Translators on the cover

CAMPAÑA  DESDE THE SOCIETY OF AUTORS  PARA QUE LOS AUTORES  PIDAN A SUS AGENTES Y EDITORES QUE INCLUYAN
EL NOMBRE DEL TRADUCTOR EN PORTADA

Thank you for signing our #TranslatorsOnTheCover letter of intent. The letter has had an overwhelming response with over 1,900 signatories to date and has already had an impact. On 12 October, Pan Macmillan UK announced that, in future, translators will be acknowledged “on the book cover and all promotional materials”.

Your support helped make this happen.

We now need to follow up on the promise we made in the letter by asking our own publishers and agents to put the names of our translators on the front cover of our translated work wherever possible. Do write directly to ask them and copy us in on any responses.

When contacting your agent and publisher, you might find it useful to use a version of the wording below, while also referring to the letter of intent.

To send to your publisher

I wish to ensure that all translators of my work are credited with due prominence. I hope you will agree to use best endeavours when negotiating translation rights to include a clause requiring any licensees to ensure that any licensee prints the name of the Translator along with my name with due prominence on the front cover or dust jacket of all editions of the book in any language, and in all publicity material (catalogues, advertisements, website etc.) concerning it, and that the name of the Translator is mentioned in connection with all reviews of and quotations from the Translation. and shall use their best endeavours to ensure that this undertaking is adhered to in other editions of the Translation and in all sublicenses, if any.

To send to your agent:

I wish to ensure that all translators of my work are credited with due prominence. Please agree to use best endeavours when negotiating translation rights to include a clause requiring publishers and any licensees to ensure that any licensee prints the name of the Translator along with my name with due prominence on the front cover or dust jacket of all editions of the book in any language, and in all publicity material (catalogues, advertisements, website etc.) concerning it, and that the name of the Translator is mentioned in connection with all reviews of and quotations from the Translation and that the publishers/licensees shall use their best endeavours to ensure that this undertaking is adhered to in other editions of the Translation and in all sublicenses, if any.

If you, your publisher or agent need specimen wording they can contact The Society of Authors.

And of course, please continue to share the letter. The more authors sign it, the more the publishing industry will take notice.

Again, thank you for getting behind this campaign. Let’s keep the pressure up and drive change throughout the whole industry to ensure that everyone acknowledges the huge debt we all owe to translators and the inestimable value of the work they do.

Ciclo alta traición:Una leal conjura literaria

 

El traductor argentino Ariel Dilon está al frente de este proyecto -que puede seguirse por youtube– , Ciclo Alta Traición, un rico juego de palabras con los tópicos que acompañan la tarea de traducir. Traición, de acuerdo, ¡pero del más alto nivel!
Diferentes traductores eligen un texto que han traducido y explican los pormenores de su interés a cámara… Dilon presenta muy sucintamente el proyecto: BITÁCORAS DE TRADUCCIÓN // Una serie imperdible de registros // Del pasaje de lengua a la puesta en voz, cuerpo e imagen
Presento el de la traductora catalana Dolors Udina que habla de su entusiasmo por el libro de Mireille Gansel, Traduire comme transhumer (Calligrammes, 2012), presenta a la autora y conversa con ella. No está traducido a español, probablemente lo harán en Argentina donde muestran más interés que en España por la reflexión y las memorias de auto-creación literaria.
Leo que, entre los muchos galardones que ha recibido por su tarea, se cuenta el Esther Benítez por su versión del Slow Man de J.M. Coetzee, Home lent. Leí su traducción, también al catalán, del mayor éxito del mismo autor, Disgrace, Desgràcia, y es excepcional. El título en español suscitó alguna polémica, porque lo más próximo al sentido del argumento y de la experiencia del protagonista es deshonra o ignominia, e incluso vergüenza, pero está claro que no tienen una entrada tan fácil en la memoria del lector como la más habitual y literal desgracia

École de Traduction Littéraire – promoción 2022

logo Ecole Traduction Littéraire

L’ École de Traduction Littéraire ofrece un programa de formación muy interesante para traductores en principio de carrera. Un aspecto especialmente atractivo de su oferta formativa es que admite todas las lenguas, con cierta preferencia por las llamadas “raras” -porque son las más buscadas en determinados sectores culturales y sus hablantes o expertos los que probablemente encuentran más dificultad para acceder a una formación especializada.

Su director es el traductor Olivier Mannoni, que no solo tiene una trayectoria muy solvente de traductor a su espalda –él ha traducido el Mein Kampf de Hitler del que se ha estado hablando tanto esta temporada–, sino que también fue presidente de la ATLF (Asociación de Traductores Literarios de Francia) y doy fe de que da la cara por la profesión.

Aquí tenéis el programa en francés: https://asfored.org/etl/le-programme/
Admisión: https://asfored.org/etl/admission/
Modalidades de pago y becas: https://asfored.org/etl/dispositifs-de-financement/

Tiros, disparos, pistoletazos…

Marie-Henri Beyle, 1783 – 1842, más conocido como Stendhal. Escritor francés del siglo  XIX. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

 

Fernando Iwasaki, escritor y ensayista peruano afincado desde hace décadas en Sevilla, es un amante de la obra de Stendhal, y me consta que especialmente de La cartuja de Parma, así que no ha de extrañarnos que le dé vueltas a las versiones más o menos canónicas de expresiones o frases célebres como este coup de pistolet au milieu d’un concert. El 13 de junio, en la revista de domingo de El País se publicó el artículo que titula este post; en él el autor de Las palabras primas reflexiona sobre diferentes versiones, demostrando una vez más que es uno de los pocos escritores en español que lee mucho y bien tanto a clásicos como a contemporáneos.

Vale la pena explicar cuál fue mi propuesta, pues por restricciones de espacio la mención a mi opinión queda reducida a que pistoletazo no me convence. Veamos primero cómo me plantearía trabajar el estilo de autores de otra época y del calibre de Stendhal.

  • Creo que hay que traducir teniendo conocimiento del contexto, por eso he buscado el original en la página francesa de Gallica -donde están escaneados facsímiles de miles de textos.
    Texto original de La Chartreuse de Parma:
    https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k113410t/f404.item.r=pistolet

    Es importante conocer el estilo y el tono general. Suelo evitar las rimas internas, aunque aquí en francés son muy evidentes: Littéraire (er) pistolet/concert, grossier/refuser

    Te envío varias propuestas; 
    La primera es la que me parece más cercana al original. Empieza con el complemento circunstancial para marcar un énfasis y a continuación dar la frase “para el recuerdo”, es decir para la cita. “Pistoletazo” no me gusta mucho pero desde luego conviene a la época. “Quelque chose de grossier” es literalmente “algo grosero“, pero prefiero “grosería” porque además recuerda otro tópico, el que afirma que es una grosería hablar de política/religión/dinero/sexo en la mesa. Como estos son los temas de la literatura, entiendo la frase como una paradoja irónica. 
     
    La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention.  

    * En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que sin embargo no es posible negarle nuestra atención. 

    * La política en​ una obra literaria es un disparo en medio de un concierto, burdo estampido al que sin embargo es imposible no prestar atención.  

    En la segunda propuesta mantengo el orden del original, con el CC después del sujeto, pero cambio pistoletazo por disparo ; ahora bien, como falta la sonoridad de la pistola, he probado con “estampido” y cambiado la frase negativa, muy habitual en francés, por la forma afirmativa “es imposible” seguida de la negativa (no prestar atención).
    En lugar de estampido, he pensado en detonación, pero si optaba por esta iba a encontrarme con las famosas rimas detonación/atención y lo he dejado al margen. 

  • En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que, sin embargo, no podemos rehusarle nuestra atención.

    La tercera es muy parecida a la primera pero he traducido “refuser“: rechazar, negar por rehusar, ​que mantiene el estilo
    general. 
    • …algo grosero/obsceno y a lo que sin embargo no es posible negarle la atención.  

en esta última variante he probado con  “obsceno” porque significa algo fuera de lugar, que es de lo que está hablando Stendhal; he mantenido la copulativa, porque aquí sí es correcto, es decir porque separa sintagmas diferentes;  
En conclusión: siempre me planteo varias alternativas con este tipo de texto. Es una combinatoria, pero la decisión la tomo cuando tengo el texto completo para quedar cerca del original sin que chirríe al oído. 

Tiros, disparos, pistoletazos

Me refiero a Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V (1997) y Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela (2008). Ambos libros son brillantes y del todo recomendables, aunque el cometido de estas líneas no es comentar sus contenidos, sino advertir la simetría de unos títulos inspirados en distintas traducciones de una misma novela.

Así, en el capítulo XXIII de La cartuja de Parma, mientras Bruno le informa a la duquesa Sanseverina del fallecimiento del príncipe, el omnisciente narrador se permite la siguiente reflexión: “La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention”. La primera traducción al español del libro la realizó Manuel G. Morente en 1917 para la benemérita editorial Calleja y aquel pasaje quedó así: “La política, en una obra literaria, es como un pistoletazo en medio de un concierto, es una grosería a la que, sin embargo, no se puede negar atención”. La frase es tan sencilla y su mensaje tan plástico que podemos concentrarnos en las diferentes versiones de la afirmación principal interpretadas por los mejores traductores de Stendhal al español.

Así, a vuelapluma tenemos: “En una obra literaria, la política es como un pistoletazo en medio de un concierto” (Josep Farran y Mayoral); “La política en una obra literaria viene a ser lo que un tiro en un concierto” (Manuel Machado); “Hablar de política en una obra literaria produce el mismo efecto que disparar un pistoletazo en medio de un concierto sublime” (Augusto Escarpizo); “La política, en una obra literaria, es como un disparo en medio de un concierto” (Antonio Vilanova); “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto” (Consuelo Berges), y “La política, en una obra literaria, es como un disparo en mitad de un concierto” (Carlos Pujol). Como se puede apreciar, el estrépito es el mismo, pero gracias a los títulos de sus libros, podemos intuir que Christopher Domínguez Michael leyó La cartuja de Parma en la traducción de Machado —que no circuló en España hasta que Espuela de Plata la publicó en 2018— y Belén Gopegui en la de Consuelo Berges, porque además incluyó la cita literal como epígrafe de su ensayo.

Afinar para traducir

El asunto no es baladí, porque estaríamos quitándole importancia al trabajo de los traductores literarios, noble especialidad que deseo reivindicar en estos tiempos de dispensadores macarrónicos premunidos de inteligencia artificial. Y si una frase tan sencilla consiente tiros, disparos y pistoletazos, reconozcamos la enorme dificultad de traducir ensayo, poesía o narración. A la traductora María José Furió —por ejemplo— no le agradaría usar “pistoletazo”, pero entiende que por la época y el contexto era la opción más razonable. ¿Tanto hay que afinar para traducir? Rafael Accorinti —traductor del inglés al español— ha reflexionado al respecto para explicar la diferencia que existe entre traducir The Sound and the Fury (1929), de William Faulkner, como “El sonido y la furia” o “El ruido y la furia”, así como por qué A Room of One’s Own (1929), de Virginia Woolf, sería más apropiado traducirlo como “Un cuarto propio” en lugar de “Una habitación propia”. El título que la escritora Remedios Zafra eligió para su ensayo Un cuarto propio conectado: (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo respalda la traducción de Borges y la reflexión de Accorinti.

Éloge de la traduction: Des voix dans le choeur

 


Un documental de 2017 que puede verse como una clase –por partida triple– de traducción de poesía de primerísimo nivel. Está en francés con lecturas y comentarios de textos de los idiomas desde los que traducen: ruso, italiano y griego.

«No es nuevo el intenso interés de Henry Colomer por la literatura, un interés que impregna su obra y se hace patente tanto en sus retratos de escritores de los siglos XIX y XX como en los documentales dedicados a dar luz a la relación de un autor con su traductor. En Des voix dans le choeur (Voces en el coro), distinguido por una estrella en la SCAMP, un trío de traductores asumen el protagonismo: Sophie Benech, Danièle Robert y Michel Vokovitch. El espectador se convierte en oyente privilegiado de sus dudas, vacilaciones y hallazgos.»

Más información (en francés) sobre los traductores aquí:

GULLIVER. VIAJE A LILIPUT

portada de la adaptación del Gulliver de Swift. Ilustrado por Julie Faulques

Un clásico para interesar a los críos por la lectura. Seguramente, se puede encontrar en librerías de segunda mano y en fondos de colección.

Vol à vif, de Johary Ravaloson, un capítulo

Johary Ravaloson, Antananarivo, 1965

Ayer se publicó un capítulo de la novela Vol à vif (robo en campo abierto), del autor malgache Johary Ravaloson, en la sección que Mario Domínguez Parra estrena en la revista digital La salamandra ebria. Fue el texto que elegí para participar en el Taller de Traducción Viceversa Francés-Español-Francés, que tuvo lugar en Arles en febrero de 2018.
Ravaloson es un autor interesante, muy conocido en su país de origen, Madagascar, no solo como escritor y animador cultural, también como jurista; sus libros han tenido cierta repercusión en Francia. Aún no ha sido traducido en España. Quizá este capítulo despierte el interés de algún editor, y quiera contactar para darlo a conocer en el área hispanohablante.


VOL À VIF

¡Hazo lava è! ¡Hazo lava!… 

La alarma me sobresalta en medio del silencio imponente del Yshal antes de reconocer la voz de un Razilna lleno de malicia. Está crecida la mañana. Las montañas ocre del macizo brillan como el oro. De lado a lado, hay barrancos que muestran laderas verdes y húmedas, a veces incluso con jirones de bosque primario. Hay arroyos, ríos que corren y vienen a alimentar el río Malio que bordea el oeste de esta tierra de los antepasados convertida en reserva para turistas y ocasional refugio de los dahalo.
—¡Qué tranquilidad!—me dice Razilna, poniéndose en cuclillas a mi lado, sobre mi roca de observación.
—¡Sí!— digo yo.
—¿Todo bien?
—Más o menos. Los cebús están a resguardo. Los hemos llevado casi uno por uno para bordear el primer torrente, con las pezuñas metidas en el agua. Luego hemos trepado a duras penas por las rocas para pasar al segundo. Tibaar está recogiendo las boñigas.
—Siempre queda rastro. No podemos rezagarnos.
—¡Claro! Ranono aún no ha llegado —digo—. ¿Has corrido mucho?
—Ja, ja, ja. No van a recuperar pronto su ganado —responde.

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Traducir a bofetadas

bofeton

Todo joven traductor debería saber que su éxito profesional no dependerá tanto de su buen hacer ni de sus especiales conocimientos como de tener suerte y mano izquierda para lidiar con situaciones del todo ajenas a la filología y a las teorías de la traducción. Insisto mucho en el marco legal porque me he dado cuenta de que es el único paraguas que guarece a los profesionales autónomos.

            Hice mis primeras traducciones cuando trabajaba en el Departamento de Estudios y de Prospectiva de la Televisión (TV3), eran de francés o italiano a catalán y versaban sobre la actualidad del mundo audiovisual. Soy de carácter muy independiente y alérgica a los jefes, y así decidí vivir de mi pasión literaria en español. Al terminar mi contrato y liquidar cuentas, lancé currículums a diestro y siniestro. Tras un año como lectora en Seix Barral, Gimferrer me dio una novela a traducir: arranqué nada menos que con 470 páginas, a una tarifa ofensivamente baja -la mitad de lo que cobraban los profesionales–, so pretexto de mi bisoñez. El argumento de esta novela narraba las andanzas de un tal Boro Borowicz, claramente inspirado en el fotógrafo de guerra Robert Capa, con sus amoríos y peripecias en «la convulsa Europa de los años de ascensión del nazismo en un telón de fondo colorista e insólito». Sudé lo mío para traducir algunos párrafos, sobre todo cuando no lograba resolver mis dudas con una colega experta, que se limitaba a aconsejarme: «¡Tienes que decir lo mismo, pero como lo dirías con naturalidad en español!».

Aunque ardía de ganas por que llegara ese momento en mi vida que me permitiera pronunciar con naturalidad frases del tipo: «empuñó la pistola con ademán feroz conminándolos a abandonar la lujosa estancia», me alegró que se presentara la ocasión de traducir una sofisticada nouvelle en homenaje al poeta cordobés Luis de Góngora. Por razones que no vienen el caso, el veterano editor francés–novelista y traductor muy prestigioso–, había dejado languidecer el libro y no podía recurrir al experto en quien pensaba al principio. El tipo estaba en bragas y yo sabía por el pintor que ilustraba la nouvelle a traducir que el escritor estaba impaciente por ver resultados. Acordamos que me ocuparía de traducir el texto a un español sin adornos para que luego adaptara él las evocaciones de poesía barroca española y los ecos de prosa vanguardista francesa a lo Mallarmé, y que contaría con mi excelente español para decidir entre matices, no incurrir en el pastiche, etc., en definitiva para evitar el ridículo. Por humillar a su mujer, con la que estaba en un tris de separarse, me pidió que repasara con ella una traducción de un narrador belga, Pierre Mertens, versión que me pareció impecable. El editor se encontraba en esos momentos peleado con media humanidad –la humanidad femenina— y trataba de captarse el favor de la otra mitad, que respondía a sus anhelos según la intensidad de los intereses literarios que les unían. Así fue que el escritor francés puso el grito en el cielo cuando el Gran Traductor –que aún no había puesto una sola coma en su texto– le envió parte de mi versión española, como él había pedido, es decir lacia pero fidelísima en significado, anunciándole que empezaba la tarea: el superhéroe salía al rescate de la belleza y el arte. Indignada por una vileza tan femenina de parte de este sujeto, luego me negué a aplaudirle los hallazgos de estilo de su traducción. Sin duda, ver cómo traducía en voz alta era un espectáculo, pues era creativo, audaz y tenía una larga experiencia y una reputación asentada con autores latinoamericanos del boom, algo que yo no sabía entonces pero no me extrañó cuando muchos años después me enteré por un prólogo dedicado a uno de esos celebérrimos autores.

Volviendo a la traducción del exquisito francés, debo añadir que al espectáculo de la lengua culta del barroco se añadía el muy  vulgar de las discusiones matrimoniales que interrumpían demasiado a menudo la tarea, cuando trabajaba en casa del traductor. Quienes no conocen el estilo francés de la pelea matrimonial tienen una versión precisa en la 5ª temporada de la serie de televisión Mad Men: irrupciones repentinas en la sala, frases trágicas como si estuviesen interpretando alguna obra de Racine, reproches por vejaciones y agravios ocurridos en la noche de los tiempos, mutis por el foro dando portazos y algo de argot. Igual en todo, sólo que los míos iban en ropa de cama. El gato de la casa, que perdía pelo a mechones por culpa del estrés reinante, acudía a refugiarse en mi regazo y desde allí presenciaba, me figuro que tan alucinado como yo, la grotesca representación.

            El traductor empezó a coger carrerilla y ya sólo aceptaba su versión, aunque se apartara del significado original y solo conservaba el ritmo de la frase. Pero había que mantener el famoso hipérbaton gongorino sin que sonara a francés y me correspondía defender el español. Aburrida de histrionismos verbales, indignada por la deslealtad y mala fe de este sujeto, al que yo había salvado de quedarse estancado y a solas  con la histérica de su mujer, presenté mi dimisión y en los quince días previos a mi propio mutis por el foro el traductor-editor, estupefacto hasta lo más hondo de su ser, pues al parecer nadie había tenido nunca una reacción de dignidad  semejante –según se decía, solían arrojarse por el balcón al poco de tratarlo, incluso literalmente–, estuvo sosegado y así se logró que el texto español llegara a buen puerto, es decir que hubiera una versión que pudiera darse por terminada.

Amenazó con borrarme de los créditos y atribuir la traducción a un «colectivo», pero no se dio bastante prisa y en portada quedó mi nombre. Os lo traduzco, para los que no tengáis aún experiencia suficiente en el sector: si vemos escrito «traducción colectiva», en lugar de los nombres y apellidos o alias de los traductores, podemos entender que hubo bofetadas.

Una entrevista de Jot Down a las traductoras Marta Rebón y Marilena de Chiara

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De Chiara y Rebón por Jorge Quiñoa

Jot Down publica una interesante y extensa entrevista –en forma de conversación– entre dos traductoras afincadas en Barcelona, Marta Rebón (Bcn, 1976), especialista en la traducción del ruso, y Marilena de Chiara (1980), napolitana que ha traducido a Pirandello al español y a la artista Angelica Liddell al italiano. Las dos cuentan con una trayectoria muy diversa porque, no nos engañemos, la traducción literaria no da para vivir. Representan a una generación muy cualificada y cosmopolita y, probablemente, a una minoría dentro de su grupo generacional, pues han logrado dar a conocer sus méritos, indiscutibles, y que éstos les sean reconocidos.

Son variados los aspectos interesantes que se abordan en esta conversación. Personalmente, suele atraerme toda reflexión sobre la “construcción” del idioma italiano a partir de los dialectos y la riqueza abrumadora de éstos, que asoma aún en retazos en novelas y en películas. Vivimos un momento especialmente afortunado, creo, en que existe un campo amplísimo por explorar y un nivel de reflexión teórica que, aplicado sobre este amplio territorio, puede dar valiosos frutos, tanto en forma de ensayos históricos como de traducciones rigurosas que hasta la fecha no han encontrado quien las atienda y transmita.

Atención también a la discusión al pie, en forma de comentarios, sobre la calidad, o la falta de ella, de la traducción de Rebón de la obra magna de Vassili Grossman, que la dio a conocer. Los críticos han tenido más de una década para quejarse ante la editorial, actuar profesionalmente indicando errores y hasta posibles soluciones para legitimar su crítica, pero prefirieron dar el espectáculo en la revista, de forma anónima. También resulta llamativa, claro está, que la editorial, que pudo estar informada de las críticas demoledoras publicadas por alguna revista especializada, no emprendiera por su cuenta la revisión en lugar de reeditar una y otra vez esa primera traducción.
Vale decir que no he leído la obra de Vassili Grossman porque no puedo con los rusos de la época soviética.

Los falsos amigos: “Las babas del diablo” de Julio Cortázar en el Trujamán

Un artículo sobre asuntos de Traducción y literatura evocando a Julio Cortázar y su impresionante relato, Las babas del diablo.

Lo publican en EL TRUJAMÁN, del Instituto Cervantes, hoy 23 de enero. Dice así:

Cortázar y el Sena

«Como sabemos, la definición de falso amigo en traducción alude al error inducido sobre el significado de una palabra parecida en su forma —el significante— a otra del idioma de llegada, que significa algo distinto. Típico ejemplo es el vocablo francés constipation (estreñimiento) y el español constipado. La incongruencia de la frase resultante alerta al traductor del error cometido. Así sucede en el famoso cuento de Julio Cortázar, Las babas del diablo, donde Michel, fotógrafo y traductor franco-chileno afincado en París, sale un 7 de noviembre a callejear con la cámara de fotos. Paseando junto al Sena sorprende en una placita a una pareja desigual —un chico apenas adolescente, una mujer adulta seduciéndolo—, que le inspirará el deseo de fotografiarlos. Habituado a considerar con minucia los detalles, a encajarlos para que signifiquen dentro de un conjunto y lo equilibren, Michel deduce que la escena no corresponde a un encuentro atrevido pero casual entre la mujer atractiva y el chico asustado. Tiene tiempo para observar y sacar conclusiones —«se podía adivinar sin mucho trabajo lo que acababa de ocurrir pocos minutos antes»—, para contrastar su experiencia con lo que ven sus ojos, pero no deja de sospechar de sus sentidos y espera que la cámara Contax confirme o niegue el aura inquietante que él atribuye a la escena. Esa vacilación sobre la autoría del relato —la escena como texto descifrable, como imagen significativa—, y sobre la posibilidad de reproducir fielmente la realidad, articula el cuento, en el que Cortázar despliega una reflexión sobre la traducción y la fotografía, como actividades mediadoras que trabajan con el tiempo, sobre el tiempo, y alteran la realidad.

La desconcertante frase inicial parece introducir al lector en el género fantástico —«Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada»—. Pero conforme avanza el cuento creemos, con Michel, que la cámara se disputa la autoría con el fotógrafo, que ese intrigante «estoy muerto» y esas nubes que «siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros» nos dice que tan imposible resulta una perfecta objetividad —la de la lente— como una total subjetividad, pues la técnica elegida condiciona el resultado.

Michel está traduciendo al francés un «tratado sobre recusaciones y recursos» del profesor José Norberto Allende, un texto que a veces se le resiste y entonces distrae la vista en la imagen de la pareja que ha pinchado en la pared. La máquina de escribir Remington, como la cámara Contax, no pueden por sí solas ni traducir, ni contar lo que sucedió y sucede, ni traducir a Allende. Si quiere ser fiel a la emoción de la imagen o decir tan bien en francés lo que el otro dijo tan bien en castellano, ha de retorcer el lenguaje, ha de subvertirlo: «sus ojos que caían sobre las cosas […] dos ráfagas de fango verde. No describo nada, trato más bien de entender. Y he dicho dos ráfagas de fango verde».

La idea del falso amigo está en el argumento —el hombre del coche negro orquesta «la comedia» para atraer al chico; cuando irrumpe en escena, trastoca su significado—, y también está en el título: los hilos de la Virgen —la solución afortunada: el chico escapa— se llaman también babas del diablo: el desenlace fatal.

La imagen fotográfica y el texto para traducir son umbrales. Con la traducción lleva al presente un texto del pasado, lo multiplica. Y en la foto se petrifica un instante, un pasado que se eterniza en presente. Cortázar pone esos dos tiempos y trabajos en paralelo, y con la intervención del fotógrafo Michel y del hombre del coche escenifica, además, la disputa simbólica entre el traductor y el autor del texto original.

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Fotograma de Blow Up, de Michelangelo Antonioni, inspirada en el relato de Cortázar

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