Traducir en clave feminista, 2

Pussy Riot, grupo punk feminista ruso

Al hablar de traducir en clave feminista no me refiero aquí a las reivindicaciones obvias de igualdad de oportunidades –tarifas, visibilidad, reconocimiento— para ambos sexos sino al trabajo sobre el texto, a su selección y a las críticas que una versión determinada puede recibir en respuesta a las decisiones del traductor como reflejo de una ideología de época.

            Como tan pronto nos planteamos una cuestión surgen pistas que conducen a otros que se han preocupado de lo mismo, di con la especialista en Feminismo y Traducción Luise von Flotow, de la Universidad de Ottawa, Canadá. En «Feminist Translation: Context, Practices and Theories», de 1991, arranca comentando una cita: «Ce soir j’entre dans l’histoire sans relever ma jupe» de la obra La nef des sorcières, y sus dos traducciones al inglés. Una es fiel al original y en español sería: «Esta noche entro en la Historia sin levantarme la falda»; la versión feminista puesta en español dice: «Esta noche entro en la Historia sin abrirme de piernas».

Von Flotow va a defender la segunda versión precisamente por el efecto shock que provoca, para después trazar una panorámica de una corriente emergente de traductores declaradamente feministas en su país –mujeres y hombres–. Estos traductores ya formaban parte en las dos décadas anteriores de una corriente de escritura experimental que intentaba atacar, reconstruir o simplemente superar el lenguaje convencional, que percibían como intrínsecamente misógino. En cualquier caso, se trataba de una labor de análisis de  las raíces del lenguaje y ello sucedía dentro de un contexto muy distinto al de otros países, entre ellos España, con enorme dependencia de Estados Unidos, ya en los años 80, en la generación y validación de corrientes culturales. Es fácil suponer que esta intervención directa sobre los textos será viable solo donde el autor original y el editor lo permitan o toleren –si no viene a meter su cuchara el corrector por no advertirle de la intención de los autores–. En tal sentido, quedan como ejercicios de agitación, de concienciación, en parte recluidos en el gueto de los sectores interesados en feminismo o en rebeldías de grupos minoritarios y en parte integrados dentro de los planes de estudios de las modernas facultades de Traducción e Interpretación.

De cara a plantear un posible análisis de la producción editorial española desde el prisma feminista, me pareció más práctica la propuesta de la misma Flotow expuesta en la revista Beginnings of a European Project: Feminism and Translations Studies.

      Enumera una lista de los proyectos que trabajaban en el área de “género y traducción”, en general en torno a la traducción literaria. Planteaba al respecto un buen número de preguntas que es interesante trasladar a nuestro panorama. Comento alguna de las preguntas y dejo en al aire las más generales, que requieren respuestas más amplias y estudios detallados.

  • ¿El feminismo de los años 70 y 80 ha tenido influencia en la traducción literaria en Europa? Parece evidente que sí, aunque esa influencia se ha visto amortiguada por la evolución hacia una economía ultraliberal. Quedaría por averiguar cómo pervive a través de pequeñas editoriales, editoriales especializadas o colecciones de ensayo/literarias.
  • ¿Las teorías feministas del lenguaje o la crítica feminista del lenguaje patriarcal han producido nuevas teorías de la traducción? Los estudios de género y multiculturalidad sin duda son la consecuencia de las teorías de crítica de los lenguajes dominantes, pero falta por saber hasta qué punto han influido en traductores activos que no han pasado por las facultades especializadas.
  • ¿Las traductoras han adquirido una mayor conciencia de género? En tal caso, ¿cómo opera esta toma de conciencia en el texto traducido? Podríamos responder afirmativamente en un alto porcentaje, pero creo que faltan datos y análisis de éstos –si algún estudio los ha recopilado– para responder con rigor a la segunda pregunta.
  • ¿Han demostrado ciertos idiomas y literaturas mayor receptividad a las teorías feministas del lenguaje? ¿Han demostrado determinados géneros literarios ser más receptivos que otros?
  • ¿La conciencia de género en el lenguaje ha conducido a revisiones de viejas traducciones de la literatura europea o de su pensamiento? ¿Con qué resultados? Sabemos que sí –en El Trujamán se han publicado varios artículos sobre esta cuestión–, y también que el resultado perseguido por las nuevas versiones era una mayor fidelidad al original, de carácter más liberal que el estándar tolerado en los años de su primera publicación en España.
  • ¿Cómo han respondido los críticos literarios a la toma de conciencia de género en la traducción? Es una queja compartida en España y en Francia que los críticos no suelen tomar en consideración el nombre del traductor ni comentan técnicamente las traducciones.
http://www.erudit.org/revue/TTR/1991/v4/n2/037094ar.pdf  en Erudit.org // TTR : traduction, terminologie, rédaction, vol. 4, n° 2, 1991, p. 69-84

Yo (no) estuve en Varsovia, en El Trujamán del Instituto Cervantes

selloVarsovia

mujer-polaca1

polaco11 -Sello dedicado a Varsovia
2- Soldado polaco:  «Sublevado polaco durante el Levantamiento de Varsovia el 1 de Agosto de 1944. En el brazo porta un brazalete con la bandera nacional polaca y en las manos maneja una metralleta Sten británica.»
3 -«Mujeres sublevadas del Servicio Militar Femenino para la defensa de Varsovia.»

© María José Furió para El Trujamán

Fotos y texto de los pies de foto extraídos del Levantamiento de Varsovia en 1944 :
http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/levantamiento-de-varsovia/

Uno de los temas de discusión frecuentes en listas de correos de traductores es el grado de intervención que puede permitirse el traductor cuando detecta un error en el original. Suele debatirse bizantinamente qué se considera error; para algunos, se limita a las erratas obvias o datos subsanables relativos a fechas, direcciones, nombres actualizados de ciudades, apellidos —en francés, no es raro que los autores ignoren el uso de los dos apellidos españoles y alteren su orden o destaquen el más sonoro o inusual—, etc. En tales debates pronto queda claro que el uso ha consagrado algunas reglas: en traducción técnica o de prensa, se corrigen todos los errores y antes o después se advierte al autor. En la traducción literaria, lo ideal parece consultar al autor, siempre que sea posible. Se da por seguro que éste agradecerá la corrección salvo que su error sea intencionado y, por ello, significativo. Pero si es involuntario, traducir un error no significativo puede interpretarse, como señalaba recientemente una colega, como un comentario «sobre la ignorancia del autor» y sería una marca más de la presencia del traductor donde el escritor ignoraba haber cometido un fallo.

Ya entrados en faena, algunos discuten si un texto de mala calidad, típico en los subgéneros de fantasy y novela negra de kiosco —gramática y sintaxis dudosa, estilo desaliñado o falta de estilo, adjetivación lacia, etc.—, ha de traducirse fielmente o conviene embellecerlo. En este punto, entran en consideración los conceptos de traducción literal y oblicua, y la noción ya ampliamente establecida de «traducir como amigo». La principal ventaja de esta solución es preservar la imagen de solvencia del traductor profesional, a quien se le atribuirá sin dudar la autoría del resultado desastroso; esta decisión también explicaría por qué algunos títulos alcanzan un éxito sorprendente en sus versiones traducidas, tras pasar sin pena ni gloria la versión original.

A veces, el traductor opta por mostrarse discreto y señalar el error en nota a pie de página —lo cual puede considerarse una manera hipocritona de quedar bien con todo el mundo sin dejar de lucirse al señalar confidencialmente, como al oído, el traspié—. En la literatura española contemporánea quizá sea Ramón Buenaventura, excelente novelista y traductor, quien ha hecho un uso más irónico de esta «industria» de la nota a pie de página, corrigiendo y anotando su propia obra, haciendo decir y desdiciendo luego en nota al pie a sus personajes, poniendo así en solfa las nociones de autoría y de texto cerrado.

Por lo general, encontramos una u otra pauta de corrección de errores. Pero ¿qué ocurre cuando el traductor decide corregir al autor incluso en sus notas al pie? Que a la editorial se le presenta un formidable trabajo de editing. Sucedió años atrás, cuando un editor de No-Ficción de una gran editorial me encargó la corrección de estilo y el editing de un ensayo que, visiblemente, se le había ido de las manos al traductor. El original inglés era un voluminoso ensayo histórico —más de 700 páginas— dedicado al alzamiento de la ciudad de Varsovia, que arrancó en agosto de 1944 mientras se esperaba la llegada de los soviéticos. «Stalin se negó a ayudar a los polacos y permitió que los alemanes actuaran libremente», reza la solapa, que añade: «Hitler ordenó destruir la ciudad y acabar con sus habitantes». La copia impresa con las notas del traductor, incluidas las notas a las notas a pie de página del historiador, superaba, si no recuerdo mal, los mil folios.

La versión española del alzamiento de Varsovia contra los nazis era como un jardín que ha crecido desordenadamente y en todas direcciones, fruto no del abandono sino de algún fertilizante peculiar generosamente esparcido por el traductor: ¿Erudición escrupulosa? ¿Aburrimiento? ¿Locura?

(Continuará…)

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Teatro y cine, de Charles Tesson

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Sinopsis
Cuando el cine vislumbró la posibilidad de contar historias y de escenifi carlas, tomó el teatro como modelo y optó por el rodaje en estudio, el cual le ofrecía las condiciones materiales propias del teatro. El cine ha tomado mucho del teatro, ha hecho propios diversos ingredientes suyos, como la interpretación de los actores, el decorado, la escenografía, el diálogo y la dramaturgia, adaptándolos a sus propios medios de expresión. La construcción de las primeras salas de cine se hace eco de la arquitectura típica del teatro.

Mientras el calificativo de «teatral» a menudo posee una connotación negativa cuando designa el estilo de una película, es precisamente en su relación con el teatro donde el cine ha adquirido conciencia de su naturaleza singular como arte y de sus propios dilemas artísticos, entre la atracción por la realidad y la trampa de sus falsas apariencias.
Este libro se detiene no solo en las adaptaciones de obras de teatro a la pantalla, sino también, y sobre todo, en las diversas formas que ha llegado a adoptar esta relación. El hilo conductor son los momentos en que el cine ha necesitado más del teatro para definir su «pequeña diferencia», como el paso al cine sonoro, la omnipotente televisión o también la irrupción de las nuevas tecnologías.
Son muchos los cineastas que sienten o han sentido la necesidad del teatro para redefinir las posibilidades del cine: Marcel Pagnol, Sacha Gitry, Jean Renoir, Alain Resnais, Charlie Chaplin, Carl T. Dreyer, Manoel de Oliveira o Jacques Rivette…

Charles Tesson, el autor

Charles Tesson es crítico y docente en la Universidad de París III, Sorbonne Nouvelle. Es autor de diversas obras dedicadas a Satyajit Ray, Luis Buñuel y La Serie B, en “Cahiers du Cinéma”.

Tesson es, además, productor, según informa la página de IMBD. y en 2011 fue designado para dirigir la sección paralela de Cannes de la Semana de la Crítica.

Ficha técnica
Fecha de publicación: 07/06/2012
96 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-493-2716-2
Código: 10008539
Formato: 13,5 x 19 cm.
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: PEQUEÑOS CUADERNOS DE CAHIERS DU CINEMA
Traductor: María José Furió

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