“¡Esto no lo has traducido tú” Semblanza de Marie-Claire Solleville en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Marie Claire Solleville joven
Imagen de Marie-Claire Solleville en su juventud  (foto de la revista)

Aquí va mi más reciente contribución al blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, una breve semblanza de la traductora franco-italiana Marie-Claire Solleville.

El número 3 de la revista L’Écran traduit, especializada en la traducción audiovisual estaba enteramente dedicado a las memorias de la traductora franco-italiana Marie-Claire Solleville (1927-1991). Su título marca el desenfadado tono general: «¿Tú has traducido esto? Breve aproximación insólita al cine italiano». Su lectura es recomendable tanto por la simpática personalidad de la protagonista como por la información acerca de los usos y costumbres en la traducción para el cine que estuvieron vigentes en Italia y en Francia entre las décadas del 50 y 80, antes de la implantación generalizada de la máquina de escribir electrónica y del ordenador.

Solleville era nieta de Luigi Campolongui, figura eminente del antifascismo, e hija de Lidia Campolongui, quien participó en la lucha política en los ambientes de la emigración italiana. Llegó a Italia después de la guerra acompañando a Claude Heymann y a Jean George Auriol* durante el rodaje de Fabiola, de Alessandro Blasetti [1949]. Pronto se introdujo en los ambientes del cine –tuvo por maridos al actor Fausto Tozzi y al pintor Sinko–, y fue ayudante de Renato Castellani. Cinéfila desde muy joven, colaboró ocasionalmente con las revistas Cahiers du cinéma y Arts, firmó guiones famosos, como Anche gli angeli mangiano fagioli (También los ángeles comen judías, 1973, dirigido por E.B. Clucher y protagonizada por Bud Spencer y Giulianno Gemma).

Pero fue la traducción de guiones para el cine, y al final de su carrera también para series de televisión, la actividad que la convirtió en una figura inolvidable para un impresionante elenco de directores durante la época dorada del cine italiano.

El nombre de los directores con los que Marie-Claire Solleville colaboró tira de espaldas: Roberto Rossellini, Federico Fellini, Dino Risi, Francesco Rosi, Ettore Scola, Gianni Amelio, Alberto Sordi, Costa-Gavras, los hermanos Taviani, Lina Wertmüller, Suso Cecchi d’Amico, etc. (Sí, qué envidia.) Aunque habla con afecto y humor de la mayoría de ellos, no disimula que siente debilidad por Rossellini, Rosi y Scola, sus apoyos más generosos –ahí tenemos la anécdota de Roberto Rossellini paseándola por la televisión, la RAI, y despidiéndose de ella con mucho teatro para que todos la vieran en su compañía, una especie de carta de presentación andante–. La traductora se ríe no poco de Federico Fellini y de la élite intelectual emergente en los años 60, pero no hay acidez en sus memorias, marcadas de principio a fin por una risueña picardía.

Traducía siempre al francés y sorprende su categórica afirmación de que no es posible ser enteramente bilingüe. Su materia de trabajo eran los guiones completos para el doblaje en Francia; también traducía los guiones que el productor utilizaría para buscar financiación mediante una coproducción, o los tratamientos de un guión para presentarlo en festivales como los de Cannes o Venecia, donde durante una semana se vive la mayor concentración de productores de cine y televisión por metro cuadrado del mundo. Aquí vale la pena saber que la versión francesa podía utilizarse para atraer al actor o actriz galos con que soñaban el director o el productor y, por último, para preparar los subtítulos de las películas llamadas “de arte y ensayo”.

Solleville ofrece un punto de vista privilegiado, al observar la industria del cine italiano en primera línea mientras con su trabajo construía el oficio de traductor audiovisual, que por entonces estaba en fase diría que artesanal: se trabajaba sin contratos, no había asociaciones de traductores ni un estatuto diferenciado; había que echar horas sin fin, las copias se hacían en papel carbón, y debía apoyarse en dactilógrafas cómplices, diccionarios y jergas construidos a medida por la propia traductora.

Scola escribe en la presentación del homenaje que su trabajo «sin fines de semana ni vacaciones, ni Seguridad Social ni pensión de jubilación la mantenía encadenada a su Olivetti Praxis 48 como una monja que no puede abandonar su convento»… Una monja que tenía que conocer los burdeles, comisarías y el habla de sus habituales como la palma de su mano. El director de La terraza y Una giornata particolare encarece el trabajo de la «irónica, generosa, testaruda» Solleville con interesantes reflexiones acerca del reto que entraña traducir la lengua italiana, una auténtica jungla léxica que se nutre de decenas de dialectos diferentes, a la que además se incorporaban en esas décadas de esplendor las jergas profesionales, juveniles y políticas, sin olvidar el idiolecto de cada personaje ni la contaminación del inglés, que aun siendo generalizada en los países latinos, son distintos los términos que cada país importa.

Varios son los buenos consejos de traducción que da Solleville, que ella resume en “la obligación de pensar” y obligar a pensar a los otros y, sobre todo, la obligación de estar despiertos. La suya no es una traducción automática, ni perezosa ni toma atajos, es una traducción alerta a las diferencias culturales entre los países vecinos, a las marcas de época (pone como ejemplos el uso del Voi mussoliniano contra el Lei; las camisas rojas garibaldinas, etc). Este tipo de traducción artesanal combina la creación de un lenguaje creíble para el cine, adaptado incluso al actor que interpretará el rol, con intervenciones sutiles en la adjetivación tanto para conformarse a la preferencia francesa por la síntesis como para ahorrarle a las actrices veteranas más bellas verse de golpe calificadas de viejas.

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Uno de los títulos más conocidos de Solleville, quien hizo exitosos pinitos como guionista

Sus observaciones irónicas sobre el cine erótico, en plena ola de destape, no tienen precio, como tampoco sus ardides para cobrar sí o sí las deudas que contraían con ella productores rácanos o cortos de fondos; nos cuenta el truco para evitar que ese joven director que nos ofrece traducir su primer guión tarde tres horas en ponernos al corriente de sus sutilezas y se extiende sobre la necesidad de recurrir a expertos en jergas carcelarias y en narcóticos.

Sin embargo, seguramente el consejo de Solleville más útil para los traductores, considerado el panorama hoy, es este: «No seáis estúpidamente honestos».

Homenaje a Mari Pepa Palomero, traductora y editora de El Trujamán, del Instituto Cervantes

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Mari Pepa Palomero, esa sonrisa dibuja un carácter

Mis colegas han escrito algunas notas en recuerdo de nuestra querida Mari Pepa Palomero, editora de El Trujamán (Instituto Cervantes), que falleció el pasado 10 de enero, cuando creíamos que la tendríamos pronto reincorporada a la tarea.

No nos deja harto consuelo su memoria

Hay veces que solo regresando al pasado se puede seguir. La insufrible muerte de Mari Pepa Palomero me empuja hacia atrás en el tiempo. Y surge un presente donde ella, sin arrogancia, con claridad, casi anónima, guía los trujamanes. Los míos, por ejemplo. Escribirlos a su sombra me sirve para entender parte de lo que es traducir. Mari Pepa, cariñosa, discreta aunque tajante cuando es necesario, continuará figurando a pie de página, por mucho que no se mencione, en bastantes de las que traduzca. (Mariano Antolín Rato)

Había oído hablar de Mari Pepa mucho y muy bien, sabía que llevaba lo de El Trujamán del Instituto Cervantes y El atril del traductor, de la misma institución, pero a ella no la conocí hasta el estupendo primer encuentro de traductores en Salobreña. Fue una tarde noche, a la puerta del centro en el que se celebraba el encuentro, fumando las dos como desesperadas. Nos presentamos y acto seguido me propuso que escribiera tres artículos en torno a la traducción para El Trujamán. Casi me da algo. Jamás se me habría ocurrido escribir en El Trujamán, me imponía mucho respeto… Y no llegué a hacerlo, pero eso es otra historia. A lo que iba es a la impresión que me produjo Mari Pepa. Todo lo que se decía de ella era verdad: buen corazón y buena cabeza, convencida y convincente, fuerte y optimista, decidida y directa. No he tenido oportunidad de conocerla un poco más, pero esa primera impresión no pudo ser mejor y «no perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada». (Concha Cardeñoso)

Mujer de voz penetrante y mirada certera, Mari Pepa supo reconocer la oportunidad de crear un foro abierto a la Traducción en mayúsculas, donde todas sus vertientes confluyen y son igualmente necesarias, como los músicos de una orquesta. Los artículos de El Trujamán deberían figurar en cualquier bibliografía sobre traducción. Brava, maestra. (Belén Santana)

No he conocido personalmente a Mari Pepa Palomero, pero siento, extrañamente, que tal vez sí, porque formas de conocer hay muchas, y porque pasearse por esta revista, El Trujamán, de la que ella fue instigadora, es también conocerla un poco y sentir su pérdida. A través de los años, gracias a sus autores y gracias a ella, El Trujamán se ha convertido en una pequeña enciclopedia de pensamiento libre sobre la traducción. Sin consuelo, me uno aquí al dolor, a la rabia y al recuerdo de quienes la conocieron y la quisieron. (Antonio Fernández Lera)

Buscamos consuelo cuando perdemos a una persona hablando de la memoria que de ella queda, de la obra que deja, de su presencia en nuestro recuerdo. No me vale. Sobre todo porque de nada le vale a ella, que lo ha perdido todo al perder la vida y nada lo puede remediar. Son consuelos que se inventan los vivos. Y ¿dónde está mandado que haya que consolarse? (María Teresa Gallego Urrutia)

Mari Pepa, traducción, Mari Pepa, El Trujamán, Mari Pepa, Cervantes, un cigarro juntas en la puerta de la calle Barquillo en verano o Navidades, parece tan poco, y, sin embargo, el vacío que deja es enorme. No dejemos que su trabajo, su esfuerzo, su pasión, caiga en el olvido. (Luisa Fernanda Garrido)

De Mari Pepa Palomero supe en cuanto me inicié en la profesión, y desde ese momento empecé a aprender gracias a su trabajo en el Centro Virtual Cervantes. Años después la conocí personalmente y comprobé que era como ese trabajo: buena, valiente, divertida, comprometida con la profesión, inteligente y eficaz. La última vez nos vimos en Granada y hablamos apasionadamente de traducción. Los trujamanes no te podremos olvidar, Mari Pepa. (Carmen Montes Cano)

1999. Tarazona (cuando era Tarazona). En un bar, vermú de grifo, le contamos a Mari Pepa cómo trabajábamos las clases de traducción. «Me interesa —tajante—. Venid a verme el miércoles. Con un proyecto y un presupuesto». Y fuimos. Estaban dos responsables más del Centro Virtual Cervantes. Les explicamos con detalle, cuadros, colores… «Vamos a hacerlo. Cuánto queréis cobrar», habló el jefe. Contestamos. Silencio. Mari Pepa nos miró de arriba abajo, sin pestañear, resolutiva, inapelable: «Morti di fame…». Y nos multiplicaron las pretensiones. Aquello fue durante muchos años El atril del traductor, que ella hizo y cuidó como suyo. (Íñigo Sánchez Paños)

En memoria de Mari Pepa Palomero, este trujamán que podría ser infinito…

La poesía de Pedro Mairal traducida al francés por Julia Azaretto, en el Club de Traductores literarios de Buenos Aires

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Julia Azaretto (Atlf)

El pasado 19 de septiembre, el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires publicó la muy interesante entrevista que el traductor Paul Lequesne le hizo a nuestra colega argentina Julia Azaretto a propósito de su traducción de la poesía de Pedro Mairal. Julia, de origen argentino e instalada en Francia, traduce tanto al español como al francés, de ahí el especial interés de sus comentarios. Traduje la entrevista al español del original publicado en la revista En attendant Nadeau.

Así empieza..

«Pedro Mairal, mascarón de proa de la nueva ola literaria argentina, es también uno de los representantes más singulares de la poesía sudamericana contemporánea, que maneja con igual acierto el humor, la desesperación y el endecasílabo, como demuestra su recopilación Supermarket Spring, publicado el pasado marzo por L’atelier du tilde.»

Sigue aquí…

 

Interesantísimo programa de las Assises de la Traduction Littéraire, 2017, en Arles

Cartel Assises Arles 2017

Aparece ya publicado el apetitoso programa de las próximas Jornadas de traducción literaria que todos los años se celebran en Arles. Este año tendrá lugar del 10 al 12 de noviembre y lleva por título Infidélités (Infidelidades), un concepto muy presente en la actividad de traducir.

Es posible descargar el programa completo en la página del CITL. Pinchad aquí.

La presentación de Santiago Artozqui reza como sigue:

De toutes les vertus dont on voudrait parer une traduction, la fidélité est la plus populaire. Or cette « fidélité » dont on vante un peu partout les mérites traîne dans son sillage un chapelet d’idées préconçues et une vision moralisatrice qui datent. Ainsi, l’original (nom masculin) serait le mètre étalon (le maître étalon ?) à l’aune duquel on juge la traduction (nom féminin), et bien évidemment, dans ce couple, que l’homme soit beau ou laid, cacochyme ou solaire, on exige de la femme qu’elle soit belle et fidèle, et lorsque l’on estime que tel n’est pas le cas, c’est sur elle qu’on fait porter la « faute ».

On peut s’interroger sur la pertinence de ce paradigme car, et c’est bien là le cœur du sujet, la fidélité est concept qui n’a de sens que si l’on précise à quoi on est fidèle : au sens, au ton, au rythme, à un état de la langue, à soi-même, aux habitudes supposées du lecteur, aux intentions putatives de l’auteur… À tout ? C’est souvent impossible : traduire, c’est choisir.

Ainsi, du 10 au 12 novembre 2017, au cours de conférences, de tables rondes, de lectures et d’ateliers, les 34es Assises de la traduction littéraire s’attacheront à remettre en perspective et même à promouvoir les bienfaits ignorés de nos Infidélités.

Santiago Artozqui

Modelo de contrato de traducción de la ATLF (Asociación de Traductores Literarios de Francia) en español

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Nuevos marcapáginas de la ATLF

En el enlace correspondiente a los modelos de contrato defendidos por la asociación de traductores a la que pertenezco, la ATLF, se puede encontrar las versiones en francés y en español del nuevo modelo, vigente desde 2015. Para quienes necesiten informarse o inspirarse de las cláusulas más importantes en la confección de contratos de traducción para obras literarias.

Enlace a la página de la ATLF. Pincha aquí. En la parte inferior de la página se puede descargar la versión española, (que he realizado recientemente para mis colegas).

El encanto de las traducciones anticuadas: “Buenos días, tristeza”, de Françoise Sagan (y 2) en el Trujamán

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©El Trujamán & MJ  Furió

El estilo de Clarasó contiene rasgos que traen la atmósfera de la misma época en que tienen lugar los acontecimientos. A finales de los años 50, principios de los 60, cristalizó en Francia un cambio cultural en la percepción del individuo en sociedad. Se afirmó entonces que Sagan representaba a una nueva generación que invertía la filosofía del existencialismo por un hedonismo alérgico a las responsabilidades. Creo que a un lector culto no se le escaparán hoy los ecos de la literatura libertina francesa, en concreto, Las relaciones peligrosas, de Choderlos de Laclos, y recordará que la joven noble recién liberada del convento a la que Valmont instruye eróticamente se llama Cécile de Volanges. Buscando bibliografía sobre este particular, encuentro por fin una mención a este parentesco en el extenso prólogo de la editorial Cátedra, ya de 1996, con edición de Mª Luisa Guerrero y traducción de Pilar García.

Volviendo a Clarasó, el acierto general del tono de su versión no esconde los fallos que reclamaban una rigurosa corrección de estilo. Clarasó tradujo los nombres propios: Raymundo suena extraño; Ana y Cecilia no chirrían, mantuvo Elsa y Cyril pues seguro que Cirilo resultaba demasiado monacal. El vous usado por Anne, Cécile y Elsa al comunicarse entre ellas pasa al tuteo, como hacen el resto de traductores en las versiones posteriores; aunque el tratamiento de usted entre familiares no era insólito en España, exigiría justificarse en el contexto liberal de esta novela. Hay fallos por literalismos como «Hace de buen oír», o no traduce juegos de palabras, como ese «pescar maquereaux», quizá por censurar groserías, etc.

Con todo, los errores de traducción propiamente dichos son escasos. Uno altera significativamente la frase y parece un error de interpretación provocado por una errata. Hacia el final de la novela, Elsa, la joven abandonada por Raymond, pone a Cécile al corriente del éxito de la estratagema ideada por la adolescente en su afán de apartarlo de la estricta Anne. Por remordimiento, la precoz aprendiza de Madame de Merteuil desea que la ingenua modelo se calle. Sagan escribió: «Je déteste les dénouements»; Clarasó tradujo: «Detesto tener que mostrarme agradecida». Quizá hubo una confusión entre dénouement y dévouement, cuando la edición para imprenta utilizaba tipos móviles y el impresor invirtió la letra. En la versión de Cátedra se lee, justamente: «odio los desenlaces». Otras expresiones francesas tienen en su versión española una huella de época que, en mi opinión, adquieren al leerlas hoy el encanto de lo desusado porque, en los albores de los 60, el cambio de costumbres y de jerarquías empezó a reflejarse en los estándares de lengua y educación hasta eclosionar en esa década y la siguiente.

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Las versiones de 1995 y 1996 no solo corrigen errores obvios sino que actualizan el lenguaje, de modo que el «Salaud!» con que Cécile apostrofa a su padre, al descubrir las consecuencias del engaño que ella misma ha favorecido, se convierte en la de Albiñana en un vulgar «¡Cerdo!», mientras García redobla el golpe: «¡Cerdo, cerdo!», que sustituye al anticuado «¡Crápula!» elegido por Clarasó, con buen tino, pues significa precisamente lo que el viudo ha demostrado ser: «hombre de vida licenciosa», dado a la «disipación» y al «libertinaje». Pero ¿podía mantenerse esta expresión ya a finales del siglo XX?

El atractivo de las traducciones anticuadas –y naturalmente, del original al que remiten— obedecería a un léxico y a una sintaxis que combinan con acierto el pudor con la extrema precisión. Así, la modelo Elsa es una «entretenida» o una «mantenida», vocabulario que refleja la moral y prejuicios de la época.  

            Clarasó, célebre escritor de aforismos, debió de encontrarse en su salsa al traducir la desenvuelta respuesta de la protagonista a su futura madrastra, que transparenta la inspiración de Las relaciones peligrosas, donde la también llamada Cécile acaba de salir del convento cuando arranca la novela:

«—[…] Esas historias de líos, de juergas, de mujeres, ¿no te aburren?» pregunta la circunspecta y elegante Anne. «—Verás –le dije–; he permanecido diez años en un convento, y esas gentes sin principios todavía me divierten.» [p.118]

            Si se traduce couvent por «internado», aunque en definitiva sea eso, un internado religioso, la implícita referencia a Les liaisons… se disipa y también el contraste cómico entre las costumbres y moral del escenario religioso y el de la casa en la costa.

Clarasó, a quien el escritor Juan Poz dedicó una semblanza, es autor de aforismos como «No se comprende como las mujeres no triunfan todas, no teniendo en casa, como no tienen, a ninguna mujer que se lo impida» y «La mujer de otro, si nos gusta, tiene una ventaja: que ya es de otro. Y si no nos gusta, esta ventaja aparece mucho más clara.» Dos sentencias que casan bien con el temperamento de Raymond y Cécile, que el escritor barcelonés supo reflejar en español, pese a algunos literalismos y fallos, que habrían podido subsanarse con una corrección profesional ya en su momento.

 No hay duda que, apoyada por un prólogo no excesivamente académico que informara del contexto sociopolítico en que surgió la narración de Sagan y un perfil de la autora que aproveche los datos aportados por ella misma en textos autobiográficos, Buenos días, tristeza puede ser una buena lectura para adolescentes inteligentes y una puerta de salida de la estereotipada literatura juvenil que hoy día se les endilga.

El encanto de las traducciones anticuadas: “Buenos días, tristeza”, de Françoise Sagan por Noel Clarasó en el Trujamán

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El pasado mes de julio, en el diario The Guardian Rachel Cooke firmaba un interesante reportaje, The subtle art of translating foreign fiction, donde se hacía eco de la eclosión del interés por la literatura traducida en el Reino Unido, presa de la «fiebre Elena Ferrante», moda que atribuye a un apetito de exotismo. El artículo arranca recordando su decepción al leer una nueva traducción de Buenos días, tristeza, el bombazo literario que en 1954 lanzó a la fama a una jovencísima francesa, Françoise Sagan (1935-2004). Cooke recordaba la musicalidad de las primeras líneas, grabadas aún en su memoria.

Con curiosidad por recordar cómo resolvió el emblemático inicio su primer traductor español –o de los primeros–, Noel Clarasó (1899-1985), busqué mi ejemplar, una edición de Plaza y Janés de 1976 cuya portada lleva en medallón una fotografía de la película, dirigida en 1958 por Otto Preminger, con el abrazo de los dos adolescentes, Cécile y Cyril, interpretados por Jean Seberg y Geoffrey Horne.

La primera frase del original francés reza:

«Sur ce sentiment inconnu dont l’ennui, la douceur m’obsèdent, j’hésite à apposer le nom, le beau nom grave de tristesse.»

Clarasó tradujo:

«Dudo al llamar con el nombre bello y serio de tristeza, a este sentimien-to desconocido cuya dulzura y cuyo dolor me tienen obsesionada».

La coma sobra, aunque marque una pausa en la respiración de la frase. Traduce ennui por «dolor», eligiendo sustantivos de un registro más estándar o neutro, porque la marca literaria la da la prosodia. Abatimiento o desazón o tedio, significados más precisos de ennui, quizá sonarían demasiado elevados de entrada, cuando la madurez de este texto juvenil radica en la coherencia de las reflexiones de su protagonista, de un lado, y de otro, en los distintos perfiles psicológicos que reflejan a una clase social, ociosa y hedonista, así como en el eco de la literatura francesa libertina y de introspección.
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Con la distancia que el tiempo impone, me ha parecido al releer la novela, con el texto francés cerca, que la versión castellana de Noel Clarasó tenía lo necesario para marcar el paso a traducciones posteriores. No me extrañó descubrir que en su versión, Javier Albiñana, de 1995, puso todo el empeño en distanciarse de la versión de Clarasó. Arranca con una traducción fidelísima al original en lo que hace a la estructura de la frase:

«A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura, me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza»,

Idéntica opción tomó la traductora inglesa de la versión de Penguin, que inspiró el artículo de Rachel Cooke:

«This strange new feeling of mine, obsessing me by its sweet languor, is such that I am reluctant to dignify it with the fine, solemn name of ‘sadness’».

Mientras la antigua y memorizada versión reza:

«A strange melancholy pervades me to which I hesitate to give the grave and beautiful name of sadness».

El tono y el ritmo de la frase de Clarasó pautan la recepción que espera del lector. Antepone el verbo indicando así que se trata de una narración en primera persona, mientras Sagan evitaba el omnipresente pronombre personal francés desplazando el sujeto a la segunda mitad de la frase.

Varias veces los traductores que realizan una versión moderna de títulos clásicos nos han informado de qué aspectos de su intervención mejoraban versiones previas. La pregunta también podría ser la contraria, según se lamentaba la periodista inglesa, subrayando lo fría que le pareció la versión moderna de Sagan en Penguin Classics.

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Raymon, Elsa y Cécile en la adaptación cinematográfica de Preminger

 

Buenos días, tristeza es, como sabe la mayoría, una novela que se inscribe en el subgénero llamado coming on age, o de iniciación a la vida adulta. Habitualmente protagonizada por un adolescente que experimenta una maduración de su planteamientos vitales que será determinante para su edad adulta, a tenor de los acontecimientos relatados en la acción, muchas ofrecen un contenido iniciático –El guardián entre el centeno, Las aventuras de Tom Sawyer, Retrato del artista adolescente…–, y una dosis variable de moralidad, como aquí sucede. La heroína, Cécile, descubre que la omnipotencia que caracteriza la infancia, definida por la relación simbiótica con su padre –Raymond, un viudo y seductor publicista cuarentón que, en el curso del veraneo en la Costa Azul, cambia a la joven modelo, Elsa, por la elegante diseñadora Anne, mejor amiga de la madre de la adolescente protagonista, con la que planea casarse—, no resulta, al cabo del tiempo, tan gratificante si excluye aceptar a personalidades distintas cuya experiencia aporta una fricción a la realidad, enriqueciéndola.

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Mejores deseos para 2017 de la ATLF

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Muy acertada me ha parecido la felicitación que nos ha enviado la ATLF para 2017. Hoy más que nunca los traductores somos funambulistas y para muchos –pienso en los intérpretes en lugares en conflicto– una profesión de riesgo.

Como mis colegas franceses, también yo os deseo lo mejor para este año, con mucho que celebrar y disfrutar.

“Mortifícame, nací para el dolor: Notas al pie de un policiaco y otros pasmos” en El Trujamán

© Instituto Cervantes – El Trujamán /María José Furió/ Liu

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Garden of Love, Marcus Malte – un policiaco con notas al pie que iban dirigidas al corrector

La gama de errores que se pueden cometer al traducir es muy amplia, los errores que otros cometen en nuestro nombre no van a la zaga, aunque no siempre despiertan al killer que todo traductor concienzudo lleva dentro. Algunas pifias son de lo más mortificantes y se explican porque en la industria editorial no siempre se respeta la cláusula del contrato que exige que el traductor revise las correcciones.

En un texto de no hace tanto años —por suerte ya saldaron el libro—, un policiaco francés con ínfulas literarias, descubrí cuando me llegó el ejemplar justificativo una nota al pie en la última página. Se supone que la había instalado yo. Para más inri, aclaraba un término de la penúltima línea sobre el «azul de metileno» —usado en cirugía para tintar partes del cuerpo—. La nota, como otras tres que quedaron impresas, iba dirigida al corrector o correctora para que me hiciera el favor de no cambiar las palabras o la expresión marcada, justificando su origen o su sentido de manera pedagógica. (Y si no recuerdo mal, las puse en bocadillo en el margen derecho de la página). Al ver el desaguisado me eché a reír: ¿una nota al final de un policiaco? Cuando ya se ha resuelto el misterio y el narrador está haciendo solemne mutis por el foro, ¿aún hay algo que añadir y además a pie de página? ¿Qué somos?, ¿intelectuales?, ¿estructuralistas? No me quedó otra que morderme la lengua, como hice más veces en lo sucesivo al trabajar para esta editorial, donde insistí repetidamente en revisar la corrección sin conseguirlo.

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Sería tremendismo afirmar que la novela no repitió el éxito cosechado en Francia a causa de la nota al pie. Aunque el éxito de un libro no solo se viene abajo por una traducción mediocre, por la proliferación de erratas o por una edición del texto mal entendida, para determinados contenidos cada vez me parece más necesario que el editor sepa qué quiere y comente con el traductor sus objetivos. Porque no siempre es obvio. Los gustos literarios y culturales pueden variar mucho de un país al vecino; el clásico polar francés a la marsellesa, que hizo furor en la época del cine negro de los cuarenta y hasta los años setenta, hasta donde sé, prácticamente ha desaparecido y lo han sustituido otros argumentos, otros escenarios y otra filosofía del noir que no hallan el mismo eco en España. Recientemente en Francia redescubrieron el filón argumental que tenían en esa zona del Mediterráneo, que en los setenta fue la vía de enlace con el norte de África y con Estados Unidos —la French Connection— para el transporte ilegal de enormes alijos de droga. Sin embargo, la parsimonia en el desarrollo del argumento y lo que parece excesiva autoconciencia en el tratamiento de este tema emblemático dieron por resultado un producto sin brío. No creo que pueda «editarse», como se hace con otra información al trasladar el original al español, el grado de violencia física o la dosis de encuentros sexuales para ajustarlo al gusto de cada país sin que pase por simple censura.

De otro lado, los editores, si son más jóvenes que los traductores, a menudo pretenden afirmar su autoridad negándose a aceptar toda sugerencia que venga del traductor, por mejor argumentada que esté y aunque esa última revisión mejore el texto (un contrato estándar incluye una cláusula por la cual los cambios sobre la revisión no pueden superar un 10 % del conjunto). Otras veces es cierto que el calendario se echa encima y los editores confían en un equipo bien organizado para resolver las distintas etapas. No siempre los correctores dominan la lengua original del texto que revisan —ya conocemos la primacía del inglés— pero no me cabe duda de que siempre que hay un error de bulto es porque la cadena de comunicación editor-traductor-corrector no funcionó como debería haberlo hecho.

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Traducir en clave feminista (y 3)

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Más preguntas de Luise von Flotow desde Beginnings of a European Project: Feminism and Translations Studies.

  • ¿Qué queda por hacer en el área del género y estudios de la traducción en Europa? ¿Qué perspectivas hay en este campo? La Universidad de Córdoba, cuya primera licenciatura en Traducción e Interpretación data del curso 2005-6, incluye en el listado de “competencias básicas” que ha de adquirir el alumnado la «Capacidad para reunir e interpretar datos relevantes y para emitir juicios que incluyan una reflexión sobre diversidad de género, multiculturalidad y valores democráticos, adoptando un compromiso ético en el desarrollo de la profesión». Cabe deducir que la intención existe y que su puesta en práctica es progresiva incluso en las facultades de ciudades pequeñas.
  • ¿Qué papel han jugado las mujeres traductoras? No se puede responder concisamente sin ser superficial, pero algunas editoriales siguen equiparando género masculino a mayor autoridad intelectual y, en consecuencia, ofrecen los títulos de autores relevantes o recién consagrados por premios o grandes ventas a un varón. El Libro Blanco de la traducción en su edición de 2010 anotaba la progresiva feminización de la profesión y, en consecuencia,

«un relativo encuadramiento en los colectivos que obedecen al rótulo “filólogos,  intérpretes”, con el consiguiente etiquetado de “profesión más bien femenina”. El perfil de final de los noventa nos presentaba un constructo-tipo en el que los varones llevaban la voz cantante; en el presente, feminización de la traducción implica también atomización, tecnificación y etiquetado junto a la demanda y la oferta de intervenciones “no necesariamente literarias”». (p.47)

  • ¿Cómo les ha ido a las autoras en la traducción? En España, la literatura seria se considera en la práctica cosa de hombres y, en estos tiempos de crisis, salta a la vista que también la crítica literaria de publicaciones que pagan a los colaboradores está concentrada en sus manos y cuentas corrientes. La gran mayoría de escritores y críticos literarios –incluidos mujeres—demuestran no tener lecturas especializadas en estudios de género y así continúan transmitiendo una ideología desfasada, compensada apenas por su tono bienintencionado. Los grandes éxitos multitraducidos reflejan, casualmente, una ideología que sustituye el feminismo por un hedonismo consumista. No hay que olvidar tampoco que el Ministerio de Cultura paga mediante subvención la traducción de decenas de títulos españoles y que el jurado que decide los títulos a traducir también es mayoritariamente masculino.
  • ¿Cómo se ha traducido el concepto de género bajo determinada ideología, bajo determinados coerciones /limitaciones sociales y culturales?

En el apartado “Problemas contemporáneos” me hago eco de las preguntas de la ensayista canadiense esperando que se abran paso en nuestra reflexión en torno a la traducción en el contexto actual.

  • ¿Qué importancia tiene la investigación filosófica contemporánea para la teoría de la traducción? ¿Es la dicotomía del traductor “visible/invisible” útil para la toma de conciencia del género de los traductores?
  • ¿De qué modo se traslada la política feminista de los textos a culturas e idiomas diferentes / hostiles / receptivos –en literatura infantil, en literatura de adultos, en escritura popular, en periodismo?
  • ¿Qué estrategias de traducción se están usando para traducir los discursos experimentales feministas: juegos de palabras, asociación de sonidos, ironía, alusión? ¿Qué estrategias se usan para suplir las “pérdidas en traducción” de neologismos feministas, innovación sintáctica, metáforas o proverbios?
  • ¿Cómo se refleja la política feminista de los traductores en el texto meta? ¿Qué enfoques practican las traductoras para lidiar con textos que consideran política y culturalmente problemáticos?
  • ¿En qué medida el interés por el género ha creado un mercado para las traducciones? ¿Para qué tipo de textos? ¿Qué textos se traducen o se dejan de traducir en la Europa occidental, y en la Europa oriental?
  • ¿Hasta qué punto los diferentes enfoques del concepto de género se toman en consideración en la traducción de los medios audiovisuales en Europa?

Estas cuestiones representan el inicio del trabajo en torno a género y traducción en Europa según se planteaba a principios de los 90.

Vale la pena preguntarse si tiene sentido hablar de “traducir en clave feminista” cuando los medios de comunicación de masas no parecen capaces de traducir a palabras actos de reivindicación como los que practican las Femen. Las jóvenes FEMEN presentan su cuerpo semidesnudo como significante político, enfrentándose así a dos poderes que imponen una lectura y un sentido a sus cuerpos: el comercial del sistema capitalista ultraliberal y el represivo de los movimientos retrógrados religiosos, islamistas o cristianos. El filósofo y antropólogo Paul Ricoeur escribió que podemos «tomar el término traducción en el sentido estricto de transferencia/traslado de un mensaje verbal de un idioma a otro o bien tomarlo en sentido amplio, como sinónimo de la interpretación de todo conjunto significante dentro de la misma comunidad lingüística» («Le paradigme de la traduction», en Sur la traduction, ed. Bayard, p. 21). El cuerpo es, sin duda, un significante mayor y, como advertimos al leer noticias y críticas, en medios de masas y redes sociales, ni siquiera el conjunto de las destinatarias naturales del mensaje, las propias mujeres, interpretan el significado subversivo y emancipador que transmite el movimiento Femen. Entonces, ¿podemos esperar cambios en el panorama editorial que reflejen por fin lo que ya ocurre en la vida real?

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Femen en España