“Mortifícame, nací para el dolor: Notas al pie de un policiaco y otros pasmos” en El Trujamán

© Instituto Cervantes – El Trujamán /María José Furió/ Liu

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Garden of Love, Marcus Malte – un policiaco con notas al pie que iban dirigidas al corrector

La gama de errores que se pueden cometer al traducir es muy amplia, los errores que otros cometen en nuestro nombre no van a la zaga, aunque no siempre despiertan al killer que todo traductor concienzudo lleva dentro. Algunas pifias son de lo más mortificantes y se explican porque en la industria editorial no siempre se respeta la cláusula del contrato que exige que el traductor revise las correcciones.

En un texto de no hace tanto años —por suerte ya saldaron el libro—, un policiaco francés con ínfulas literarias, descubrí cuando me llegó el ejemplar justificativo una nota al pie en la última página. Se supone que la había instalado yo. Para más inri, aclaraba un término de la penúltima línea sobre el «azul de metileno» —usado en cirugía para tintar partes del cuerpo—. La nota, como otras tres que quedaron impresas, iba dirigida al corrector o correctora para que me hiciera el favor de no cambiar las palabras o la expresión marcada, justificando su origen o su sentido de manera pedagógica. (Y si no recuerdo mal, las puse en bocadillo en el margen derecho de la página). Al ver el desaguisado me eché a reír: ¿una nota al final de un policiaco? Cuando ya se ha resuelto el misterio y el narrador está haciendo solemne mutis por el foro, ¿aún hay algo que añadir y además a pie de página? ¿Qué somos?, ¿intelectuales?, ¿estructuralistas? No me quedó otra que morderme la lengua, como hice más veces en lo sucesivo al trabajar para esta editorial, donde insistí repetidamente en revisar la corrección sin conseguirlo.

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Sería tremendismo afirmar que la novela no repitió el éxito cosechado en Francia a causa de la nota al pie. Aunque el éxito de un libro no solo se viene abajo por una traducción mediocre, por la proliferación de erratas o por una edición del texto mal entendida, para determinados contenidos cada vez me parece más necesario que el editor sepa qué quiere y comente con el traductor sus objetivos. Porque no siempre es obvio. Los gustos literarios y culturales pueden variar mucho de un país al vecino; el clásico polar francés a la marsellesa, que hizo furor en la época del cine negro de los cuarenta y hasta los años setenta, hasta donde sé, prácticamente ha desaparecido y lo han sustituido otros argumentos, otros escenarios y otra filosofía del noir que no hallan el mismo eco en España. Recientemente en Francia redescubrieron el filón argumental que tenían en esa zona del Mediterráneo, que en los setenta fue la vía de enlace con el norte de África y con Estados Unidos —la French Connection— para el transporte ilegal de enormes alijos de droga. Sin embargo, la parsimonia en el desarrollo del argumento y lo que parece excesiva autoconciencia en el tratamiento de este tema emblemático dieron por resultado un producto sin brío. No creo que pueda «editarse», como se hace con otra información al trasladar el original al español, el grado de violencia física o la dosis de encuentros sexuales para ajustarlo al gusto de cada país sin que pase por simple censura.

De otro lado, los editores, si son más jóvenes que los traductores, a menudo pretenden afirmar su autoridad negándose a aceptar toda sugerencia que venga del traductor, por mejor argumentada que esté y aunque esa última revisión mejore el texto (un contrato estándar incluye una cláusula por la cual los cambios sobre la revisión no pueden superar un 10 % del conjunto). Otras veces es cierto que el calendario se echa encima y los editores confían en un equipo bien organizado para resolver las distintas etapas. No siempre los correctores dominan la lengua original del texto que revisan —ya conocemos la primacía del inglés— pero no me cabe duda de que siempre que hay un error de bulto es porque la cadena de comunicación editor-traductor-corrector no funcionó como debería haberlo hecho.

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Garden of Love, de Marcus Malte

toda la información en Alea: http://www.paidos.com/ficha.aspx?cod=95018

Texto promocional:
Inquietante, incluso diabólico, es el contenido del manuscrito que un día recibe Alexandre Astrid por correo. El título: Garden of Love. El autor: Anónimo. Una provocación para este policía atípico, a la deriva, pero de brillante inteligencia. Pronto comprende que el manuscrito habla de su propia vida. Extraviada. Desnuda. Destruida. Astrid se ve súbitamente confrontado a sus extravíos con su carga de dolor y violencia. Pues el autor del texto mezcla las pistas, con tanta perversidad que abre un sutil juego de manipulaciones, temores y lágrimas. Como en un cruel palacio de espejos, se enfrentan pasado y presente, razón y locura. Garden of Love es una novela emocionante, poblada de voces íntimas que susurran al oído confidencias y mentiras, seducciones y remordimientos. Voces que tienden una trampa con orgulloso aplomo.

El lienzo de Tintoretto, de Thierry Maugenest

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Sinopsis:

«Una atractiva intriga histórica ambientada en el Renacimiento, con dos investigaciones paralelas en el tiempo y un secreto de las cruzadas celosamente guardado por una secta que perdura a través de los siglos.»

La historia se narra a través de correos electrónicos, en un momento en que no era un medio de comunicación tan trivial como lo es ahora. Indudablemente el atractivo de la narración se apoyaba tanto en el género –una intriga “policiaca”– como en la ambientación histórica.
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Ocurrió algo curioso -y significativo– y es que recibí precisamente un mail del autor felicitándome por la traducción y en esos días, probablemente por una mala conexión, el ordenador se colgaba continuamente, así que respondí de manera muy parca y me quedó la duda de si le llegó la respuesta de agradecimiento a Maugenest. Chi lo sa!

Se ha hecho una edición en bolsillo, pese a las reticencias de la editora con el resultado del texto castellano. Lo curioso a lo que me refería es que en esa editorial dos veces me dijeron que no les había gustado mi traducción y en cambio en una me invitaron a hablar de ella en una universidad y la otra conoció más de una edición, y el autor, que lee español, quedó muy contento.
De cara a lo que pueda aprender de estos avatares un traductor literario en sus inicios de carrera: conviene tener comunicación directa con el editor, estar seguros de qué tipo de resultado quiere. Porque no hay un resultado “lógico” sino que a veces depende del público que el editor tenga en mente.

De todos modos, me temo que en esta novela la queja pudo tener más que ver con el afán de decir la última palabra de la editora, sin olvidar que el castellano que se habla en Barcelona puede llegar a ser demasiado líquido y soso y a mí me gusta que tenga ritmo y no hayan rimas internas. El lienzo de Tintoretto, es decir mi traducción al español, en la que vi pocas correcciones pese a todo, ha tenido más éxito de ventas que otros títulos del mismo autor que la editora ofreció a otra traductora. Es lo que damos en llamar justicia poética.

Ojalá surja la oportunidad de traducir otras novelas suyas.

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Sello: Grijalbo
Colección: Novela Histórica
Páginas: 208
PVP: $229
ISBN: 9685960631