Tiros, disparos, pistoletazos…

Marie-Henri Beyle, 1783 – 1842, más conocido como Stendhal. Escritor francés del siglo  XIX. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

 

Fernando Iwasaki, escritor y ensayista peruano afincado desde hace décadas en Sevilla, es un amante de la obra de Stendhal, y me consta que especialmente de La cartuja de Parma, así que no ha de extrañarnos que le dé vueltas a las versiones más o menos canónicas de expresiones o frases célebres como este coup de pistolet au milieu d’un concert. El 13 de junio, en la revista de domingo de El País se publicó el artículo que titula este post; en él el autor de Las palabras primas reflexiona sobre diferentes versiones, demostrando una vez más que es uno de los pocos escritores en español que lee mucho y bien tanto a clásicos como a contemporáneos.

Vale la pena explicar cuál fue mi propuesta, pues por restricciones de espacio la mención a mi opinión queda reducida a que pistoletazo no me convence. Veamos primero cómo me plantearía trabajar el estilo de autores de otra época y del calibre de Stendhal.

  • Creo que hay que traducir teniendo conocimiento del contexto, por eso he buscado el original en la página francesa de Gallica -donde están escaneados facsímiles de miles de textos.
    Texto original de La Chartreuse de Parma:
    https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k113410t/f404.item.r=pistolet

    Es importante conocer el estilo y el tono general. Suelo evitar las rimas internas, aunque aquí en francés son muy evidentes: Littéraire (er) pistolet/concert, grossier/refuser. 

    Te envío varias propuestas; 
    La primera es la que me parece más cercana al original. Empieza con el complemento circunstancial para marcar un énfasis y a continuación dar la frase “para el recuerdo”, es decir para la cita. “Pistoletazo” no me gusta mucho pero desde luego conviene a la época. “Quelque chose de grossier” es literalmente “algo grosero“, pero prefiero “grosería” porque además recuerda otro tópico, el que afirma que es una grosería hablar de política/religión/dinero/sexo en la mesa. Como estos son los temas de la literatura, entiendo la frase como una paradoja irónica. 
     
    La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention.  

    * En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que sin embargo no es posible negarle nuestra atención. 

    * La política en​ una obra literaria es un disparo en medio de un concierto, burdo estampido al que sin embargo es imposible no prestar atención.  

    En la segunda propuesta mantengo el orden del original, con el CC después del sujeto, pero cambio pistoletazo por disparo ; ahora bien, como falta la sonoridad de la pistola, he probado con “estampido” y cambiado la frase negativa, muy habitual en francés, por la forma afirmativa “es imposible” seguida de la negativa (no prestar atención).
    En lugar de estampido, he pensado en detonación, pero si optaba por esta iba a encontrarme con las famosas rimas detonación/atención y lo he dejado al margen. 

  • En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que, sin embargo, no podemos rehusarle nuestra atención.

    La tercera es muy parecida a la primera pero he traducido “refuser“: rechazar, negar por rehusar, ​que mantiene el estilo
    general. 
    • …algo grosero/obsceno y a lo que sin embargo no es posible negarle la atención.  

en esta última variante he probado con  “obsceno” porque significa algo fuera de lugar, que es de lo que está hablando Stendhal; he mantenido la copulativa, porque aquí sí es correcto, es decir porque separa sintagmas diferentes;  
En conclusión: siempre me planteo varias alternativas con este tipo de texto. Es una combinatoria, pero la decisión la tomo cuando tengo el texto completo para quedar cerca del original sin que chirríe al oído. 

Tiros, disparos, pistoletazos

Me refiero a Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V (1997) y Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela (2008). Ambos libros son brillantes y del todo recomendables, aunque el cometido de estas líneas no es comentar sus contenidos, sino advertir la simetría de unos títulos inspirados en distintas traducciones de una misma novela.

Así, en el capítulo XXIII de La cartuja de Parma, mientras Bruno le informa a la duquesa Sanseverina del fallecimiento del príncipe, el omnisciente narrador se permite la siguiente reflexión: “La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention”. La primera traducción al español del libro la realizó Manuel G. Morente en 1917 para la benemérita editorial Calleja y aquel pasaje quedó así: “La política, en una obra literaria, es como un pistoletazo en medio de un concierto, es una grosería a la que, sin embargo, no se puede negar atención”. La frase es tan sencilla y su mensaje tan plástico que podemos concentrarnos en las diferentes versiones de la afirmación principal interpretadas por los mejores traductores de Stendhal al español.

Así, a vuelapluma tenemos: “En una obra literaria, la política es como un pistoletazo en medio de un concierto” (Josep Farran y Mayoral); “La política en una obra literaria viene a ser lo que un tiro en un concierto” (Manuel Machado); “Hablar de política en una obra literaria produce el mismo efecto que disparar un pistoletazo en medio de un concierto sublime” (Augusto Escarpizo); “La política, en una obra literaria, es como un disparo en medio de un concierto” (Antonio Vilanova); “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto” (Consuelo Berges), y “La política, en una obra literaria, es como un disparo en mitad de un concierto” (Carlos Pujol). Como se puede apreciar, el estrépito es el mismo, pero gracias a los títulos de sus libros, podemos intuir que Christopher Domínguez Michael leyó La cartuja de Parma en la traducción de Machado —que no circuló en España hasta que Espuela de Plata la publicó en 2018— y Belén Gopegui en la de Consuelo Berges, porque además incluyó la cita literal como epígrafe de su ensayo.

Afinar para traducir

El asunto no es baladí, porque estaríamos quitándole importancia al trabajo de los traductores literarios, noble especialidad que deseo reivindicar en estos tiempos de dispensadores macarrónicos premunidos de inteligencia artificial. Y si una frase tan sencilla consiente tiros, disparos y pistoletazos, reconozcamos la enorme dificultad de traducir ensayo, poesía o narración. A la traductora María José Furió —por ejemplo— no le agradaría usar “pistoletazo”, pero entiende que por la época y el contexto era la opción más razonable. ¿Tanto hay que afinar para traducir? Rafael Accorinti —traductor del inglés al español— ha reflexionado al respecto para explicar la diferencia que existe entre traducir The Sound and the Fury (1929), de William Faulkner, como “El sonido y la furia” o “El ruido y la furia”, así como por qué A Room of One’s Own (1929), de Virginia Woolf, sería más apropiado traducirlo como “Un cuarto propio” en lugar de “Una habitación propia”. El título que la escritora Remedios Zafra eligió para su ensayo Un cuarto propio conectado: (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo respalda la traducción de Borges y la reflexión de Accorinti.

Éloge de la traduction: Des voix dans le choeur

 


Un documental de 2017 que puede verse como una clase –por partida triple– de traducción de poesía de primerísimo nivel. Está en francés con lecturas y comentarios de textos de los idiomas desde los que traducen: ruso, italiano y griego.

«No es nuevo el intenso interés de Henry Colomer por la literatura, un interés que impregna su obra y se hace patente tanto en sus retratos de escritores de los siglos XIX y XX como en los documentales dedicados a dar luz a la relación de un autor con su traductor. En Des voix dans le choeur (Voces en el coro), distinguido por una estrella en la SCAMP, un trío de traductores asumen el protagonismo: Sophie Benech, Danièle Robert y Michel Vokovitch. El espectador se convierte en oyente privilegiado de sus dudas, vacilaciones y hallazgos.»

Más información (en francés) sobre los traductores aquí:

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Diario de traducción

 

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Traductor después de pelear con un texto imposible

¿Habéis llevado alguna vez un diario de traducción? Es decir, el proyecto de poner por escrito una serie de anotaciones –manteniendo un orden temporal más o menos continuado–, con los problemas, dudas, alternativas y soluciones que van surgiendo a la hora de traducir un texto concreto.
No lo he hecho nunca hasta ahora, confiando siempre en que, al repasar un determinado  texto traducido tiempo atrás, la memoria actualice los escollos, obstáculos más o menos insalvables que planteó el libro, el género o el idioma. Pero he estado leyendo el Diario de una traducción que el escritor y traductor Ramón Buenaventura publicó en la revista del Cervantes, El Trujamán, sobre Las correcciones, la voluminosa novela que lanzó a  la fama al norteamericano Jonathan Franzen,  y he pensado que no es mala idea ir tomando nota de las reflexiones que vaya planteando el proyecto en el que esté trabajando. Lo habitual, y me figuro que es algo que hacemos la mayoría, es escribir en notas al margen observaciones, incluir enlaces, subrayar dudas y proponer variantes o sinónimos por si en la lectura de revisión lo que ahora parece natural termine chirriando al oído o sea obviamente erróneo.

En el Diario de Ramón Buenaventura se ve que hasta el más experto conocedor de los recovecos del idioma de partida, el más curtido en el oficio de traducir, el más lanzado en la invención de neologismos, llega a sudar la gota gorda por las diferentes restricciones que acompañan a la tarea. En su caso, el veto del autor a cualquier coletilla de explicación a la infinidad de información totalmente extraña al lector español.

Para el traductor que da clases o participa en seminarios, congresos, talleres, estas anotaciones han de ser un material muy útil. Y cuando pasan los años, estas notas ofrecen una imagen del método o rutinas empleados, también de los medios disponibles. En el diario que comento, dado que la traducción es de 2004, internet había avanzado pero no todos los traductores tenían el nivel -o la banda ancha– para acceder a los recursos más especializados.

Lo interesante de un diario de traducción como el de R.B. es, dada su extensión, los ejemplos de soluciones encontradas para expresiones, frases de sintaxis enrevesada, y, desde luego, la lista de diccionarios, glosarios, sitios especializados en diferentes temáticas y materias.

Es probable que cuando traducimos un libro a partir de un idioma en el que nos encontramos cómodos, o de una temática o género con los que estamos familiarizados, tendamos a relajarnos frente a algunos aspectos de la traducción y trabajemos en modo automático. Sería un ejercicio provechoso, teniendo algo de tiempo por delante, examinar cómo hemos resuelto tal aspecto: expresiones hechas, el uso característico de los tiempos verbales del autor, los diálogos cuando el original es anglosajón, o los cambios en el registro verbal cuando se dan. Puede ser interesante “auscultar” qué inercias hemos creado y si es necesario y factible rectificarlas.

©Foto: Jack Nicholson en Chinatown, de R. Polanski

 

37 Assises de la Traduction Littéraire: Image / Parole

 

Au commencement était l’image…
Après quelques jours de travail acharné, nous sommes fiers de vous présenter le programme de l’édition en ligne des 37es Assises de la traduction littéraire !
À télécharger par ici :
https://bit.ly/34TYKqL
Cette édition se déroulera, du vendredi 6 novembre à 15h45 au dimanche 8 novembre à 17h15, en direct de notre chaîne Youtube TV ATLAS retransmise sur notre site sous la forme d’un “live streaming” en accès libre avec :
• des présentations et transitions autour des événements et une clôture de l’édition sur un plateau en direct, que nous sommes en train d’aménager dans la Bibliothèque du CITL !,
• des entretiens préenregistrés, de 15 à 20 minutes, diffusés dans le fil de ce live,
• en soirée, des lectures diffusées en audio sur notre SoundCloud Radio ATLAS. 14 ateliers de traduction et d’écriture se dérouleront par visio-conférence Zoom, sur inscription payante via la billetterie en ligne accessible depuis la page des 37es Assises. Bon festival à toutes et à tous !

Presentación de las 37 Assises de la Traduction Littéraire, que todos los años se celebra en la ciudad francesa de Arles, en la Casa del Traductor, Espace Van Gogh. Este año, por razones de pandemia y otros terrorismos, la edición tiene lugar en línea.
Es posible seguir en directo las distintas entrevistas e intervenciones o talleres desde Youtube en el propio canal de
TV Atlas .

“La traducción, un mal necesario”, por Beatriz Badikian-Gartler

Hoy traigo un artículo muy interesante publicado por el blog del Club Traductores de Buenos Aires, que a su vez se hace eco de su publicación en la (no menos) interesante revista Latin American Literature Today (de la Universidad de Oklahoma).

Me parecen brillantes y muy bien desarrolladas sus reflexiones en torno al papel de los idiomas en entornos de explotación y de subalternidad, que ilustra con anécdotas de su experiencia familiar y profesional, y citas de autores –Derrida, Deleuze, Gayatri Spivak…– que suelen considerarse confusos, sin serlo, como se demuestra en este caso, al hacerlo en el contexto adecuado, el de los Estudios Culturales y la Teoría poscolonial.

Beatriz Badikian-Gartler
Beatriz Badikian-Gartler

«Mi carrera como traductora comenzó el 28 de febrero de 1970 en Nueva York, en el Bronx, para ser exacta. Puedo dar la fecha con tanta precisión porque ese fue el día en que llegué a Estados Unidos y aterricé en el Aeropuerto Internacional Kennedy, donde me recibieron parientes a los que nunca había visto que me llevaron al Bronx. Mi madre y mi padre fueron mis primeros clientes. Me pedían constantemente que les tradujera. De Nueva York a Los Ángeles y de Los Ángeles a Chicago, donde finalmente nos afincamos nueve meses después, cada vez que íbamos de compras, cada vez que necesitábamos indicaciones para llegar a alguna parte en autobús, cada vez que sonaba el teléfono en casa, yo tenía que traducir, frase tras frase, del inglés al griego y del griego al inglés. No importaba que apenas pudiera pronunciar ese idioma nuevo ni mucho menos entender a los “americanos” que hablaban rápido, a menudo mascullando entre dientes, tragándose a veces las palabras. Según mi padre, yo había estudiado inglés durante diez años en Argentina antes de llegar a Estados Unidos, de modo que tenía que estar en condiciones de hablarlo con fluidez, entenderlo a la perfección y servir de algo por una vez en la vida. Desde ese primer día, tuve que traducir para amigos, parientes y desconocidos; para jefes y profesores y alumnos, sobre todo del inglés al español y del español al inglés, y a veces entre el inglés y el griego.»

Continúa leyendo…      (pincha aquí)

(** música de jazz para amenizar la lectura)

Il faut coucher avec le dictionnaire …

 

Hélène (Romy Schneider), traductora de alemán a francés en la película de Claude Sautet, Les choses de la vie (Las cosas de la vida), consulta con su amante, Pierre (Michel Piccoli), la traducción de cierta palabra. Contaba en sus memorias la escritora danesa Isak Dinesen que cuando era muy joven, y se disponía a viajar a Francia, le dijeron que la mejor manera de aprender un idioma es “coucher avec le dictionnaire”, acostarse con el diccionario, es decir echarse un amante del lugar… Estamos hablando, naturalmente, de lenguas vivas.

Como es de esperar, la palabra elegida en el diálogo no carece de sentido: mentir/fabular/affabuler/mentir…

porque nos encontramos en el mundo de la ficción, el territorio de todos los lost in translation.

 

Versión en francés de “Memoria sobre la pampa y los gauchos”, de Paul Lequesne y Julia Azaretto

Portada de la versión francesa publicada por la editorial suiza héros-limite

A finales del año pasado publiqué en el blog del Club de traductores literarios de Buenos Aires una larga nota sobre la versión francesa de Memoria de la Pampa y de los gauchos, de Adolfo Bioy Casares, realizada al alimón por Paul Lequesne, que se introduce así en la traducción del español después de una extensa trayectoria haciéndolo del ruso, y Julia Azaretto, argentina afincada en Francia, donde imparte sus cursos en la Universidad de Grenoble.

«Un libro traducido parece formado por tres lados al menos: los que ocupan, respectivamente, el escritor, el traductor y el lector. Al hablar de esta Mémoire sur la pampa et les gauchos, obra de la argentina Julia Azaretto y el francés Paul Lequesne, publicada por la pequeña editorial ginebrina héros-limite, a partir del original del escritor y fotógrafo argentino Adolfo Bioy Casares, en su mítica edición de 1970 en la porteña Editorial Sur, empezaré refiriéndome brevemente a mi parte.

Como lectora española, el gaucho evoca, más que la figura histórica o folklórica, la figura simbólica, el mito, un exotismo teñido de valor y fatalidad. Se nutre de las lecturas universitarias del Martín Fierro y Don Segundo Sombra, de los gauchos en Borges y su versión en Piazzolla & Medina Castro. Lo previsible se “airea” con el plus posmoderno de Fogwill en Los cantos de marineros en la pampa.

De esta incursión superficial en el mundo y paisaje del gaucho se aparta un reportaje de fotografía realizado por el hispano-argentino Diego Alquerache, que con el título Jinetes del horizonte circuló en 1998 por diversas salas de exposiciones. El reportaje constaba de quince imágenes a todo color, una síntesis de un viaje acompañando a los gauchos a lo largo de varios miles de km por Argentina. Alquerache reflejaba la vida nómada e ilustraba el mito en una versión moderna que aunaba lo deportivo –la destreza del jinete sobre el caballo—y lo poético –el horizonte, la vida al aire libre, las fronteras diluidas. Era obvio para el espectador que el fotógrafo también había montado a caballo y compartido tiempo, atmósferas, rutinas con los vaqueros del sur. Las fotografías se acompañaban de una versión expresamente fabricada para ciegos: mediante un complejo proceso técnico, las imágenes se transformaron –podríamos decir “se tradujeron”– en líneas y siluetas en relieve que, trasladadas a un soporte sólido, permitían a los invidentes verlas a través del tacto; una breve explicación en braille aportaba información periodística.

La exposición parecía contener un doble mensaje, no previsto por el fotógrafo: además de la voluntad de acercar a un colectivo por definición expulsado de los géneros visuales, se podía pensar que el espectador común tendría una percepción bidimensional de la experiencia del fotógrafo y de los gauchos, enriquecida quizá por alguna memoria personal de la pampa y sus habitantes; en cambio, el que se acercara mediante el tacto a los paneles para invidentes, adquiría una experiencia corporal directa, de piel. Aunque incompleta, la sugerencia de que al mundo del gaucho y la pampa había que conocerlo con todo el cuerpo, quedaba sugerida por esa paradoja invitación a los ciegos, a hacerse ciego para entrar en el volumen abstracto de la pampa.

Me acordé de esta exposición y del apetito de aventura que provocaba al leer la versión francesa de Paul Lequesne y Julia Azaretto y, sobre todo, cuando Paul me relató por escrito cómo consiguieron forjar el método que dio por resultado ese “tercer traductor” que es la suma de sus dos biografías, culturas, trayectorias y querencias del idioma, gracias al cual pudieron dar por buena la versión hoy publicada. Cómo esas escasas páginas requirieron una inmersión en el mundo de los caballos, de la vestimenta del gaucho, reclamar y seleccionar las fotografías con que ilustrar la Memoria, es decir zambullirse en un mundo material para encontrar las palabras más exactas. Curtido en la traducción del ruso al francés, a Paul Lequesne se le presentaron los habituales falsos amigos. De esto y de más cosas habla en sus notas, que traduzco del francés: »

sigue aquí: http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com/2019/12/bioy-en-frances-para-ir-despidiendo-el.html

Entrevista al traductor Mario Domínguez Parra en Arte – sanías

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Mario Domínguez Parra es un traductor vocacional que se ha especializado en la traducción de griego a español, sobre todo de poesía. En una muy interesante y breve entrevista, el también traductor José Aníbal Campos se interesa por su trayectoria, su perfil en medio de magmático universo de nuestra profesión y sus aspiraciones.

Mario ha escogido una porción de la cultura griega que supone también un empeño de dar a conocer a las editoriales de nuestro país o del ámbito hispánico que el autor traducido por su iniciativa puede abrirse un espacio de atención en nuestra cultura. Pese a que hoy es un país pequeño y sometido a la dictadura del ultraliberalismo, y su cultura nos llega apenas, pese a la cercanía geográfica y a los vínculos mediterráneos, Grecia ofrece facetas variadas que Mario Domínguez Parra se propone explorar, seleccionar, traducir y presentar al lector español.

Respuesta a la pregunta sobre sus aspiraciones:

«Uno de los proyectos que quiero llevar a cabo es el de la traducción de testimonios de judíos griegos que sobrevivieron a la Shoah. Ya traduje un libro de Savas Mijaíl, un escritor judío griego, sobre Amanecer Dorado y la carta de un superviviente judío griego de la Shoah, Roby Varsano. Me interesa sobremanera esa otredad griega casi en su totalidad exterminada por los nazis y por griegos cristianos colaboracionistas.

Tengo la sensación de que mi cometido como traductor del griego será (ya lo ha sido, de hecho) el de difundir voces desconocidas en el ámbito castellanoparlante. Casi todos los grandes autores griegos del siglo XX ya han sido bien traducidos (en traducciones directas del griego, no a partir de traducciones a otros idiomas, como ocurría hace décadas) y difundidos. A mí me queda difundir a los que no lo son, tanto los considerados clásicos (me refiero a los del siglo XX) en su país como los que escriben y publican en la actualidad. Lo he hecho, tanto con consagrados como con jóvenes que comienzan su andadura literaria»

Continúa leyendo la entrevista en: Prêt-à-Portrait

 

Traducir a bofetadas

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Todo joven traductor debería saber que su éxito profesional no dependerá tanto de su buen hacer ni de sus especiales conocimientos como de tener suerte y mano izquierda para lidiar con situaciones del todo ajenas a la filología y a las teorías de la traducción. Insisto mucho en el marco legal porque me he dado cuenta de que es el único paraguas que guarece a los profesionales autónomos.

            Hice mis primeras traducciones cuando trabajaba en el Departamento de Estudios y de Prospectiva de la Televisión (TV3), eran de francés o italiano a catalán y versaban sobre la actualidad del mundo audiovisual. Soy de carácter muy independiente y alérgica a los jefes, y así decidí vivir de mi pasión literaria en español. Al terminar mi contrato y liquidar cuentas, lancé currículums a diestro y siniestro. Tras un año como lectora en Seix Barral, Gimferrer me dio una novela a traducir: arranqué nada menos que con 470 páginas, a una tarifa ofensivamente baja -la mitad de lo que cobraban los profesionales–, so pretexto de mi bisoñez. El argumento de esta novela narraba las andanzas de un tal Boro Borowicz, claramente inspirado en el fotógrafo de guerra Robert Capa, con sus amoríos y peripecias en «la convulsa Europa de los años de ascensión del nazismo en un telón de fondo colorista e insólito». Sudé lo mío para traducir algunos párrafos, sobre todo cuando no lograba resolver mis dudas con una colega experta, que se limitaba a aconsejarme: «¡Tienes que decir lo mismo, pero como lo dirías con naturalidad en español!».

Aunque ardía de ganas por que llegara ese momento en mi vida que me permitiera pronunciar con naturalidad frases del tipo: «empuñó la pistola con ademán feroz conminándolos a abandonar la lujosa estancia», me alegró que se presentara la ocasión de traducir una sofisticada nouvelle en homenaje al poeta cordobés Luis de Góngora. Por razones que no vienen el caso, el veterano editor francés–novelista y traductor muy prestigioso–, había dejado languidecer el libro y no podía recurrir al experto en quien pensaba al principio. El tipo estaba en bragas y yo sabía por el pintor que ilustraba la nouvelle a traducir que el escritor estaba impaciente por ver resultados. Acordamos que me ocuparía de traducir el texto a un español sin adornos para que luego adaptara él las evocaciones de poesía barroca española y los ecos de prosa vanguardista francesa a lo Mallarmé, y que contaría con mi excelente español para decidir entre matices, no incurrir en el pastiche, etc., en definitiva para evitar el ridículo. Por humillar a su mujer, con la que estaba en un tris de separarse, me pidió que repasara con ella una traducción de un narrador belga, Pierre Mertens, versión que me pareció impecable. El editor se encontraba en esos momentos peleado con media humanidad –la humanidad femenina— y trataba de captarse el favor de la otra mitad, que respondía a sus anhelos según la intensidad de los intereses literarios que les unían. Así fue que el escritor francés puso el grito en el cielo cuando el Gran Traductor –que aún no había puesto una sola coma en su texto– le envió parte de mi versión española, como él había pedido, es decir lacia pero fidelísima en significado, anunciándole que empezaba la tarea: el superhéroe salía al rescate de la belleza y el arte. Indignada por una vileza tan femenina de parte de este sujeto, luego me negué a aplaudirle los hallazgos de estilo de su traducción. Sin duda, ver cómo traducía en voz alta era un espectáculo, pues era creativo, audaz y tenía una larga experiencia y una reputación asentada con autores latinoamericanos del boom, algo que yo no sabía entonces pero no me extrañó cuando muchos años después me enteré por un prólogo dedicado a uno de esos celebérrimos autores.

Volviendo a la traducción del exquisito francés, debo añadir que al espectáculo de la lengua culta del barroco se añadía el muy  vulgar de las discusiones matrimoniales que interrumpían demasiado a menudo la tarea, cuando trabajaba en casa del traductor. Quienes no conocen el estilo francés de la pelea matrimonial tienen una versión precisa en la 5ª temporada de la serie de televisión Mad Men: irrupciones repentinas en la sala, frases trágicas como si estuviesen interpretando alguna obra de Racine, reproches por vejaciones y agravios ocurridos en la noche de los tiempos, mutis por el foro dando portazos y algo de argot. Igual en todo, sólo que los míos iban en ropa de cama. El gato de la casa, que perdía pelo a mechones por culpa del estrés reinante, acudía a refugiarse en mi regazo y desde allí presenciaba, me figuro que tan alucinado como yo, la grotesca representación.

            El traductor empezó a coger carrerilla y ya sólo aceptaba su versión, aunque se apartara del significado original y solo conservaba el ritmo de la frase. Pero había que mantener el famoso hipérbaton gongorino sin que sonara a francés y me correspondía defender el español. Aburrida de histrionismos verbales, indignada por la deslealtad y mala fe de este sujeto, al que yo había salvado de quedarse estancado y a solas  con la histérica de su mujer, presenté mi dimisión y en los quince días previos a mi propio mutis por el foro el traductor-editor, estupefacto hasta lo más hondo de su ser, pues al parecer nadie había tenido nunca una reacción de dignidad  semejante –según se decía, solían arrojarse por el balcón al poco de tratarlo, incluso literalmente–, estuvo sosegado y así se logró que el texto español llegara a buen puerto, es decir que hubiera una versión que pudiera darse por terminada.

Amenazó con borrarme de los créditos y atribuir la traducción a un «colectivo», pero no se dio bastante prisa y en portada quedó mi nombre. Os lo traduzco, para los que no tengáis aún experiencia suficiente en el sector: si vemos escrito «traducción colectiva», en lugar de los nombres y apellidos o alias de los traductores, podemos entender que hubo bofetadas.

Una entrevista de Jot Down a las traductoras Marta Rebón y Marilena de Chiara

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De Chiara y Rebón por Jorge Quiñoa

Jot Down publica una interesante y extensa entrevista –en forma de conversación– entre dos traductoras afincadas en Barcelona, Marta Rebón (Bcn, 1976), especialista en la traducción del ruso, y Marilena de Chiara (1980), napolitana que ha traducido a Pirandello al español y a la artista Angelica Liddell al italiano. Las dos cuentan con una trayectoria muy diversa porque, no nos engañemos, la traducción literaria no da para vivir. Representan a una generación muy cualificada y cosmopolita y, probablemente, a una minoría dentro de su grupo generacional, pues han logrado dar a conocer sus méritos, indiscutibles, y que éstos les sean reconocidos.

Son variados los aspectos interesantes que se abordan en esta conversación. Personalmente, suele atraerme toda reflexión sobre la “construcción” del idioma italiano a partir de los dialectos y la riqueza abrumadora de éstos, que asoma aún en retazos en novelas y en películas. Vivimos un momento especialmente afortunado, creo, en que existe un campo amplísimo por explorar y un nivel de reflexión teórica que, aplicado sobre este amplio territorio, puede dar valiosos frutos, tanto en forma de ensayos históricos como de traducciones rigurosas que hasta la fecha no han encontrado quien las atienda y transmita.

Atención también a la discusión al pie, en forma de comentarios, sobre la calidad, o la falta de ella, de la traducción de Rebón de la obra magna de Vassili Grossman, que la dio a conocer. Los críticos han tenido más de una década para quejarse ante la editorial, actuar profesionalmente indicando errores y hasta posibles soluciones para legitimar su crítica, pero prefirieron dar el espectáculo en la revista, de forma anónima. También resulta llamativa, claro está, que la editorial, que pudo estar informada de las críticas demoledoras publicadas por alguna revista especializada, no emprendiera por su cuenta la revisión en lugar de reeditar una y otra vez esa primera traducción.
Vale decir que no he leído la obra de Vassili Grossman porque no puedo con los rusos de la época soviética.