Deconstruyendo “Mein Kampf”: “Traduire Hitler”, de Olivier Mannoni, en VV.CC.


Este lunes se publicó en Vasos Comunicantes, revista de la Asociación de Traductores Españoles, la segunda parte de mi artículo dedicado al ensayo que el traductor del alemán, el francés Olivier Mannoni, especialista en el periodo nazi –y que fuera un excelente presidente de la Association des Traducteurs Littéraires de France–, ha dedicado a la aventura de traducir el Mein Kampf de Adolf Hitler en la controvertida edición crítica de Fayard.
Espero que mi artículo anime a algún editor a traducirlo al español. Además del interés intrínseco del texto, se añaden las reflexiones de su traductor en torno a los vínculos entre el discurso antisemita y de exclusión del dictador alemán y las nuevas corrientes de ultraderecha que campan por todo el mundo, y de manera harto inquietante en Europa, con los Le Pen en primera línea en el país vecino.

Empieza así:

La última polémica mayor en torno a una traducción ha tenido como asunto la de Mein Kampf (Mi lucha), del dictador alemán Adolf Hitler, y ocupó en Francia incontables páginas de publicaciones y horas de radio y televisión cuando se publicó la noticia de que, aprovechando que el 1 de enero de 2016 el título entraba en el dominio público, la editorial Fayard se proponía ofrecer una nueva traducción, siguiendo el ejemplo de la que se publicaría en Alemania. En ambos casos se trataría de una edición crítica y anotada a cargo de un equipo de prestigiosos historiadores expertos en el periodo nazi, algo imposible hasta entonces porque el depositario de los derechos de autor, el Ministerio Bávaro de Economía, no había permitido nuevas ediciones, ni siquiera las de carácter científico. El Institut für Zeitgeschichte de Múnich, con una gran experiencia en la publicación de fuentes históricas, incluido el periodo nazi, creó un equipo permanente de cuatro historiadores apoyados por una red de expertos. La fecha elegida para publicar su edición crítica fue precisamente enero de 2016, y esta edición sirvió de base a la francesa.

En el país vecino, ediciones Fayard propuso la nueva traducción en francés a un prestigioso traductor especialista en el III Reich, Olivier Mannoni (1960), en cuyo haber destacan la biografía más reciente del Führer: Adolf Hitler, une biographie – L’ascension: 1889-1939, de Volker Ullrich, en dos volúmenes para Gallimard, La Médicine nazie et ses victimes («La medicina nazi y sus víctimas»), de Ernst Klee, y una selección de los diarios de Goebbels y de Alfred Rosenberg. Mannoni entendió que su trayectoria hacía de su nombre la mejor opción. Así la resume en Traduire Hitler:

«Tras una cincuentena de traducciones de obras consagradas a la medicina nazi, al antisemitismo, a la Shoah por balas, a la organización de los campos de concentración, en Auschwitz y en Birkenau, era en definitiva lógico volver a la fuente, tomar de cara y en su integralidad la traducción de Mein Kampf y proponer un texto utilizable en francés para los historiadores, los lectores interesados así como para mis colegas. De modo que acepté, con la reserva de las condiciones habituales que exijo para este tipo de trabajos: no una publicación “en bruto” del texto fuente, sino acompañada de un aparato crítico sólido establecido por historiadores».


Portada Traducir a HitlerContinúa aquí: https://vasoscomunicantes.ace-traductores.org/2024/02/05/deconstruyendo-mein-kampf-traduire-hitler-de-olivier-mannoni-maria-jose-furio-i/

Aquí el enlace a la segunda parte:https://vasoscomunicantes.ace-traductores.org/2024/02/12/deconstruyendo-mein-kampf-traduire-hitler-de-olivier-mannoni-maria-jose-furio-y-ii/

La caída de Srebrenica (1995) – Declaraciones de los supervivientes para MSF

Nachtwey-Yugoslavia 20 años despues
Foto: James Nachtwey – Yugoslavia, 20 años después

TESTIMONIOS BOSNIOS SOBRE LA CAÍDA DE SREBRENICA

Adjunto el texto corregido.

Yo (no) estuve en Varsovia (y 2) en El Trujamán del Instituto Cervantes

Varsovia-1944-2
Héroes polacos del levantamiento de Varsovia, 1944

El Trujamán, 15 de julio de 2014

Me llamó la atención que el traductor se dirigiera al editor haciéndole notar esto y aquello y aquello, dando por descontado no solo que leería sus notas, comentarios y correcciones sino que las apreciaría y determinaría personalmente su pertinencia. El editor me pasó la patata caliente pidiendo que considerara los comentarios del traductor y eliminara sin escrúpulos las notas y correcciones más peregrinas, sin olvidar que el volumen final del libro debía ser manejable, aun cuando el formato de tapa dura tolera los tochos.

No presentaba dificultades importantes de estilo ni de interpretación, pues el traductor era un profesional veterano y experto. El problema era que intervenía no solo para corregir errores que justificaba en nota al pie, sino que además discutía puntillosamente fechas y hechos a tal punto que, alcanzado el ápice del asombro, me pregunté cómo podía tener conocimiento de unos acontecimientos que, según aseguraba el original, constituían la novedad y razón del ensayo. ¿Acaso estuvo en Varsovia en 1944? Hice cábalas: aunque por esas fechas nuestro traductor ya pisara este mundo, ni siquiera vestiría pantalones largos si debía seguir profesionalmente activo a principios del siglo xxi.

Dado que el uso de Google no estaba tan generalizado como hoy ni la cantidad de datos subidos a la red alcanzaba la magnitud, variedad y desmesura que conocemos, debía confiar en enciclopedias y diccionarios de toda suerte para dirimir entre el autor y su traductor. En ciertos puntos, la razón recaía impepinablemente en el autor, pues es quien firma y tiene autoridad sobre su ensayo. Otras correcciones, sin embargo, eran plausibles pero indecidibles… salvo por un historiador especialista al que habría que pagar por verificar datos exclusivamente.

Sin duda, mi traductor llevó la intervención a su paroxismo. Era fácil suponer que «enloqueció», que la larga convivencia con un texto de tal extensión le hizo perder el norte en su afán de ser preciso y honesto con los lectores. Pero creo que en realidad esta situación es más frecuente de lo que parece. Aquí, elevada a la enésima potencia, subrayaba el enfrentamiento ideológico que no pocas veces opone al traductor con el original a traducir, del que dependen sus ingresos. Otros trujamanes han tratado de las versiones adaptadas por la censura franquista, pero ¿qué decir de la censura que impone el llamado Pensamiento Único? Cuántas veces nos hemos encontrado tecleando rítmicamente y piropeando a nuestro autor con un «patán», «caradura», en tono cómplice, sí… o no siempre, y comentando sobre la marcha el progreso del texto: «qué estilo desastrado», «¡así se reescribe la historia de la literatura!», etc.

Quizá un traductor erudito que tiene entre manos un ensayo dedicado a un periodo de la historia que conoce bien no renuncie a luchar a brazo partido hasta la última página, la última coma, la última nota para defender oblicuamente su propio enfoque de ese periodo histórico.

Ahora que tenemos a un tiro de tecla información muy especializada, cuesta menos averiguar si tal autor extranjero cojea ideológicamente de tal pie y tal traductor del otro, por lo que la prolija intervención que aquí comento también pudo ser una forma apasionada de defender otra memoria histórica.
Quizá lo más destacable de esta peripecia no sea que a la pasión del historiador inglés se le enfrentara la pasión del traductor, ni que mediara entre ambos la pasión filológica —si la ecuanimidad y el trabajo bien hecho que se esperan del responsable del editing son variantes de la pasión—, sino que todo se supeditara a la pasión autoritaria de los editores, que decidieron posponer la publicación del libro, seguramente menos por desconfianza ante mi edición que por recelo ante cualquier edición de «fuera de la casa». Por si fuera poco, el editor decidió castigarme posponiendo un mes el pago de la abultada factura —quizá también al traductor—. De modo que cuando supe que al cabo de unos años este editor fue despedido, me pareció que el traductor llevaba razón al defender sus posiciones dentro del texto traducido,el único campo de batalla donde tenía (tenemos) opciones de ganar.

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Crédito foto: http://www.sppw1944.org/index_es.html
Crédito foto: http://www.sppw1944.org/index_es.html

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“El espía” Justo Navarro y sus heterónimos, en El Trujamán

El 7 de febrero, El Trujamán, la revista de Traducción del Instituto Cervantes publicó mi artículo dedicado a El espía, del novelista, traductor y poeta Justo Navarro (Anagrama, 2011).

Ilustración : Pablo García

Empieza así:

«La biografía del poeta norteamericano Ezra Pound está marcada por el estigma de su fascinación y apoyo al fascismo mussoliniano, de sus manifestaciones antisemitas y un aura de enloquecida genialidad, de tal modo que su figura es, en parte, tabú. Suele salvarse el escollo separando cuidadosamente su obra poética de sus extravíos políticos. Por qué, habiendo sido detenido y acusado de traicionar a su país, no fue Pound ejecutado es el detalle intrigante y detonador de El espía. Justo Navarro fabula con la posibilidad de que el poeta de Rapallo fuese un agente doble y que sus extravagantes alocuciones a través de la radio italiana en tiempo de guerra contuviesen mensajes cifrados para los aliados. Unos mensajes que traían de cabeza a los nazis, incapaces de obtener ninguna certeza tras aplicarles todas las claves de interpretación de códigos secretos disponibles. Las peroratas del poeta americano eran intraducibles al idioma convencional del contraespionaje.

Sin embargo, como no se trata de una típica novela de espías, Navarro rompe el hilo de la narración y, reconstruyéndola por fragmentos de fuerte densidad poética, presenta a Pound en facetas que confirman y refutan esa supuesta condición suya de espía, de loco, de traidor, de leal ciudadano.»

Justo Navarro

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Un domingo en la piscina en Kigali, de Gil Courtemanche

Las atrocidades de las matanzas de Rwanda, narradas por el autor canadiense Gil Courtemanche.
Una visión muy sui generis de la vida de los expatriados en Ruanda. Gran éxito en su país, sin excesivo eco en España, donde no atraen demasiado las historias de amor entre señores entrados en años y jovencitas.
Las diferentes versiones han sido objeto de crítica por parte de estudiosos de la traducción de literatura canadiense en España, ignorando deliberadamente los “protocolos” de trabajo de las grandes editoriales, que no permiten a los traductores revisar las correcciones. En otro momento hablaré de los contratos de traducción de este tipo de novelas y del uso fraudulento que hace el Grupo para evitar pagar royalties por otros libros que alcanzan mayor rentabilidad.

Emecé Editores
256 páginas
Idioma: Español
ISBN: 8495908662 / ISBN-13: 9788495908667
Extracto y comentarios en el blog de Antonio Pérez Río:
http://antonioperezrio.wordpress.com/2009/11/22/un-domingo-en-la-piscina-en-kigali/

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Ministros catalanes en Madrid, de J.M. Ainaud de Lasarte

Descripción del libro (original en catalán):
232 páginas.
Formato: 23,7×16.
Encuadernación editorial con sobrecubierta ilustrada. Traducción de María José Furió.
Colección La España Plural. Diseño de la colección de Josep Bagá.
Editorial Planeta. Barcelona, 1996.

El mundo de las mujeres, de Alain Touraine

Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010

Me gusta el optimismo argumentado de Touraine.
En Editorial Paidós.
Año de edición: 2007.
Págs: 236

Comentario dedicado al ensayo por: http://sociologiac.net/2008/05/28/alain-touraine-y-el-mundo-de-las-mujeres/

El mundo de las mujeres (Le monde des femmes, 2006) es la última publicación del sociólogo francés Alain Touraine traducida al castellano donde aborda como tema central el cambio social en la figura del sujeto femenino. Mediante un pormenorizado trabajo de investigación, alrededor de 60 entrevistas con distintas mujeres, Touraine
asegura que las mujeres están construyendo desde la subjetividad ciertos planteamientos característicos de movimientos sociales como el acontecido en Mayo del 68, donde se anunció la inminente decandencia del mundo masculino. En el mundo contemporáneo ya no existen más horizontes por conquistar por lo que está aconteciendo un movimiento a la inversa “tendente a descubrirnos a nosotros mismos” y en ese sentido “las mujeres están mejor preparadas que los hombres”. Las mujeres continúan dejando a un lado los referentes masculinos para construirse una identidad propia, asevera. Touraine señala que a lo largo de cuatro o cinco siglos la sociedad se articuló alrededor de la dominación y poderío masculinos, mientras que al mismo tiempo todo se estructuraba derredor a la figura tradicional de la familia.
Si bien vivimos en un mundo donde las mujeres son quienes sufren mayor violencia y son las peor pagadas en el mercado de trabajo, el autor afirma que “hemos pasado de una sociedad de hombres a una de mujeres, una sociedad que funciona con normas femeninas” y donde la conciencia sexual femenina guiará nuevos caminos.
Para explicar esta transición el sociólogo habla sobre la caducidad de conceptos canónicos como feminismo, anteponiéndolo al de posfeminismo: “Las mujeres de mi generación son las que emprendieron la batalla feminista, que consistía en una idea de lucha y de movilización contra determinadas leyes y costumbres. Hoy eso ha cambiado”. Lo que surge en nuestros días es una concepción posfeminista que trata sobre el interior de la mujer y no de su vertiente política.”

Breve historia de los colores, de Michel Pastoureau & Dominique Simonnet

Lo traduje para Editorial Paidós, antes de que pasara al Grupo Planeta. La tarifa era bajísima y el plazo de tiempo corto; dadas las condiciones, creo que no quedó del todo mal. Se publicó en 2006. Ameno y ligero.

Texto de contraportada:
No es casualidad que al ver cosas de color rojo nos pongamos amarillos de envidia, verdes de miedo, azules de frío o blancos como una sábana. Los colores no son banales. Transmiten tabúes, prejuicios a los que obedecemos sin saberlo. Y poseen sentidos ocultos que influyen en nuestro entorno, en nuestros comportamientos, en nuestro lenguaje, en nuestro imaginario. Los colores poseen una historia que cuenta la evolución de las mentalidades. El arte, la pintura, la decoración, la arquitectura, la publicidad, nuestros productos de consumo, nuestras ropas y automóviles, todo se rige por este código no escrito. ¡Aprende a pensar en colores y verás la realidad de modo muy distinto!

Entrevista al autor en El País, en octubre de 2016Michel Pastoureau

EDICIONES PAIDÓS
128 páginas
Idioma: Español
ISBN-13: 9788449319471
1 edición (2006)

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El asesinato de Lumumba, Ludo de Witte

El asesinato de Lumumba narrado con prolijo detalle por el belga Ludo de Witte. El autor se mostró muy satisfecho de la traducción y se lo hizo saber a la editora de Crítica en esas fechas, Silvia Iriso.
La historia es escalofriante, el contexto también apasionante. Una figura hoy casi olvidada, pero a quien algunos “progres” recuerdan en compañía de otros iconos de los años setenta, como el Che Guevara. Sería interesante reivindicarlo como ejemplo de las dificultades de la independencia de los países africanos y cómo algunos dirigentes de Occidente interpretaban determinadas alianzas como una amenaza directa.

El 27 de junio de 2010, La Vanguardia publicaba una noticia en referencia a Ludo de Witte, y a las conclusiones de sus investigaciones en torno al asesinato: 12 belgas podrían ser acusados de la muerte del líder congoleño:

* http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20100627/53953226944/doce-belgas-podrian-ser-juzgados-por-el-asesinato-del-lider-congoles-patrice-lumumba-belgica-kinshas.html
_______
Editorial Crítica
336 páginas
ISBN: 8484323862
ISBN-13: 9788484323860
Año edición: 2003
* Algunos comentarios sobre el libro:
Sello ruso de 1961 dedicado a Patrice Lumumba
En el diario Le Monde informan de la existencia de un documental dedicado al asesinato del dirigente congoleño: “Une mort de style colonial”.
 

Datos de la producción:

producteur ou co-producteur:

Quartier Latin Productions , Solferino Images

GÉNÉRIQUE

réalisateur:

Giefer, Thomas

producteur:

Noll, Michel ; Blondiau, Heribert

participant:

Lumumba, Juliana ; Brassine, Jacques ; Delvin, Larry ; Lumumba, Roland ; Van Lierde, Jean

Un francés al que es mejor no conocer: Marc Saint-Upéry


un par de páginas con mis correcciones sobre el texto publicado y MAL REVISADO por el autor de El sueño de Bolívar
No puedo robarle el título a Volpi, La pesadilla de Bolívar, para titular este post y la experiencia que ha sido esta traducción de El sueño de Bolívar, para la editorial Paidós.
Pero sí responder con él a la observación que hacen Carlos Maiques y Miette sobre los franceses en mi otro blog. El autor de este ensayo, que se atribuye un conocimiento del español superior al mío por haber vivido diez años en Latinoamérica, decidió, ni corto ni perezoso, que mi traducción de su libro no le gustaba. Saltándose las cláusulas de la ley de propiedad intelectual, por la que en la editorial están obligados a hacerme saber su posible (pero improbable) disconformidad con el resultado, y a consultarme las correcciones que decidan introducir, el señor se arremangó y se puso a la tarea de enmendarme la plana.
Cuando Elisabet Navarro, joven editora de Paidós desde que pasó a manos del Grupo Planeta, me hizo saber con retintín –con mucho retintín– que igual no merecía que aparecieran mis datos en los créditos del libro, me dejó extrañada, pues no recordaba haberlo traducido con prisas ni haber quedado demasiado dudosa del resultado final. Sí esperaba que quien se ocupara de la corrección se detuviera en resolver algunos datos de terminología económica. Demasiado fastidiada por lo sucedido, me guardé las ganas de hacerle saber al autor que en su país, Francia, un traductor habría cobrado por la misma tarea más del doble de lo que yo cobré.
No fue hasta septiembre –baja obligada por el médico– cuando decidí echarle un vistazo a las correcciones de monsieur Saint-Upéry. Os digo solo que, de las 50 páginas que llevo revisadas, ha cambiado a su antojo lo que estaba bien, sin escrúpulo en empeorar frases hasta volverlas incomprensibles. Cuando había varios párrafos seguidos en los que no encuentra dónde meter la cuchara, se limita a cambiar palabras correctas por sus sinónimos.
Si yo escribo “generalmente”, él me enmienda con un “en general”; si yo elijo “con frecuencia” o “a menudo”, él invierte mis decisiones, de modo que mi “con frecuencia” se convierte en “a menudo” y viceversa. Si opto por “sobreevaluación de la moneda”, él corrige: “sobrevaloración”, siendo ambas correctas. Sin embargo, porque no sabe tanto español como cree saber, comete con arrojo errores como estos: un “se consigue” se convierte en “lo logro”; la “economía sumergida” es bajo su bolígrafo rojo “trabajo sumergido”, que no es exactamente lo mismo. Un “sin embargo” es para él un “no obstante”. Etc.

Hay frases que tras su paso avasallador resultan un puro galimatías. De modo que deduzco que solo entre un 5 y un 7% de sus correcciones están justificadas.

El lector está advertido. Me reservo mis derechos de reclamación a la editorial.

(Esto, que puede sonar como una rotunda amenaza, es lo contrario: aunque el abogado de la ACETT, Mario Sepúlveda, sugiere como cuando en estos casos el traductor puede ver lesionada moralmente la naturaleza de su trabajo, por mi parte prefiero esperar. La editorial a estas alturas solo puede haber entendido que no le conviene creer a pies juntillas lo que a un autor extranjero le dé por afirmar.)