira montajes que llevan al público a las salas. Se ha comentado mucho que en el Reino Unido era totalmente desconocido y que la única referencia de Fosse era un montaje de Chéreau; sigue sin haberse traducido, al contrario que en España, donde varias editoriales se han interesado por él. Lo que me interesa es la ola expansiva que de golpe cae sobre los traductores cada vez que se revela el nombre del nuevo galardonado. El tema de si Fosse se corresponde con el tipo clásico de hombre blanco, de edad madura y europeo es una manera estrecha de considerar el premio, que cada vez tiene menos relevancia

 

UN ZORRO CON GAFAS DE ZORRO 

Retrato en forma de entrevista de Terje Sinding por EMMANUÈLE SANDRO

¿Por qué Terje Sinding me ha citado en este barrio del distrito XII de París? Porque durante los diez primeros años que siguieron a su llegada a Francia, este fue para él el centro del mundo. Vivía en este distrito cuando trabajaba como secretario de redacción en la Comédie-Française, así recupera sus veinte años en el barrio, me explica este hombre apuesto mientras recorre las calles con el gesto desenvuelto del verdadero urbanita. ¿El francés? ¿Y el teatro? ¿Y por qué París? ¿Cómo?

En 1969, Terje Sinding obtiene una beca de estado de la Universidad de Oslo para una estancia de un año en Francia. Nacido en Stavanger, Noruega, en 1945, cuenta entonces veinticuatro años. Interesado por el teatro, se matricula en el Institut d’études théâtrales y sigue los cursos de Bernard Dort, gran especialista de Brecht. Terje permanece en París más tiempo del previsto y se lanza a elaborar una tesis sobre… Ibsen, bajo la dirección precisamente de Bernard Dort. «En esa época, dice mientras se aparta para cederme paso al entrar en la brasserie que fue su cuartel general, había un problema con las traducciones de Ibsen. Digamos que no eran geniales… El propio Ibsen había concedido la exclusiva al traductor Maurice Prozor. Durante setenta y cinco años se había leído a Ibsen como a un autor francés de teatro menor. Como no estaba satisfecho con las traducciones existentes, para mi tesis traduje varios pasajes. Y me di cuenta de que me gustaba mucho. Así fue como concebí la idea de traducir las doce últimas piezas de Ibsen.»

Terje Sinding se convierte en secretario de redacción en la Comédie-Française, actividad que ejerció durante diez años. En esas fechas desempeñaba el cargo de secretario general Jean-Loup Rivière, que dirigía la colección Le

Spectateur français en la Imprimerie nationale (Imprenta Nacional). «Le comenté que aspiraba a traducir. […] Y durante varios años viví sumergido en Ibsen. Le consagré todos los fines de semanas y todas mis vacaciones. Cuando terminé, sufrí una especie de depresión posparto. Pero las cosas se encadenaron de la mejor manera.» Su primera traducción llevada al teatro fue Rosmersholm, con puesta en escena de Jacques Lassalle, que fuera su profesor en París III y a quien volvió a tratar como administrador en la Comédie-Française. «Ibsen ha seguido y sigue acompañándome.»

Y luego, Terje Sinding descubre a Jon Fosse. «Fue un flechazo, dice saboreando su citron pressé. Yo tenía una amiga dramaturga en Oslo, que me envió su primera obra teatral. Inmediatamente tuve ganas de traducirla. Escribí al agente, al autor y a su editor para averiguar si los derechos franceses estaban libres. Y me puse manos a la obra. Envié mi traducción a Claude Régy. Cuando encuentras cuatro didascalias por página y largos silencios, enseguida te viene él a la mente. No es casualidad que le llamen “el maestro del silencio”. Me intimidaba hasta lo indecible, pero sabía que era un texto a su medida, no había duda. Al cabo de quince días, recibí una letra muy cálida suya.»

Fue Quelqu’un va venir, llevada a escena en el teatro des Amandiers de Nanterre en 1999. El espectáculo recibió mucha atención, con una recepción delirante en Le Monde: «En comparación [con Fosse], los otros teatros, incluso Beckett, parecen recargados de rebuscamiento verbal, de psicología…». De la noche a la mañana, Terje Sinding accedía a la fama y se convertía en «el que traduce a Ibsen y a Jon Fosse». La lista de piezas de teatro que Terje ha traducido y han sido llevadas a escena es extensa, pero encontramos a los mismos  dramaturgos –Ibsen y Fosse, por supuesto, pero también a Strindberg, Arne Lygre, Henning Mankell y a Magnus Dahlström…– y a los mismos directores –Régy y Lassalle puntúan su trayectoria. Mientras escribo estas líneas, se está representando Le Fils (El hijo), de Jon Fosse en su traducción en el teatro de la Madeleine, con montaje  de… Jacques Lassalle. Sí, salta a la vista que Terje Sinding es un tipo fiel. 

¿Es preciso ser un hombre de teatro para traducir teatro? «En alguna ocasión he trabajado en la mesa con los actores, pero es algo que hago cada vez menos, porque ahora vivo en Montpellier. Las obras de teatro que he traducido se montan regularmente. Esto me da

la oportunidad de revisar mis textos…» Sí, pero ¿y las tablas? «Llegué a interpretar algo en Noruega, pero siempre me he sentido más tentado por la puesta en escena. Lo he probado un poco. Sé que es útil haber sido actor y director de teatro, pero las cosas se orientaron hacia la traducción, y está muy bien así.»

insomnie by jon fosse and terje sinding

¿Quiere eso decir que ha podido vivir de sus traducciones? No, durante mucho tiempo tuvo que dedicarse en paralelo a la enseñanza. «Pero en tres años, con el encargo de una nueva traducción de Mademoiselle Julie (La señorita Julia) por una joven compañía de Lausana gané tanto como con todo el resto. Siguieron tres montajes de este texto en el teatro de la Colline, en el TNP de Villeurbanne y en Avignon con Juliette Binoche…», comenta, como si no llegara a creerse su suerte.

Además de teatro, Terje ha traducido numerosas novelas, entre ellas cuatro de Per Petterson. «Leí una crítica en la prensa noruega, no busqué más. Al cabo de un año recibí una llamada de las éditions Circé que lo habían leído en alemán…» Este editor publicó dos libros de Petterson y otros dos por Gallimard: Pas facile de voler des chevaux (Salir a buscar caballos) y  Maudit soit le fleuve du temps (Yo maldigo el río del tiempo). Y luego, muy recientemente, llegó el hermoso proyecto de Tomas Espedal, Lettre (une tentative) [Carta (una tentativa)], por el que Terje ha batallado mucho hasta que la editorial Actes Sud decidió publicarlo. En paralelo y durante cinco años, tradujo un policiaco por año para Presses de la Cité. «Uno de los placeres de este trabajo es poder pasar de un texto de altísimo nivel a un texto para el gran público. La novela policiaca, cuando está bien hecha, me divierte mucho.»

Mi café con leche se enfría en la taza. Ha llegado el momento de hacer mi inocente pregunta, siempre la misma, que por muy banal que sea me da la clave de la manera de traducir de mi interlocutor. ¿Pegado a la fuente o al destinatario? «Estuve muy influido por Antoine Vitez. Al principio fui, naturalmente, un traductor pegado a la fuente. Puede considerarse una reacción saludable, ya que el teatro es un ámbito donde se adapta demasiado, hasta trasplantar la acción a Francia, a traducir las alusiones a la política americana en alusiones a la política hexagonal, a afrancesar los nombres de los personajes… Pero paulatinamente y para determinados textos volví sobre mis pasos: a fuerza de ser literal, se llega a resultados surrealistas, a un callejón sin salida.» ¿Y el quid de las características específicas del teatro? «La oralidad literaria continúa siendo una lengua literaria. No son réplicas cazadas al vuelo. Tiene que sonar justo, y que al mismo tiempo respete una red de sentidos. El director de escena necesita apoyarse en esa red. Por eso se produce una gran pérdida cuando ocupan el lugar del traductor y perpetran un patchwork de varios textos escénicos. Puede que funcione, pero forzosamente se aparta del original…»

Bien, hemos hablado de teatro. ¿Y la novela? «La primera parte del texto de Espedal es un grito de dolor en el límite de lo que puede articularse, pero architrabajado. Sentí a la vez miedo, la excitación y el placer de enfrentarme a un texto de semejante calibre. Cuando no me sale la traducción, busco ir palabra por palabra. A veces me decía: no me voy a atrever. Pero luego salía.» Terje escucha mis preguntas. Y prosigue. «También procuro buscar los ritmos. El noruego es un idioma más gutural y muy acentuado, comporta muchas aliteraciones y duplicación de adjetivos. En cuanto puedo reproducirlo en francés, no dudo en hacerlo.»

Aparte su vaso vacío, yo mi taza llena y deja sitio entre nosotros para Lettre (une tentative) de Tomas Espedal en la mesita de café. El libro se abre por la página 75.

[…] en rev med briller, en brillerev, med revebriller, revner du? Jeg river bildet av deg i stykker. Min rev så hard.

«¿Ves? Hay una cadena de aliteraciones que conservar.

Tenemos rev = renard/zorro, revne = craquer (creerlo), rive i stykker = déchirer/rasgas o desgarrar. Literalmente da:

[…] un renard avec des lunettes, un renard à lunettes, avec des lunettes de renard, tu craques ? Je déchire ta photo. Mon renard si dur. (Un zorro con gafas, un zorro con gafas, con gafas de zorro, ¿puedes creerlo? He roto tu foto. Mi zorro tan duro.)

Me he permitido algunas acrobacias con el sentido para mantener las aliteraciones:

[…] un renard avec des lunettes, un renard à lunettes, aux lunettes de renard, tu renaudes? Je rature ta photo. Mon renard si dur. (“renaudes” = ? // raturer = rayar, arañar; la aliteración se compone de sonidos “r” y “d”)

La traducción es una escritura. No me siento escritor, pero me siento autor. No soy un escritor frustrado, puedes escribirlo. Soy un traductor afortunado. Me conviene eso de avanzar enmascarado, oculto detrás del texto ajeno. Traducimos con todo lo que somos. Como sin querer, tengo la impresión de expresarme, de decir cosas mías.  Trabajamos con las palabras de otros, nos las apropiamos, las devolvemos en otro idioma, igual que el actor con su voz, su cuerpo… Al traducir a autores noruegos, recupero un universo que ha sido mío, y que dejó de serlo, como con Jon Fosse: esos paisajes anegados por la lluvia, esos pueblos sumidos en el silencio… Me produce una gran felicidad traducir eso. Forma parte de mí.»

La entrevista ha terminado. Terje se levanta. Yo decido quedarme un rato más en la brasserie, para capturar los últimos ecos de nuestra conversación. ¡Ah! Un detalle que por poco olvido. La víspera de este precioso encuentro, Terje Sinding recibió la Orden del mérito de su país natal en la embajada de Noruega en París, en presencia de la mayoría de sus editores, de la agente literaria Berit Gullberg, de Jacques Lassalle y de varios amigos traductores. La ceremonia se desarrolló a imagen suya: marcada por el gusto de compartir, por la fidelidad y la sencillez.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA
DEL NORUEGO

Tomas Espedal, Lettre (une tentative), novela, Actes Sud, 2012
Jon Fosse, Melancholia I, novela, P.O.L, 1998
L’Enfant et le Nom, teatro, l’Arche, 1998
Quelqu’un va venir y le Fils, teatro, l’Arche, 1999
Et jamais nous ne serons séparés, Un jour en été y Dors mon petit enfant, teatro, l’Arche, 2000
Melancholia II, novela, Circé, 2002
Visites y Variations sur la mort, teatro, l’Arche, 2002
Et la nuit chante y Hiver, teatro, l’Arche, 2003
Matin et soir, novela, Circé, 2003
Rêve d’automne, Violet y Vivre dans le secret, teatro, l’Arche, 2005
La Remise à bateaux, novela, Circé, 2007
Insomnie, novela, Circé, 2009
Je suis le vent y Les jours s’en vont, teatro, l’Arche, 2010

Henrik Ibsen, les Douze Dernières Pièces, 4 vol., Imprimerie nationale, 1990 – 1994

Arne Lygre, Maman et moi et les hommes, teatro, Les Solitaires Intempestifs, 2000
Homme sans but, teatro, l’Arche, 2007

Per Petterson
Jusqu’en Sibérie, novela, Circé, 2002
Dans le sillage, novela, Circé, 2005

Pas facile de voler des chevaux, novela, Gallimard, 2006
Maudit soit le fleuve du temps, novela, Gallimard, 2010

DEL DANÉS

Peter Asmussen
Brûlé par la glace, teatro, Les Solitaires Intempestifs, 1998

Herman Bang, Plaisirs d’été, novela, Circé, 1998

Ludvig Holberg, Jeppe du Mont et Don Ranudo de Colibrados, teatro, Théâtrales, 2004

Peer Hultberg, Préludes, novela, Circé, 1999

DEL SUECO

Magnus Dahlström,
L’Épreuve du feu, teatro, Les Solitaires Intempestifs, 2000
L’Usine, teatro, Les Solitaires Intempestifs, 2002

Henning Mankell,
L’Assassin sans scrupules Hasse Karlsson, teatro, l’Arche, 2003
Ténèbres, teatro, l’Arche, 2005
Des jours et des nuits à Chartres, teatro, l’Arche, 2011 

August Strindberg,
La Sonate des spectres, teatro, Circé, 2003
Pâques, teatro, Circé, 2006
Mademoiselle Julie, teatro, Circé, 2006
Créanciers, teatro, Circé, 2011

Prólogo a “Los cuentos de una mañana”, de Jean Giraudoux

Mistinguett
La actriz Mistinguette, ¿inspiración de Guiguitte?

Subo aquí el prólogo del libro de cuentos que en 2017 publicó la editorial chilena LOM.
Me dicen que aún quedan ejemplares; es posible comprar pasando por la web de la editorial, el precio en pesos es el equivalente a diez euros aprox.

Descargar el prólogo aquí

Traducteurs en librairie: los Pastiches et alii

En el apartado Traducteurs en librairie, en su edición 120, del sitio de la ATLF se incluye la publicación de mis Pastiches proustianos. Como siempre, en buena compañía.

Pastiches- ATLF

IA y traducción literaria: las traductoras y los traductores exigen transparencia

Aún hay tiempo de actuar para proteger los oficios artísticos de los algoritmos generativos.

Ya os podéis descargar el pdf del llamamiento de los traductores profesionales a la transparencia en el uso de la Inteligencia artificial aplicada a la traducción. Es una iniciativa de la ATLF y de Atlas, dos asociaciones comprometidas con la defensa de los traductores.
Mía es la versión en español del original francés, hecha para su circulación entre asociaciones hispanohablantes y por la CEATL. Los franceses siempre se anticipan en la defensa de los derechos de nuestra profesión mientras los españoles cantan las gracias de las maquinitas. Veo la ventaja de programas como Trados para traducción pragmática y de grandes cantidades de documentos, de derecho por ejemplo, con terminología jurídica o especializada, que por fuerza se repite. Pero en traducción literaria, e incluso de no ficción, textos basados en plantillas como pueden ser los recetarios o los folletos e instrucciones, si el traductor físico no realiza la corrección o el “barrido de calidad final”, lo único que está haciendo es descargar sobre el corrector que venga después, y que todavía no puede ser un programa informático, una tarea que le corresponde.

Aquí se encuentra el texto en diferentes lenguas, incluido español
https://atlf.org/tribune/

Los pastiches de Proust. Presentación

proust retrato cortado

Presentación de mi traducción, que ha publicado este mes Jot Down Books. Podéis leerlo en Jot Down

Descargad el enlace: §  Presentación para Academia edu

Lección de traducción colectiva: L’Anomalie

El escritor Hervé Le Tellier, premio Goncourt por su novela L’Anomalie, aparece rodeado de varios traductores, que comentan sus resultados, dudas, con respecto a los párrafos que previamente lee Le Tellier.