“L’Outranspo et la traduction créative” par Santiago Artozqui

Dossier traduction Nadeau revista
Foto ©: En attendant Nadeau

 

Santiago Artozqui, traductor y animador cultural, presidente de la Asociación para la Promoción de la Traducción Literaria, es el autor de un interesante artículo en torno a la idea de “traducción creativa” en la revista de literatura En attendant Nadeau. El artículo forma parte de un dossier dedicado a la traducción.

Así arranca la presentación:

«Que se passe-t-il lorsqu’on s’attache à traduire les composantes d’un texte autres que le sens ? L’Outranspo est un OuXPo qui aborde, étudie et pratique diverses formes de traductions à contraintes regroupées sous le nom de traduction créative.»

y el núcleo de la reflexión se formula así:

«on peut adopter une définition de la traduction créative qui nous servira d’hypothèse de travail : Une traduction est dite créative lorsqu’elle vise prioritairement à rendre des composantes d’un texte autres que le sens. Par composantes, on entend ici la forme, le rythme, les références culturelles, bref, tout ce qu’en général le traducteur cherche à restituer en même temps que le sens. Cette dernière précision est importante, car il ne faudrait pas que l’on croie que la traduction se définit comme créative par rapport à d’autres qui ne le seraient pas. Toute traduction est, par essence, un acte de création, et, de même que les oiseaux n’ont pas attendu les ornithologues pour voler, les traducteurs n’ont pas attendu les tenants de la traduction créative pour être créatifs.»

Inspirado por el Oulipo, este movimiento presenta varios aspectos destacables, es un ejercicio creativo y, claro está, de liberación mental. Cuando se traduce asiduamente, se incurre en automatismos, incluso cuando se trata de textos exigentes que obligan a medir escrupulosamente rimas, sílabas, referencias externas o cruzadas, de modo que estas búsquedas de equivalencias abren horizontes. Por cierto que la llamada “sonotraducción” se practica en España, también con fines humorísticos (resultados hilarantes), en los programas de Javier Cadenas (muy chistosas sus traducciones del ruso o del griego) para la radio.

 

Talleres de traducción: Traductores durante un día, en El Trujamán

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Patio del Espace Van Gogh

© Instituto Cervantes Virtual

Desde hace años, la Casa del Traductor de Arles, Francia, desarrolla un trabajo de acercamiento a la ciudad donde tiene su sede en forma de actividades culturales gratuitas. Entre todas ellas, los talleres de traducción «Traductor durante un día» han obtenido una excelente respuesta. Están abiertos a todos los ciudadanos que deseen participar, no requiere conocer el idioma de partida —alemán, italiano, español, portugués— ni al autor traducido. El programa de este año incluye a Andrea Camilleri y Franz Kafka. El taller de español girará en torno a Nada es crucial, del excelente narrador sevillano Pablo Gutiérrez.

En marzo tuvo lugar el taller de italiano, dirigido por Dominique Vittoz, traductora multipremiada del siciliano Camilleri. Su experiencia como profesora universitaria se detectaba en la soltura con que se manejaba entre un grupo mixto compuesto por veinte personas de entre veintitantos y setenta años, a los que animaba a presentarse e indicar su grado de conocimiento de italiano. Coincidían todas las posibilidades: desde quien no sabía una palabra hasta un par de nativos, residentes en Arles o cerca; también, varios estudiantes de italiano, un par de señoras de edad que lo cursaron en su adolescencia y otros con rudimentos fruto de un interés particular. El nexo común era la afición a la lectura y la curiosidad por la experiencia de traducir.

El taller se estructura en tres partes: la presentación del texto, el trabajo en grupos o individual y la puesta en común, con la discusión correspondiente para obtener un texto si no definitivo sí aceptable. La traductora entrega dos juegos de textos: el fragmento en italiano de Il birraio di Preston [L’Opéra di Vigàta en francés], novela de 1995, y un par de páginas con un listado de palabras en dialecto siciliano y expresiones italianas o dialectales con su correspondencia en francés. Acto seguido, lee y traduce en voz alta en francés estándar el sentido del original de Camilleri. El fragmento elegido lo tenía todo para interesar al gran público: una viuda de buen ver conoce en la iglesia, a la que acude religiosamente todos los días, a un apuesto marinero… tuerto. La intriga gira en torno a darle cita al galán cuando un pariente que ejerce de carabina no la deja sola ni a sol ni a sombra.

A disposición de los traductores, Vittoz puso diccionarios de regionalismos, otro de expresiones ilustradas, eróticas, etc., que nuestros diletantes no llegaron a utilizar. ¿En qué consiste entonces la experiencia?

De entrada, se trata de que los arlesianos y habitantes de la región que lo deseen conozcan por dentro el Espacio Van Gogh y el Colegio de Traductores —el aspecto severo del edificio tiene algo de monasterio cerrado sobre sí mismo, si exceptuamos el florido jardín abierto todo el año—. Luego, dar a conocer los rudimentos del trabajo en otro idioma y los interrogantes, desafíos, obstáculos y soluciones que plantea traducir al francés un texto literario concreto. El trabajo en grupos permite aliar distintos grados de conocimiento del italiano —y, naturalmente, también del propio idioma—, de formación académica y hasta bagaje profesional o de otro tipo. Añaden un ingrediente interesante los registros de lengua, jergas y vocabulario propios de cada generación.

El éxito de esta experiencia descansa en la dinámica generada por la «virginidad» profesional de los traductores durante un día. Se enfrentan a un texto sin ninguna de las coacciones, vicios, rodeos o atajos que acotan la tarea del profesional. Salvo el periodo de tiempo cerrado —el taller dura dos horas y media—, tienen entera libertad para poner en juego sus conocimientos del idioma, su inventiva y versatilidad lingüística, descubrir la intriga y retos que entraña ser fiel a un texto dialectal, qué opciones ofrece su idioma para reflejar la posición excéntrica de un dialecto, cuál sería el equivalente francés del siciliano. Mientras Vittoz debe su prestigio a la recreación del lenguaje de Camilleri mediante una combinación de vocablos de hablas locales y arcaísmos procedentes del francés antiguo, los traductores aficionados no utilizaron los diccionarios de regionalismos quizá porque no pasaron a esa fase de la traducción en que uno comprende que no hay una transposición exacta de un idioma a otro y que debe recrear el sentido. Lo creativo de estos talleres está, sobre todo, en confrontar la profesionalidad de una traductora avezada con el entusiasmo y la curiosidad de adultos que ignoran los gajes del oficio. Seguramente, estos polos opuestos marcan el punto de coincidencia del máximo entusiasmo: el de quienes han de descubrir la tarea de traducir sin presiones profesionales y el de la experta que ha adquirido con su práctica la libertad de rebasar y expandir las fronteras del idioma.

Traducciones remix de Chejov: ¿la crisis de la palabra? (1) en El Trujamán

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Chejov

Ver en Instituto Cervantes Virtual

Los traductores de obras teatrales se lamentan con cierta frecuencia de no ser tratados como autores porque su trabajo se toma como punto de partida, no de llegada, para la obra que se representará en el escenario, con las consecuencias que este desentendimiento tiene sobre sus ingresos y el control de la versión final. Protestan por la condición de proveedores de servicios que se les atribuye sin respeto a su autoría. A veces, surgen situaciones de apropiación de textos traducidos para el escenario que esclarecen la colisión entre formas opuestas de entender la construcción de personaje y hasta la importancia de la palabra.

Françoise Morvan y André Markowicz, dos traductores franceses que han trabajado conjuntamente en las versiones de Chejov para su publicación y para montaje teatral —La Gaviota; Tío Vania; Las tres hermanas; El jardín de los cerezos—, relataban la crónica de sus desventuras en torno a su versión al francés de La gaviota. Markowicz parece temperamental y prolijo; el detalle con que se explaya en la afrenta sufrida invita a reflexiones sobre el cambio de paradigma cultural entre la generación de los millennials.

Todo arranca cuando una actriz de teatro veinteañera escribe a Markowicz solicitando candorosamente que le aclare un pasaje relativo a Nina, protagonista de La gaviota, que no consigue comprender (por falta de cultura). Al traductor no le choca la duda de la joven sino que ella utilice para su ejercicio de composición del personaje varias traducciones a la vez, aunque «prefiera» la de Markowicz para Nina. La crónica contiene una reflexión del traductor, más ofendido conforme acumula argumentos encima de la mesa, sobre esta traducción suya preferida por la no del todo despistada joven actriz, en torno a la idea de propiedad intelectual de las traducciones porque él y Morvan realizaron un trabajo de edición en el que «reconstruyeron, frase a frase, según las variantes de la edición académica rusa, el texto en su versión original, tal como Chejov lo concibió antes de que fuera llevado al escenario; el resultado es una Gaviota aún inédita en cuanto tal en ruso».

Los estudiantes de interpretación —dos o tres por escena— hacen un remix de traducciones, incluyendo la de Antoine Vitez, porque el objetivo perseguido al elegir a Chejov es la interpretación interior —jeu intérieur— por sugerencia de los profesores. Aquí Markowicz pone el grito en el cielo preguntándose por el criterio que les guía para elegir la versión más conveniente. ¿El criterio del «yo, tal como soy, según mi vida»?, es decir, un enfoque de identificación más bien ingenua con el personaje. El traductor pide que transmita su «indignación» a los profesores, a los que acusa de ignorarlo todo del concepto de autoría de las versiones traducidas. La actriz alega que la escena o el pasaje elegido por los actores sirven de «material» para que éstos puedan vivir emociones intensas. Pretenden someter a prueba la interioridad del actor a través de Chejov, para ello se les pide que inventen un pasado ficticio al personaje, un recurso habitual de las escuelas de actores que al traductor enoja sobremanera. Según él, según Chejov, argumenta, no hay nada que inventar antes ni después ya que «todo está en el texto»:

Así que la traducción es un material de partida para qué, bueno, depende, para buscar emociones internas intensas, para ayudar a la actriz a construir su papel, un papel sin palabras, sin texto, sin idioma ya que, está claro, se sitúa en lo «sentido»…

Es el berrinche de un traductor celoso de su trabajo de preparación y fijación del material, pero también algo más interesante: la forma de entender el teatro sustentado en el texto y en unos actores que lo encarnan con precisión contrasta con otra visión que separa teatro y palabra, donde ésta llega a ser en ocasiones un estorbo. La biografía de Roland Barthes, de Tiphaine Samoyault, se refería a la experiencia de actor de teatro clásico de un joven Barthes que enfatizaba la función dominante de la voz. Según él, el actor era prácticamente una voz y se sometía a la cadencia de la frase: era sobre todo, y por encima de todo lo demás, un texto. Los jóvenes actores buscan esas emociones intensas que expresarán corporalmente, lo cual es situarse en la posición contraria de Barthes o de Markowicz, quien parece haberse formado en esta escuela que santifica la palabra y considera el texto un fin en sí mismo. Critica que, para los profesores de la escuela de teatro, existe una entidad, «una idea absoluta llamada Nina» cuando es solo y únicamente texto y, por ende, el que él ha elaborado a partir del ruso. Está indicando también que incluso el traductor más creativo tiene un límite y éste lo dicta el texto original.

Entrevista a Olivier Mannoni, traductor de Mein Kampf al francés,

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http://www.europe1.fr/emissions/l-interview-verite/mein-kampf-des-raisonnements-deviants-et-pervers-2642099

Olivier Mannoni, prestigioso traductor de alemán al francés, es el autor de la última versión del libro de Adolf Hitler, Mein Kampf (Mi lucha). La anterior versión era de 1934. De forma muy sintética, Mannoni establece la necesidad de esta nueva traducción, tanto sobre la terminología, el tipo de francés utilizado, sin olvidar las modernas formas de abordar un texto.

El proyecto ha causado cierto escándalo, el traductor defiende su interés para los historiadores, a lo que se añadirá un estudio anotado que añadirá contexto y cruce de textos y de reflexiones.

Considerando los últimos acontecimientos en Francia, el libro de Hitler puede contribuir a esclarecer el origen de los peligrosos titulares y manifestaciones de determinadas personas y grupos ligados a la extrema derecha.

Informe MSF, 1995 – Chantilly, un mañana prometedor

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Añado el pdf del informe dedicado a la reunión celebrada en Chantilly, Francia, de miembros de las diferentes delegaciones de Médicos Sin Fronteras, y que tuve el gusto de traducir para la sede de Barcelona.

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“Cláusulas de contrato enigmáticas”, en El Trujamán del Instituto Cervantes

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Enlace a El Trujamán

Cada editorial puede tener su propio modelo de contrato, por eso prestamos atención a su redacción para no descubrir, si surge alguna situación imprevista, que hemos firmado un contrato con cláusulas en las que no habíamos reparado y que podrían dejarnos sin poder de decisión o de negociación sobre el destino de nuestras traducciones. Algunas cláusulas están redactadas de modo tan enigmático, planteando supuestos no desarrollados, que despiertan la perplejidad o la intriga del profesional y se discuten en las listas de correos. En tales casos se trata de discernir a quién se pretende proteger y de qué, y las hipótesis dibujan el juego de fuerzas, de sospecha mutua, entre editor y traductor. Una de las cláusulas que recientemente presentaba un traductor francés —que es también profesor universitario— decía:

3. 5. En el caso de que el Editor debiera someter la traducción a la aprobación del autor de la obra original, y en el caso de que este último rechazara su publicación, por un motivo distinto de la calidad, las cantidades previstas en el contrato en concepto de anticipo le serán íntegramente abonadas al Traductor, y el Editor podrá utilizar libremente su trabajo en vista a la elaboración de una nueva traducción.

El desconcertado traductor se preguntaba qué cabía entender de esta cláusula, sospechando que el editor podría firmar (o hacer firmar) la traducción rechazada, haciéndola pasar como propia aun siendo él el autor de esa versión previa a cualquier reajuste. Veterano en el oficio, le costaba creer que un autor llegara a rechazar una traducción suya por «baja calidad», aunque, tal como andan las cosas, no podría ya asegurarlo.

Otro veterano traductor, muy aficionado a las historias de misterio, señalaba lo extraño que le parecía el texto, ya que se desprendía que el editor se reservaba un «derecho de plagio»; como dudaba que tal derecho exista, le sugería eliminar sin contemplaciones la frase «el editor podrá utilizar libremente su trabajo en vista a la elaboración de una nueva traducción». Se preguntaba qué otro motivo sino la mala calidad de una traducción justificaría que un autor llegue a vetar su publicación: quizá no quiera que se publique en tal país o, añadía irónicamente, porque al autor no le guste la cara del traductor. Entonces, la versión rechazada sería utilizada como base para una traducción en otro idioma.

Un tercero deducía de la frase «en el caso de que el Editor debiera someter la traducción a la aprobación del autor de la obra original» que el editor se planteaba publicar una versión abreviada. De modo que, si el autor rechazara tales recortes, podrían recuperar la primera traducción para contrastar.

Otra traductora intervenía para responder que el capricho del autor original poco tenía que hacer aquí, y que probablemente el editor buscaba protegerse de antemano después de haberse encontrado antes con este problema: un autor que lee la lengua de llegada y que, sin discutir la calidad de la traducción, se opone a su publicación porque el resultado no es fiel a su estilo; o el editor se las tiene con un autor quisquilloso o, simplemente, el autor o su agente han pedido que dicha cláusula se incluya por defecto en todos los contratos de traducción.

Según esta traductora, el editor estaba ofreciendo una solución de compromiso al pagar íntegramente el anticipo, pero reservándose la libertad de utilizar el texto traducido para reelaborarlo según los requerimientos del autor hasta la completa satisfacción de éste. Un anticipo íntegro más un trabajo de reescritura resulta más barato para la editorial que pagar solo un tercio al primer traductor (conviene señalar que el autor del original se reserva siempre el derecho por contrato de intervenir y de detener la publicación de la traducción) y encargar una nueva traducción; esta última opción implicaría sumar el tercio pagado y la nueva versión. En definitiva, el editor estaría ganando tiempo, pues tenía la garantía de publicar dentro de los plazos marcados por el contrato y, tal vez, obtener dinero para él; además, garantizaba al traductor cobrar la totalidad de su trabajo.

Otro motivo de rechazo podía ser de carácter político, acotado a países en contextos muy concretos, donde el autor puede pedir que se suavicen o adapten ciertos pasajes para no herir susceptibilidades de las minorías, costumbres, etc.

Teniendo encima de la mesa este conjunto de opciones para interpretar la enigmática cláusula, era buena idea hablar con el editor para aclarar definitivamente los términos del contrato y resolver la situación.

Crédito imagen: http://www.compracloud.com/noticias/5-clausulas-clave-de-un-contrato-de-cloud-computing

Los falsos amigos: “Las babas del diablo” de Julio Cortázar en el Trujamán

Un artículo sobre asuntos de Traducción y literatura evocando a Julio Cortázar y su impresionante relato, Las babas del diablo.

Lo publican en EL TRUJAMÁN, del Instituto Cervantes, hoy 23 de enero. Dice así:

Cortázar y el Sena

«Como sabemos, la definición de falso amigo en traducción alude al error inducido sobre el significado de una palabra parecida en su forma —el significante— a otra del idioma de llegada, que significa algo distinto. Típico ejemplo es el vocablo francés constipation (estreñimiento) y el español constipado. La incongruencia de la frase resultante alerta al traductor del error cometido. Así sucede en el famoso cuento de Julio Cortázar, Las babas del diablo, donde Michel, fotógrafo y traductor franco-chileno afincado en París, sale un 7 de noviembre a callejear con la cámara de fotos. Paseando junto al Sena sorprende en una placita a una pareja desigual —un chico apenas adolescente, una mujer adulta seduciéndolo—, que le inspirará el deseo de fotografiarlos. Habituado a considerar con minucia los detalles, a encajarlos para que signifiquen dentro de un conjunto y lo equilibren, Michel deduce que la escena no corresponde a un encuentro atrevido pero casual entre la mujer atractiva y el chico asustado. Tiene tiempo para observar y sacar conclusiones —«se podía adivinar sin mucho trabajo lo que acababa de ocurrir pocos minutos antes»—, para contrastar su experiencia con lo que ven sus ojos, pero no deja de sospechar de sus sentidos y espera que la cámara Contax confirme o niegue el aura inquietante que él atribuye a la escena. Esa vacilación sobre la autoría del relato —la escena como texto descifrable, como imagen significativa—, y sobre la posibilidad de reproducir fielmente la realidad, articula el cuento, en el que Cortázar despliega una reflexión sobre la traducción y la fotografía, como actividades mediadoras que trabajan con el tiempo, sobre el tiempo, y alteran la realidad.

La desconcertante frase inicial parece introducir al lector en el género fantástico —«Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada»—. Pero conforme avanza el cuento creemos, con Michel, que la cámara se disputa la autoría con el fotógrafo, que ese intrigante «estoy muerto» y esas nubes que «siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros» nos dice que tan imposible resulta una perfecta objetividad —la de la lente— como una total subjetividad, pues la técnica elegida condiciona el resultado.

Michel está traduciendo al francés un «tratado sobre recusaciones y recursos» del profesor José Norberto Allende, un texto que a veces se le resiste y entonces distrae la vista en la imagen de la pareja que ha pinchado en la pared. La máquina de escribir Remington, como la cámara Contax, no pueden por sí solas ni traducir, ni contar lo que sucedió y sucede, ni traducir a Allende. Si quiere ser fiel a la emoción de la imagen o decir tan bien en francés lo que el otro dijo tan bien en castellano, ha de retorcer el lenguaje, ha de subvertirlo: «sus ojos que caían sobre las cosas […] dos ráfagas de fango verde. No describo nada, trato más bien de entender. Y he dicho dos ráfagas de fango verde».

La idea del falso amigo está en el argumento —el hombre del coche negro orquesta «la comedia» para atraer al chico; cuando irrumpe en escena, trastoca su significado—, y también está en el título: los hilos de la Virgen —la solución afortunada: el chico escapa— se llaman también babas del diablo: el desenlace fatal.

La imagen fotográfica y el texto para traducir son umbrales. Con la traducción lleva al presente un texto del pasado, lo multiplica. Y en la foto se petrifica un instante, un pasado que se eterniza en presente. Cortázar pone esos dos tiempos y trabajos en paralelo, y con la intervención del fotógrafo Michel y del hombre del coche escenifica, además, la disputa simbólica entre el traductor y el autor del texto original.

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Fotograma de Blow Up, de Michelangelo Antonioni, inspirada en el relato de Cortázar

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Curso de Traducción francés-español nivel Superior – Instituto Francés de Barcelona

Fachada del IFB – La instalación conmemora el 40 aniversario de mayo del 68

Recomiendo este seminario de Traducción de francés a castellano, que imparte en el Institut Français de Barcelone (IFB) el profesor Alain Miret. Tuve la suerte de asistir en 1999 y fue muy provechoso. Me comentó al hablarme este verano del nuevo curso que ahora traducen también poesía –René Char, entre otros– y que el nivel de los alumnos es muy alto. Una buena manera de no dormirse en los laureles.

Descripción del curso:

Si vous avez un niveau solide en français, ce cours vous permettra, en travaillant des textes de type journalistique ou littéraire en castillan (ou en catalan à la demande) d’approfondir votre connaissance de la langue et les mécanismes de la traduction, exercice  qui requiert une bonne interprétation du texte original et aussi une exploration de votre patrimoine linguistique, de façon à restituer le sens du texte original. Un voyage dans les subtilités de la langue, de quelque registre que ce soit, qu’il s’agisse de la syntaxe ou des mystères du lexique…

Para más información, hay que dirigirse al Servicio de Cursos y Exámenes

INSTITUT FRANÇAIS

Carrer Moià, 8, 08006 Barcelona
http://www.ifbcn.cat
+ 34 93 567 77 70


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Traducción con máquina, no se entiende nada

Un diario como El País no tiene a su disposición traductores, redactores o revisores de inglés a castellano, según se colige del pie de foto que acompaña a la publicada hoy. Horrorizaos… si aún recordáis, como yo, el idioma español.

Zellweger

GTRESONLINE | 27-07-2011
«Por lo menos ya lo hizo en ‘Persiguiendo a Betty’, donde impersonaba a una camarera del Kansas que soñaba con ser enfermera. Y ayer, tras un pedido algo largo en la cadena de cafetería Starbucks, la actriz Renée Zellweger tuvo que recuperar las habilidades aprendidas en el set para llevar a todos los cafés sanos y salvos a su mesa

Pero qué bien ha escrito el nombre de la franquicia de cafés americanos. 😀