Bologna CBF -Directorio de traductores de literatura infantil

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¿Qué, qué, qué?, dijo el gato, de Sarah Cone Bryant,
con ilustraciones de Magali Attiogbé

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El gato se lo zampó todo

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«…se encontró con la boda del rey. Sí, el rey acababa de casarse. Caminaba a la cabeza de la comitiva, ataviado con magníficas ropas, del brazo de su esposa, arrebatadoramente bella. Detrás de la real pareja iban los soldados y una buena cantidad de elefantes en filas de dos.»
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Dentro del estómago del glotón
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«Y entonces el gato tuvo que pasar el resto del día zurciéndose la barriga. ¡Así aprenderá a no ser tan glotón!»

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¡ESO No es verdad! ¡Mientes!
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Michiki

Vale la pena mantener actualizada la página de los diferentes directorios donde aparezcan nuestras publicaciones, especialmente cuando se trata de directores internacionales.
El más importante, por lo menos a nivel europeo, entre los dedicados a la literatura infantil y juvenil se encuentra en la página de la BOLOGNA CHILDREN’S BOOK FAIR.
El Directorio de traductores de todo el mundo, con búsqueda por idiomas, países y géneros, permite el registro y la actualizción de datos, que han de ser aprobados por los gestores del sitio.
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GULLIVER. VIAJE A LILIPUT

portada de la adaptación del Gulliver de Swift. Ilustrado por Julie Faulques

Un clásico para interesar a los críos por la lectura. Seguramente, se puede encontrar en librerías de segunda mano y en fondos de colección.

Traducir narrativa para adolescentes, en El Trujamán

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Portada del original en francés El diablo en el cuerpo, de Raymond Radiguet

El Trujamán

Hace un par de veranos pasé unos días en un pueblecito lejos de Barcelona que contaba con pocos lugares donde conectarse a Internet. Uno de esos lugares era la biblioteca, que solo abría algunas tardes. Los ordenadores eran viejos y la conexión tan lenta que me dediqué a curiosear en el ambiente. El público lo componían sobre todo chiquillos de alrededor de diez o doce años: los niños competían entre sí con videojuegos y las niñas hacían sus pinitos como diseñadoras y estilistas. La segunda vez que fui a leer el correo, se colocaron a mi lado tres chavales, uno de ellos marroquí, trastearon en un ordenador con soltura y lo orientaron de modo que yo pudiera ver la pantalla: tres ancianos ¿suecos? desnudos dentro de una ducha con jacuzzi ejecutaban un porno casero con más intención que resultados. Sin subtítulos. Lo consideré un saludo de parte de los niños y conseguí no reírme. Si me planteo el tema de la traducción de narrativa para adolescentes, me acuerdo del descarado saludo de bienvenida de estos estudiantes de secundaria porque ponían en solfa los contenidos que la narrativa para jóvenes acostumbra a destinarles, desde sagas de vampiros o hadas, aventuras en lugares exóticos o complejas tramas conspiranoicas que solo un hacker menor de edad logrará desenredar.

Aunque podemos estar convencidos de que no hay diferencia entre traducir para un lector adulto y hacerlo para adolescentes porque el traductor se limita a reflejar con fidelidad el texto original, lo cierto es que los adolescentes conforman una franja de edad específica, pero no homogénea, y que hay varios aspectos a tomar en consideración para que el texto traducido suscite y mantenga su interés.

Es raro pensar que los adolescentes de épocas recientes leían a Jean-Paul Sartre o novelas como El diablo en el cuerpo, y a los quinceañeros de hoy se les destinan historietas blancas sobre sus avatares escolares o sentimentales. Al menos el lenguaje debería retarlos.

El tono y el nivel de lengua son dos aspectos clave. Si el argumento es interesante, con acción a raudales y héroes fornidos que reparten mandobles a diestro y siniestro, estupendo, pero si el original inglés puede funcionar en su expresión más llana, es casi seguro que habrá que adaptar el texto castellano a los usos narrativos a los que el lector español está acostumbrado. Años atrás tuve que reescribir una serie de acción y mamporros destinada a adolescentes y a jóvenes adultos y, mientras corregía página tras página, me di cuenta de que parte del dinamismo y de la «dignidad» de esas novelitas de acción derivaba de sustituir todos y cada uno de los «dijo» que el narrador inglés atribuía a los personajes por el correspondiente verbo con la carga afectiva que se derivaba de la frase, desde «replicó» y «respondió» a «protestó» o «vociferó», «susurró», etc. Algunos traductores son fieros partidarios de mantener intocado el verbo alegando que si Cheever ha escrito diecisiete veces seguidas «dijo», ellos no van a corregirle. Estoy de acuerdo cuando existe una presencia de autor, pero en las novelas de gran consumo —y rápido olvido— casi la única baza que las hace rentables y competitivas es la corrección gramatical.

A diferencia de la literatura para niños, que transmite conocimientos, moralejas, introduce vocabulario y entretiene, en la narrativa para adolescentes importa el factor de su identificación con el grupo. A veces asombra que se escriban y traduzcan edulcoradas historias protagonizadas por preciosas hadas de dieciséis años, destinadas a lectoras de entre diez y dieciséis años, pero resulta ser el tipo de fantasía que puede transmitirse desde sectores sociales acomodados donde la urgencia por enfrentarse a la «dura realidad» es menor que entre niños de clases medias y bajas.

Portada de una novelita destinada a adolescentes que traduje para el grupo Mondadori RH: historias edulcoradas e histéricas para jovencitas de clases medias aún muy apegadas a papá y mamá. Traducción del italiano que había sido traducido del original inglés.

Aquí importa que la sintaxis tenga una cierta complejidad sin ser embrollada —salvo si el original impone estrictamente lo contrario—. Los nombres propios no se traducen excepto si tienen algún significado simbólico. Los diálogos, o la narración que reproduce el típico diario íntimo en primera persona, tienden a buscar la mayor expresividad, con exclamaciones, expresiones hechas, argot, jergas de grupo, frases entrecortadas. Ninguno de estos ingredientes impone la infantilización del lector joven. Hacer fácil la lectura no significa achatar el vocabulario sino elegir el pertinente para esta franja de edad.

Considero importante que la narración se perciba como literatura, es decir, un acto de lengua determinado y, por lo tanto, un artificio. El escritor ha tomado decisiones no solo sobre el contenido sino también sobre el idioma. Los lectores jóvenes consideran gratificante superar obstáculos, y el desafío de un cierto nivel de vocabulario o dramático sirve para sancionar etapas superadas de la infancia o la adolescencia.


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Se ha adaptado en formato de serie televisiva la saga de las Winx. Traduje un volumen a partir del original italiano. Fue un buen ejercicio para cultivar el registro juvenil, aunque en ningún momento de mi adolescencia me pasó por la cabeza leer este tipo de pseudoliteratura. Supongo que cuando crías a una niña con los tópicos más caducos de la feminidad llenándole la cabeza con cuentos de hadas y princesas, con vestiditos para parecer una muñeca de plástico, luego necesitas arreglársela con ideas de “empoderamiento”, y así surge esta clase de productos.
La web de la Asociación cinematográfica La Dolce Vita, especializada en cine y tv, asegura que no es demasiado interesante, a quién puede extrañarle. El tema de los “superpoderes” tienen gran éxito entre los adolescentes porque encaja bien con la psicología de este periodo de crecimiento. Aseguran algunos psicológos que han estudiado el fenómeno que les resulta fácil identificarse con estos monstruos, raros pero dotados de los más curiosos poderes porque es así como se sienten, con las hormonas desatadas y los cambios físicos –en la estructura del cuerpo y mental, además del ultradesarrollo de ciertas capacidades– que se experimentan hasta los veintipocos años–.
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Ficha de Winx Club. Vacaciones mágicas
Colección:WINX CLUB
Editorial: Montena
EAN: 9788484412748
ISBN: 978-84-8441-274-8
Año de edición: 2005
Materia: LITERATURA INFANTIL: DE 0 A 12 AÑOS
Idioma:CASTELLANO
Ancho: 200 Alto: 300
Disponibilidad:Descatalogado

Traducir narrativa para niños, en El Trujamán del Instituto Cervantes

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Ilustración en Dragones cariñosos, de S. Chausse y Philippe-Henri Turin

El Trujamán

Traducir narrativa destinada a niños pequeños —de entre cuatro y siete años— seguramente es hoy distinto de lo que fue cuando la cultura visual no había cobrado la importancia que tiene actualmente hasta desplazar la primacía de la cultura verbal, y también cuando la composición digital permite unos juegos de tipografía que antes no eran fáciles. Con frecuencia, los cuentos están destinados a ser leídos en voz alta —o interpretados por el adulto con tanta gracia como pueda—, por lo que el aspecto musical de la frase es tan relevante como la adecuación del vocabulario a la comprensión del niño.

Por ceñirme a mi experiencia, podría diferenciar entre las traducciones de audiolibros para los más pequeños con ilustraciones muy esmeradas a todo color y aquellas donde el texto podía considerarse un acompañamiento de la ilustración, a la que se supeditaba.

El texto de los audiolibros tenía que ser apto para ser doblado por actores, de modo que, además de encontrar el nombre equivalente en español de las leyendas tradicionales que se relataban y traducir los juegos de palabras que sugerían los nombres propios, había que crear el ritmo y el tono de la frase en español que resultara más atractivo al oído infantil. Como los cuentos destinados a los pequeños están concebidos para releerse una y otra vez, y luego ellos los repiten en voz alta, el aspecto musical que ayuda a memorizarlos no puede descuidarse.

La literatura infantil que he traducido para distintas editoriales y países tiene en común, casualmente, el gusto por la leyenda clásica y los ambientes exóticos. En la adaptación de los Viajes de Gulliver el vocabulario y la complejidad sintáctica se rebajaron para acceder a niños de primaria. Sin embargo, la historia es lo bastante sorprendente y fantástica para animar su inteligencia y su umbral de aceptación de lo raro y extraordinario. Así como los audiolibros para los más pequeños siempre transmiten una moraleja y los aleccionan, a la vez que se introducen conceptos que consolidan la enseñanza que reciben en la escuela, para la franja de edad entre ocho y doce años la afición a la aventura, las geografías y faunas exóticas y las costumbres de zonas remotas abren un punto de fuga respecto a la rutina escolar. Aunque por la extensión del texto y su ubicación queda claramente subordinado a la imagen, la precisión del vocabulario que se refiere a culturas exóticas, con la introducción de vocabulario nuevo, es un detalle que conviene defender, así como el tono propio de la fábula, que crea una continuidad a lo largo del relato.

Como señalan algunos expertos en traducción para niños y jóvenes, en las narraciones ilustradas la combinación imagen-texto ha de entenderse como una unidad. El niño recibe y asimila el estímulo visual de manera inmediata, según unos códigos culturales establecidos, pero la abstracción del idioma requiere más madurez y el apoyo de los mayores. A veces tropezamos con que el corrector quiere meter la cuchara para que se note su paso y se dedica a borrar la musicalidad de la frase, que ha de estar en armonía con el texto en su conjunto, o juzga que tal palabra es demasiado culta para un libro infantil y la sustituye por otra más trivial que significa algo distinto. Un texto chato, sin ritmo ni color, puede parecerle correcto al editor medio, que lo juega todo a las ilustraciones, pero no ha de extrañarnos si esas versiones pasan desapercibidas y se saldan pronto.

Existe otro tipo de libro para niños a partir de diez años, que en realidad es, como rezaba la vieja publicidad, «para niños de diez a noventa y nueve años y más». Son los volúmenes de leyendas maravillosamente ilustrados por artistas que dan el do de pecho en cada página, con la explicación clásica salpicada de alusiones a nuestros tiempos, tanto en vocabulario como en guiños humorísticos que el lector adulto capta sin problema. La mayor dificultad que presenta su traducción es encontrar el equivalente nacional o regional de los mitos, monstruos y santos del lugar. Estas recopilaciones de leyendas universales tienen cierto carácter enciclopédico y es fundamental el rigor histórico y cultural, donde no caben matices ni aproximaciones.

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Contraportada de Dragones cariñosos, Oniro, 2008

Las pequeñas y grandes fábulas de Sofios, de Michel Piquemal

 60 fábulas para introducirse de manera sorprendente en el mundo de la filosofía.

Sofíos es un anciano maestro filósofo que inventa infinidad de fábulas cargadas de humor para sus jóvenes pupilos. Impregnadas del sabor de distintas culturas, estas sesenta historias inéditas hacen que nos planteemos qué sentido damos en la actualidad a las nociones de libertad, de respeto a las leyes, de amistad, de diferencia o del destino.

Ficha técnica:
Fecha de publicación: 07/09/2010
128 páginas
ISBN: 978-84-9754-465-8
Código: 39011
Formato: 15 x 19,5 cm. Tomo 1
Encuadernación: Rústica sin solapas
Colección: ONIRO – LA BIBLIOTECA DEL SABER
Traductor: María José Furió

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Dragones cariñosos, de S. Chausse y Ph.-H. Turin

 

Dragones cariñosos es el título que en Editorial Oniro han puesto a mi traducción de Tendres Dragons. “Cariñosos” tiene su qué, pues resulta irónico sobre el dibujo de la portada, donde se ve a un efusivo dragón dándole un besazo a un intrépido caballero. Pero yo prefiero “tiernos” porque es un sentimiento de ida y vuelta: los dragones nos inspiran ternura (?) y son tiernos en su comportamiento. Francamente, ¡¡¡nunca imaginé que llegaría a escribir una frase semejante!!!
Me gusta mucho traducir para un público joven e infantil porque sé lo importantes que son el tono y  la expresividad, además de la originalidad de las historias, dos de los ingredientes que más ayudan a que se apeguen a los libros.
Las ilustraciones de Philippe-Henri Turin son sensacionales, y los textos de Sylvie Chausse tienen realmente gracia, sin renunciar nunca al rigor. Lo recomiendo. Un regalo. (Abajo, la contraportada: ¡¿a que sí?!)




Editorial: ONIRO

ISBN: 978-84-9754-327-9 /
Tipo de edición: CARTONE /
Año de edición: 04/2008
Páginas: 200