El viernes la selección de traductores incluía a Mariana Dimópulos, de Argentina y afincada en Alemania, a Enrique Winter, de Chile y afincado también en Alemania, y a mí misma, desde España.
Hay una respuesta común y es el pesimismo en torno al impacto de la IA en la profesión. Incluso los que utilizan cada vez con más frecuencia los programas de traducción automática -que debe entenderse como diferente de la traducción asistida, con las herramientas TAO, que hasta la fecha no he tenido tiempo ni demasiadas ganas de usar ni tampoco de matricularme en ninguno de los caros cursos para familiarizarse en su uso- están seguros de que la profesión sufrirá mayoritariamente en cuanto a ingresos.
Jorge Fondebrider, traductor, poeta y gestor del blog Club de Traductores Literarios de Buenos Aires ha realizado una encuesta sobre el impacto de la inteligencia artificial en la traducción literaria a la que hemos respondido un puñado de traductores de diferentes países. Esta semana pasada ha ido publicando las respuestas. Aquí las 3 preguntas:
1) Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere? 2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no? 3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?
Así introduce el trabajo:
A lo largo de los dos últimos años, el número de artículos en la prensa referidos a la Inteligencia Artificial ha tenido un crecimiento exponencial. Muchos de ellos se refieren a lo que va a pasar con la traducción en general; algunos, a los que va a ocurrir con la traducción literaria (cfr., el artículo de Ariel Magnus, correspondiente al 3 de febrero pasado, con el que este blog ha dado inicio a sus actividades de este año).
En consecuencia, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires ha decidido reflejar lo que piensan los traductores de literatura sobre este nuevo factor que, de a poco, va ganando impulso en el trabajo diario. Para ello, ha convocado a un número considerable de traductores de ambos lados del Atlántico, lo que ya supone una oportunidad de reflexionar sobre las prácticas en España y Latinoamérica. Así, mientras que los traductores latinoamericanos se han explayado a gusto no sólo sobre las preguntas que se les formularon, sino también sobre otras cuestiones que hacen a la profesión, los traductores peninsulares imaginaron que no responder era una forma de preservar sus fuentes de trabajo, lo que habla de dos mundos completamente diferentes.
Asimismo, en el caso de los latinoamericanos, los modos de funcionamiento de los distintos mercados editoriales (en razón de las procedencias de los traductores consultados, el de Argentina, Chile, México y Brasil), determina también el tipo de respuesta.
Por último, aunque se trata en todos los casos de traductores literarios, debe considerarse que los hay “profesionales” (vale decir, los que hacen de la traducción un modo de vida y, por lo tanto, establecen con las editoriales vínculos de naturaleza económica, en los que intervienen variables como el número de palabras y el tiempo de traducción) y “vocacionales” (aquéllos que traducen por gusto y que hacen de la traducción una ampliación de su propia actividad creativa).
Considerando el número de traductores consultados, las respuestas se extenderán a lo largo de las próximas dos semanas. Siguen las respuestasaquí:
Hoy traigo un artículo muy interesante publicado por el blog del Club Traductores de Buenos Aires, que a su vez se hace eco de su publicación en la (no menos) interesante revista Latin American Literature Today (de la Universidad de Oklahoma).
Me parecen brillantes y muy bien desarrolladas sus reflexiones en torno al papel de los idiomas en entornos de explotación y de subalternidad, que ilustra con anécdotas de su experiencia familiar y profesional, y citas de autores –Derrida, Deleuze, Gayatri Spivak…– que suelen considerarse confusos, sin serlo, como se demuestra en este caso, al hacerlo en el contexto adecuado, el de los Estudios Culturales y la Teoría poscolonial.
Beatriz Badikian-Gartler
«Mi carrera como traductora comenzó el 28 de febrero de 1970 en Nueva York, en el Bronx, para ser exacta. Puedo dar la fecha con tanta precisión porque ese fue el día en que llegué a Estados Unidos y aterricé en el Aeropuerto Internacional Kennedy, donde me recibieron parientes a los que nunca había visto que me llevaron al Bronx. Mi madre y mi padre fueron mis primeros clientes. Me pedían constantemente que les tradujera. De Nueva York a Los Ángeles y de Los Ángeles a Chicago, donde finalmente nos afincamos nueve meses después, cada vez que íbamos de compras, cada vez que necesitábamos indicaciones para llegar a alguna parte en autobús, cada vez que sonaba el teléfono en casa, yo tenía que traducir, frase tras frase, del inglés al griego y del griego al inglés. No importaba que apenas pudiera pronunciar ese idioma nuevo ni mucho menos entender a los “americanos” que hablaban rápido, a menudo mascullando entre dientes, tragándose a veces las palabras. Según mi padre, yo había estudiado inglés durante diez años en Argentina antes de llegar a Estados Unidos, de modo que tenía que estar en condiciones de hablarlo con fluidez, entenderlo a la perfección y servir de algo por una vez en la vida. Desde ese primer día, tuve que traducir para amigos, parientes y desconocidos; para jefes y profesores y alumnos, sobre todo del inglés al español y del español al inglés, y a veces entre el inglés y el griego.»
Portada de la versión francesa publicada por la editorial suiza héros-limite
A finales del año pasado publiqué en el blog del Club de traductores literarios de Buenos Aires una larga nota sobre la versión francesa de Memoria de la Pampa y de los gauchos, de Adolfo Bioy Casares, realizada al alimón por Paul Lequesne, que se introduce así en la traducción del español después de una extensa trayectoria haciéndolo del ruso, y Julia Azaretto, argentina afincada en Francia, donde imparte sus cursos en la Universidad de Grenoble.
«Un libro traducido parece formado por tres lados al menos: los que ocupan, respectivamente, el escritor, el traductor y el lector. Al hablar de esta Mémoire sur la pampa et les gauchos, obra de la argentina Julia Azaretto y el francés Paul Lequesne, publicada por la pequeña editorial ginebrina héros-limite, a partir del original del escritor y fotógrafo argentino Adolfo Bioy Casares, en su mítica edición de 1970 en la porteña Editorial Sur, empezaré refiriéndome brevemente a mi parte.
Como lectora española, el gaucho evoca, más que la figura histórica o folklórica, la figura simbólica, el mito, un exotismo teñido de valor y fatalidad. Se nutre de las lecturas universitarias del Martín Fierro y Don Segundo Sombra, de los gauchos en Borges y su versión en Piazzolla & Medina Castro. Lo previsible se “airea” con el plus posmoderno de Fogwill en Los cantos de marineros en la pampa.
De esta incursión superficial en el mundo y paisaje del gaucho se aparta un reportaje de fotografía realizado por el hispano-argentino Diego Alquerache, que con el título Jinetes del horizonte circuló en 1998 por diversas salas de exposiciones. El reportaje constaba de quince imágenes a todo color, una síntesis de un viaje acompañando a los gauchos a lo largo de varios miles de km por Argentina. Alquerache reflejaba la vida nómada e ilustraba el mito en una versión moderna que aunaba lo deportivo –la destreza del jinete sobre el caballo—y lo poético –el horizonte, la vida al aire libre, las fronteras diluidas. Era obvio para el espectador que el fotógrafo también había montado a caballo y compartido tiempo, atmósferas, rutinas con los vaqueros del sur. Las fotografías se acompañaban de una versión expresamente fabricada para ciegos: mediante un complejo proceso técnico, las imágenes se transformaron –podríamos decir “se tradujeron”– en líneas y siluetas en relieve que, trasladadas a un soporte sólido, permitían a los invidentes verlas a través del tacto; una breve explicación en braille aportaba información periodística.
La exposición parecía contener un doble mensaje, no previsto por el fotógrafo: además de la voluntad de acercar a un colectivo por definición expulsado de los géneros visuales, se podía pensar que el espectador común tendría una percepción bidimensional de la experiencia del fotógrafo y de los gauchos, enriquecida quizá por alguna memoria personal de la pampa y sus habitantes; en cambio, el que se acercara mediante el tacto a los paneles para invidentes, adquiría una experiencia corporal directa, de piel. Aunque incompleta, la sugerencia de que al mundo del gaucho y la pampa había que conocerlo con todo el cuerpo, quedaba sugerida por esa paradoja invitación a los ciegos, a hacerse ciego para entrar en el volumen abstracto de la pampa.
Me acordé de esta exposición y del apetito de aventura que provocaba al leer la versión francesa de Paul Lequesne y Julia Azaretto y, sobre todo, cuando Paul me relató por escrito cómo consiguieron forjar el método que dio por resultado ese “tercer traductor” que es la suma de sus dos biografías, culturas, trayectorias y querencias del idioma, gracias al cual pudieron dar por buena la versión hoy publicada. Cómo esas escasas páginas requirieron una inmersión en el mundo de los caballos, de la vestimenta del gaucho, reclamar y seleccionar las fotografías con que ilustrar la Memoria, es decir zambullirse en un mundo material para encontrar las palabras más exactas. Curtido en la traducción del ruso al francés, a Paul Lequesne se le presentaron los habituales falsosamigos. De esto y de más cosas habla en sus notas, que traduzco del francés: »
Pedro Mairal traducido al francés por la argentina Julia Azaretto
La segunda parte de la reflexión en torno a la traducción al francés de la poesía de Pedro Mairal, de la mano de la también argentina Julia Azaretto, consiste en la semblanza que el traductor Paul Lequesne escribió para En attendant Nadeau, y que traduje al español para que los colegas latinoamericanos supieran de la recepción de su poesía a través del blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.
«Pedro Mairal, mascarón de proa de la nueva ola literaria argentina, es también uno de los representantes más singulares de la poesía sudamericana contemporánea, que maneja con igual acierto el humor, la desesperación y el endecasílabo, como demuestra su recopilación Supermarket Spring, publicado el pasado marzo por L’atelier du tilde.
Se trata de un precioso libro, la cubierta –papel gris beige, de grano rayado, tinta naranja— muestra una composición de inspiración curiosamente constructivista, como un cartel o el rótulo de una tienda, que reúne en un bloque vacilante una puntualización útil: «poesía argentina contemporánea», el nombre del autor: Pedro Mairal, el título: SupermarketSpring, y una particularidad del libro: edición bilingüe.»
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