Contrepoint, núm. 5

Se ha publicado el nuevo número de la revista que publica CEATL, es decir el Conseil Européen des Associations des Traducteurs Littéraires, Contrepoint –hay versión en francés y en inglés–, con un índice de temas que apetece leer: desde la visibilidad de los traductores literarios, los problemes que enfrentan los traductores en zonas de conflicto, las amenazas que la crisis económica, la falta de reconocimiento de la profesión, y el inevitable debate sobre la joven poeta Amanda Gorman…
Para mí tiene el interés añadido de poder acceder, gracias al nuevo esperanto que es el inglés, a traductores de orígenes e idiomas que pocas veces llegan a las revistas de traducción.

Copio la presentación, para abrir boca:

«La visibilité pour tous le types de traducteurs, et plus particulièrement pour les traducteurs littéraires, fait souvent l’objet de débats passionnés, surtout en ce moment. Être visible est parfois une nécessité ; parfois, au contraire, c’est un danger. Dans ce nouveau numéro, Contrepoint se penche sur différentes expériences de la visibilité et de ses conséquences pour les traducteurs.
Mascha Dabić, traductrice littéraire et autrice d’un roman qui parle d’une interprète, décrit les différences entre la visibilité du traducteur et celle de l’écrivain. Marta Morros Serret évoque le traitement souvent dédaigneux réservé à la littérature jeunesse et à ses traducteurs, et dessine des pistes pour y remédier. Arnaud Pasquali détaille comment l’UE cherche à contribuer à la visibilité des traducteurs littéraires en prenant en compte les diverses facettes de leur rôle dans le marché du livre. Maya Hess raconte l’histoire de l’association Red T, qui se bat pour attirer l’attention sur la situation souvent extrêmement précaire des interprètes et traducteurs en zone de conflit, souvent oubliés. Depuis le Belarus, on nous explique comment le régime s’emploie activement à effacer la visibilité de la littérature du pays en s’en prenant à ses auteurs, à ses traducteurs et à ses lecteurs.
Tout cela et plus, vous le trouverez dans le dernier numéro de Contrepoint en ligne.»

Y vale la pena visitar la página de Actualidades regularmente  para informarse de nuevas becas, propuestas de residencias, leyes y otros estímulos a la traducción.

Tiros, disparos, pistoletazos…

Marie-Henri Beyle, 1783 – 1842, más conocido como Stendhal. Escritor francés del siglo  XIX. (Photo by: Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

 

Fernando Iwasaki, escritor y ensayista peruano afincado desde hace décadas en Sevilla, es un amante de la obra de Stendhal, y me consta que especialmente de La cartuja de Parma, así que no ha de extrañarnos que le dé vueltas a las versiones más o menos canónicas de expresiones o frases célebres como este coup de pistolet au milieu d’un concert. El 13 de junio, en la revista de domingo de El País se publicó el artículo que titula este post; en él el autor de Las palabras primas reflexiona sobre diferentes versiones, demostrando una vez más que es uno de los pocos escritores en español que lee mucho y bien tanto a clásicos como a contemporáneos.

Vale la pena explicar cuál fue mi propuesta, pues por restricciones de espacio la mención a mi opinión queda reducida a que pistoletazo no me convence. Veamos primero cómo me plantearía trabajar el estilo de autores de otra época y del calibre de Stendhal.

  • Creo que hay que traducir teniendo conocimiento del contexto, por eso he buscado el original en la página francesa de Gallica -donde están escaneados facsímiles de miles de textos.
    Texto original de La Chartreuse de Parma:
    https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k113410t/f404.item.r=pistolet

    Es importante conocer el estilo y el tono general. Suelo evitar las rimas internas, aunque aquí en francés son muy evidentes: Littéraire (er) pistolet/concert, grossier/refuser

    Te envío varias propuestas; 
    La primera es la que me parece más cercana al original. Empieza con el complemento circunstancial para marcar un énfasis y a continuación dar la frase “para el recuerdo”, es decir para la cita. “Pistoletazo” no me gusta mucho pero desde luego conviene a la época. “Quelque chose de grossier” es literalmente “algo grosero“, pero prefiero “grosería” porque además recuerda otro tópico, el que afirma que es una grosería hablar de política/religión/dinero/sexo en la mesa. Como estos son los temas de la literatura, entiendo la frase como una paradoja irónica. 
     
    La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention.  

    * En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que sin embargo no es posible negarle nuestra atención. 

    * La política en​ una obra literaria es un disparo en medio de un concierto, burdo estampido al que sin embargo es imposible no prestar atención.  

    En la segunda propuesta mantengo el orden del original, con el CC después del sujeto, pero cambio pistoletazo por disparo ; ahora bien, como falta la sonoridad de la pistola, he probado con “estampido” y cambiado la frase negativa, muy habitual en francés, por la forma afirmativa “es imposible” seguida de la negativa (no prestar atención).
    En lugar de estampido, he pensado en detonación, pero si optaba por esta iba a encontrarme con las famosas rimas detonación/atención y lo he dejado al margen. 

  • En una obra literaria, la política es un pistoletazo en medio de un concierto, una grosería a la que, sin embargo, no podemos rehusarle nuestra atención.

    La tercera es muy parecida a la primera pero he traducido “refuser“: rechazar, negar por rehusar, ​que mantiene el estilo
    general. 
    • …algo grosero/obsceno y a lo que sin embargo no es posible negarle la atención.  

en esta última variante he probado con  “obsceno” porque significa algo fuera de lugar, que es de lo que está hablando Stendhal; he mantenido la copulativa, porque aquí sí es correcto, es decir porque separa sintagmas diferentes;  
En conclusión: siempre me planteo varias alternativas con este tipo de texto. Es una combinatoria, pero la decisión la tomo cuando tengo el texto completo para quedar cerca del original sin que chirríe al oído. 

Tiros, disparos, pistoletazos

Me refiero a Tiros en el concierto. Literatura mexicana del siglo V (1997) y Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela (2008). Ambos libros son brillantes y del todo recomendables, aunque el cometido de estas líneas no es comentar sus contenidos, sino advertir la simetría de unos títulos inspirados en distintas traducciones de una misma novela.

Así, en el capítulo XXIII de La cartuja de Parma, mientras Bruno le informa a la duquesa Sanseverina del fallecimiento del príncipe, el omnisciente narrador se permite la siguiente reflexión: “La politique dans une oeuvre littéraire, c’est un coup de pistolet au milieu d’un concert, quelque chose de grossier et auquel pourtant il n’est pas possible de refuser son attention”. La primera traducción al español del libro la realizó Manuel G. Morente en 1917 para la benemérita editorial Calleja y aquel pasaje quedó así: “La política, en una obra literaria, es como un pistoletazo en medio de un concierto, es una grosería a la que, sin embargo, no se puede negar atención”. La frase es tan sencilla y su mensaje tan plástico que podemos concentrarnos en las diferentes versiones de la afirmación principal interpretadas por los mejores traductores de Stendhal al español.

Así, a vuelapluma tenemos: “En una obra literaria, la política es como un pistoletazo en medio de un concierto” (Josep Farran y Mayoral); “La política en una obra literaria viene a ser lo que un tiro en un concierto” (Manuel Machado); “Hablar de política en una obra literaria produce el mismo efecto que disparar un pistoletazo en medio de un concierto sublime” (Augusto Escarpizo); “La política, en una obra literaria, es como un disparo en medio de un concierto” (Antonio Vilanova); “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto” (Consuelo Berges), y “La política, en una obra literaria, es como un disparo en mitad de un concierto” (Carlos Pujol). Como se puede apreciar, el estrépito es el mismo, pero gracias a los títulos de sus libros, podemos intuir que Christopher Domínguez Michael leyó La cartuja de Parma en la traducción de Machado —que no circuló en España hasta que Espuela de Plata la publicó en 2018— y Belén Gopegui en la de Consuelo Berges, porque además incluyó la cita literal como epígrafe de su ensayo.

Afinar para traducir

El asunto no es baladí, porque estaríamos quitándole importancia al trabajo de los traductores literarios, noble especialidad que deseo reivindicar en estos tiempos de dispensadores macarrónicos premunidos de inteligencia artificial. Y si una frase tan sencilla consiente tiros, disparos y pistoletazos, reconozcamos la enorme dificultad de traducir ensayo, poesía o narración. A la traductora María José Furió —por ejemplo— no le agradaría usar “pistoletazo”, pero entiende que por la época y el contexto era la opción más razonable. ¿Tanto hay que afinar para traducir? Rafael Accorinti —traductor del inglés al español— ha reflexionado al respecto para explicar la diferencia que existe entre traducir The Sound and the Fury (1929), de William Faulkner, como “El sonido y la furia” o “El ruido y la furia”, así como por qué A Room of One’s Own (1929), de Virginia Woolf, sería más apropiado traducirlo como “Un cuarto propio” en lugar de “Una habitación propia”. El título que la escritora Remedios Zafra eligió para su ensayo Un cuarto propio conectado: (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo respalda la traducción de Borges y la reflexión de Accorinti.

Glosario de la felicidad en el NewYorker

https://media.newyorker.com/photos/590976bf019dfc3494ea2d49/master/w_2560%2Cc_limit/Anthes-Glossary-of-Happiness1.jpgILLUSTRATION BY JULIANNA BRION

Un artículo de The New Yorker titulado así, The Glossary of Happiness, de Emily Anthes, desarrolla una reflexión muy interesante sobre los términos para designar la felicidad o las variadas ideas vinculadas a ella en diferentes países. De ahí, su reflexión deriva hacia el préstamo de palabras entre idiomas para colmar vacíos –o perezas o inercias– sobre conceptos, sensaciones, emociones, percepciones que difieren enrtre culturas. A destacar el proyecto de “lexicografía positiva”…


«[…] Soon after Lomas returned to the University of East London, where he is a lecturer in applied positive psychology, he launched the Positive Lexicography Project, an online glossary of untranslatable words. To assemble the first edition—two hundred and sixteen expressions from forty-nine languages, published in January—he scoured the Internet and asked his friends, colleagues, and students for suggestions. Lomas then used online dictionaries and academic papers to define each word and place it into one of three overarching categories, doing his best to capture its cultural nuances. The first group of words referred to feelings, such as Heimat (German, “deep-rooted fondness towards a place to which one has a strong feeling of belonging”). The second referred to relationships, and included mamihlapinatapei (Yagán, “a look between people that expresses unspoken but mutual desire”), queesting (Dutch, “to allow a lover access to one’s bed for chitchat”), and dadirri (Australian Aboriginal, “a deep, spiritual act of reflective and respectful listening”). Finally, a third cluster of words described aspects of character. Sisu falls in this category, as do fēng yùn (Mandarin Chinese, “personal charm and graceful bearing”) and ilunga (Tshiluba, “being ready to forgive a first time, tolerate a second time, but never a third time”).»

Sigue en… The New Yorker

Subtitular de más o de menos: “Il Conformista”, de Bernardo Bertolucci

 

 

 

 

En la revista VASOS COMUNICANTES de la Asociación de Traductores de España se publica hoy mi artículo dedicado a analizar diferentes aspectos de la gran película de Bertolucci, Il conformista, y especialmente de qué modo los errores en el subtitulado distorsionan o impiden comprender trama y subtexto.
Empieza así:

«El Conformista, de 1970, fue la primera película de Bernardo Bertolucci (Parma, 1941 – Roma, 2018) financiada por una gran productora (la Paramount), después de apenas cuatro largometrajes de ficción (La commare seca [Cosecha estéril, 1962], Prima della revoluzione [Antes de la revolución, 1964], Partner [id., 1968], Strategia del ragno [La estrategia de la araña, 1969], además de unos pocos documentales. El guion del propio Bertolucci adaptaba la novela de 1951 del mismo título de Alberto Moravia (Roma, 1927-1990). Puede decirse sin reservas que los años le han sentado muy bien y que su nominación al óscar a la mejor película extranjera no parece hoy fruto de un apasionamiento circunstancial de los americanos aunque, por supuesto, el tema nazi/antifascismo siempre despierta simpatías en Hollywood. Al verla de nuevo hace unos meses me chocaron algunos fallos del subtitulado y un detalle en la versión doblada al castellano, que comentaré en estas páginas.»

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Interesantísimo artículo en el “New Yorker” dedicado a los hiperpolíglotas (¡hablan más de 10 idiomas!)

cerebro parcelado en idiomas
 llustration by Oliver Munday; source photograph from Universal History Archive / Getty (face)

¿Cuántos idiomas habláis, leéis, conocéis? Quiero decir fluidamente… Voy por mi quinto idioma, gracias a las nuevas tecnologías, que crean adicción pero que también son, quién puede negarlo, una maravilla de nuestro nuevo siglo.

De acuerdo, cuatro, cinco, seis idiomas… seguramente serán idiomas emparentados, que si románicos, que si germánicos, ok, ok. Como le decía yo a la hijita (5 años entonces) de un amigo, que le insistía a su madre, alemana, para que me informara de que ella hablaba ya catalán, español y alemán: “¡Hoy día no puedes salir a la calle sin hablar por lo menos tres idiomas!”. Incluso los anglos han comprendido las ventajas de hablar otras lenguas y parece que están mostrando cierta preferencia por esas que siempre asociamos con el buen vivir, la alta cultura…

En resumen, por un lado están los perezosos que a duras penas se tratan con su propio idioma, luego estamos los que como quien no quiere la cosa vamos sumando idiomas e intereses y luego están los genios de las lenguas, capaces de dominar más de diez. A los que la revista New Yorker dedicó en 2018 un artículo, en mi opinión muy bien articulado sobre los diferentes puntos de interés de estas altísimas capacidades. En cuanto esta destreza se conecta con los estudios punteros en neurología entramos en ese territorio fascinante de la curación de enfermedades raras o difíciles de tratar mediante la más afinada señalización de la zona afectada.

Aquí el enlace: The Mystery of People Who Speak Dozens of Languages, por Judith Turman.

Puede que para las personas normales los aficionados a los idiomas seamos freakis, nerds y/o meros pedantes, pero para la ciencia moderna somos importantes aliados, y hasta un posible filón.