“J’en avais assez”

«En 1922, Jean Lavigne, fils du physicien Étienne Lavigne, avait abattu, au cours d’une réception officielle, deux hautes personnalités. Au Président du tribunal qui lui demandait les raisons de son acte, il avait répondu: J’en avais assez.»

«En 1922, Jean Lavigne, hijo del físico Étiene Lavigne, abatió, en una recepción oficial, a dos altos cargos. Al presidente del tribunal que le preguntó sobre las razones de sus actos, él respondió: Ya tenía bastante.»


Trato de ponerme al día de clásicos del cine francés e italiano de los años ’60 y ’70 con mis actores favoritos de esa década -Piccoli, Romy Schneider, Delon- y los directores emblemáticos. Naturalmente, a veces me desvío del camino, del idioma o de la década y termino en Suecia (Bergman y De la vida de las marionetas, 1981) o en California (lo peor de Clint Eastwood siempre incluye paisajes fabulosos y excelente jazz: Play Misty for me, 1971).

Pero centrémonos.
En Filmin es posible organizar una programación personalizada y así he podido ver películas como Una vida de mujer (Une histoire simple, 1978), de Claude Sautet. Volví a ver Max y los chatarreros (1971), con mi adorado Piccoli; repetían él y Romy Schneider como pareja protagonista después de Las cosas de la vida (1970), películas que cosecharon un éxito enorme entonces y que hoy atraen a espectadores más jóvenes y a cinéfilos. Por cierto que en Las cosas de la vida el papel de la mujer de la que está divorciado lo interpreta Lea Massari, que murió con 91 años el pasado 23 de junio. Me faltaba por ver Mado (1976), que reúne de nuevo a Piccoli y a Schneider, esta vez como matrimonio distanciado por el comportamiento egoísta de él. Piccoli es aquí un empresario de altos vuelos con problemas debido a la crisis económica —la famosa primera crisis del petróleo y sus secuelas—, agarra el toro de la quiebra por los cuernos y utiliza a una joven prostituta, la Mado del título (una muy convincente Ottavia Piccolo), para sus fines, mientras el cantante y actor Jacques Dutronc presta su buena apariencia a un lacónico contable y mano derecha del empresario en apuros.
Animada por las alegrías que me habían procurado estas películas, interesantes en tantos aspectos —guion, intención de reflejar los cambios sociales y culturales, especialmente en el papel de la mujer tanto en las grandes ciudades como en capitales de provincia, diálogos elaborados, una fotografía atenta a las innovaciones formales del nuevo cine americano, por ejemplo—, quise ponerme al día con Delon en películas que no lo presentaran como policía, gángster o galán romántico.
Creyendo acertar, elegí La viuda Couderc, de la que había leído opiniones muy positivas a cuenta de la buena química entre dos grandes estrellas, Simone Signoret y Delon. La película es una adaptación de una novela del prolífico Georges Simenon y fue dirigida por otro director de culto para los franceses, Pierre Granier-Deferre. La acción transcurre en los años 30, dato importante para valorar la falta de medios de la policía a la  hora de detectar la presencia de un fugitivo de la justicia y la ambientación física de la granja y los campos, más que lo psicológico y las relaciones interpersonales, que reflejan mejor la década en que se rodó.

El argumento: De regreso a su granja en autobús, la señora Couderc, una mujer de unos 60 años, gruesa y de bellos ojos claros, conocida como la viuda Couderc, coincide en el camino con un desconocido de muy buena planta, de unos treinta y tantos años, que se ofrece a llevarle su pesado equipaje (incluido lo que resulta ser una incubadora para huevos). Ella acepta. Una vez en la casa le ofrece un vino y le pregunta si busca trabajo. Aunque su aspecto no es el de un vagabundo o un jornalero, o seguramente por eso, y además su documentación resulta más falsa que un billete de 4 euros, le propone contratarlo por 3 días. Tiempo que él aprovecha para hacerse valer como hombre de muchos recursos, además de calibrar el conflicto que enfrenta a la viuda con su familia política, a cuenta precisamente de la granja. Los otros personajes son el matrimonio que ambiciona quedarse la propiedad, el anciano padre de la mujer, que prefiere a la viuda, y la joven Felicie, hija de la pareja litigante, siempre con un bebé en brazos, fruto de un encuentro más o menos casual con algún marinero de los que atraviesan en barcazas el río que separa las dos propiedades. A modo de protección, Jean alarga su estancia y de noche complace a la madura dueña más que a sí mismo. Cuando le pregunta por su pasado, él explica apenas que dejó los estudios de medicina, y la viuda, que no se chupa el dedo,  deduce en voz alta que ha escapado de la cárcel. Tampoco tarda en darse cuenta de que su bonita, joven, casquivana y algo boba sobrina resulta un plato mucho más apetecible para el fugitivo, pese a los planes a cuenta del beneficio que puede procurarles la venta de huevos madurados en la incubadora. Los padres de Felicie encuentran la manera de perjudicar a la viuda y al improbable jornalero denunciándolo a la policía. Si el espectador piensa en lo que está viendo, parece claro que Jean hace mejor negocio al liarse con la joven madre, ya que de emplear su astucia como viene haciendo podría terminar como propietario tanto de la granja como de la finca de los potenciales suegros. La denuncia gafa cualquier ambición, pues si en el medio rural carecen de recursos para realizar las pesquisas pertinentes, en París enseguida identifican al tal Jean: un asesino con dos muertes en su haber. Advertido por la muchacha, Jean huye pero la batida policial no le da respiro y el emboscado busca refugio de nuevo en la granja, donde la viuda trata de ayudarle a escapar. Por supuesto, como tantas películas de los años 70, el final feliz se ha borrado del proyecto y la cosa acaba mal, ambos bajo el fuego de la policía. Él sale al encuentro de sus ejecutores. Su muerte presenta la inesperada originalidad de no sacar una gota de sangre de su cuerpo acribillado mientras la Signoret deja un rastro de sangre en la pared a medida que su cabeza, herida de mortal disparo, se desplaza hacia abajo hasta el suspiro final.
La cámara cierra con una plano en picado de Delon-Jean tendido en la hierba, el color se deshace en un sepia —que me recordó al Lucky Luciano de mi admirado Francesco Rosi, que es posterior, de 1973: así juega con nosotros la memoria—, mientras en pantalla aparece sobreimpreso el texto que abre este artículo.



La pareja protagonista al principio de la trama


La película me pareció decepcionante, sobre todo por la interpretación de Delon, escasamente creíble, como si no hubiese llegado a entrar en el personaje, limitándose a ofrecer una gestualidad sin profundidad. Por supuesto, que el guion guarde para el final revelar la naturaleza de su crimen, me parece una debilidad añadida al conjunto en una película tan elogiada. De revelarlo al principio, el público no iba a simpatizar con este Jean y el director, por poco hábil o experimentado en su arte que fuese, habría comprendido que debería jugar “la carta Ripley”, es decir exigir una actuación más sutil y sacar partido de lo que se conoce del sujeto con diálogos más intrigantes, en lugar de convertirlo en un romance a tres bandas en medio de un conflicto por la propiedad de la granja.

La traducción de los subtítulos finales contiene algunos errores importantes al ser excesivamente literal.
A lo largo del metraje se advierte que parece traducida por y para Hispanoamérica, pero no detecté errores de bulto, solo las omisiones que solemos atribuir a la falta de espacio. Traduce “physicien” por “físico”, cuando lo correcto es “médico”; el término se considera anticuado, pero por eso mismo aparece datado en diccionarios como el TLFi, como sinónimo de médecin y docteur. La pista se daba, por cierto, en un diálogo con la viuda, cuando Jean explica que abandonó la carrera de Medicina. “Abatió” por “abattu” simplifica en términos de espacio el trabajo de los subtituladores, pero lo más adecuado es “mató” e incluso “mató a tiros“. Es curioso que si las decisiones se basaban en simplificar el significado para llegar a la mayoría de espectadores —a una mayoría de espectadores con sordera, posiblemente, el tipo de público que en aquellos años prefería leer subtítulos en lugar de la  versión doblada en películas consideradas comerciales—, se opte por un verbo poco empleado en español antes de que los atentados del 2017 generalizaran el eufemismo cuando la policía ejecutó a terroristas y otros fugados y el uso de este verbo generó una notable polémica.
En cuanto a los “dos altos cargos” como traducción de “deux hautes personnalités” resulta más aproximado que preciso. Altos cargos en qué y en dónde. En cambio “dos notables”, “dos personalidades” o “dos altas personalidades” son opciones más cercanas al sentido original.

Tampoco es muy acertado traducir “son acte” por “sus actos”, cuando el presidente del tribunal en cuestión le pregunta por su crimen. Lo peor, incluso si en los minutos finales la mayoría de espectadores estaría rumiando la escena de la persecución y el sacrificio de la viuda, es traducir literalmente “j’en avais assez” por “tenía bastante”, en lugar del más expresivo “porque ya estaba harto”, que transmite la impresión de hartazgo o  hastío que cualquier francés comprende al oír o leer esta frase. A favor de esta última alternativa tenemos que permite sugerir la carga política del gesto, en el contexto del fascismo rampante en toda el mundo, y en Francia de manera particular precisamente entre la élite, mientras que “ya tenía bastante” o “ya tenía suficiente” era y es infrecuente en español y uno se pregunta “bastante qué o de qué”.
En todo caso, el acto de disparar sin motivo aparente y responder ante la ley con una frase que no explica nada entronca con la gran novela francesa de Albert Camus, L’étranger y su “acto absurdo”, que conviene recordar se integra en la corriente filosófica y literaria que siguió a la segunda guerra mundial. En cambio, si se sugiere un sentido político, el personaje enlaza con el presente de la década de los ’70 y el elogio del outsider, que es el núcleo sólido de lo mejor de su cine. Si simplemente se sugiere que el joven estudiante de medicina, hijo de un eminente médico que ofrecía recepciones a personas de alto rango, estaba harto de la comedia social y se cargó a dos invitados, su acto es fruto del mero capricho y lo convierte en candidato idóneo a la guillotina, más que a la ejecución al amanecer que finalmente obtiene. Me parece esta ambigüedad una de las varias —si no muchas— debilidades de un guion y de una película elogiada más allá de sus verdaderos méritos.


Acerca del uso eufemístico de “abatir”, en lugar de “ejecutar”, “asesinar” o “matar a quemarropa”, resulta interesante la polémica que provocó en su momento, que dio lugar a varios artículos, entre los más beligerantes se cuenta el que publicó Javier Lucas en Ctxt: (https://ctxt.es/es/20170830/Firmas/14656/Abatir-Javier-de-Lucas-terrorismo-Barcelona-CTXT.htm)

Il faut coucher avec le dictionnaire …

 

Hélène (Romy Schneider), traductora de alemán a francés en la película de Claude Sautet, Les choses de la vie (Las cosas de la vida), consulta con su amante, Pierre (Michel Piccoli), la traducción de cierta palabra. Contaba en sus memorias la escritora danesa Isak Dinesen que cuando era muy joven, y se disponía a viajar a Francia, le dijeron que la mejor manera de aprender un idioma es “coucher avec le dictionnaire”, acostarse con el diccionario, es decir echarse un amante del lugar… Estamos hablando, naturalmente, de lenguas vivas.

Como es de esperar, la palabra elegida en el diálogo no carece de sentido: mentir/fabular/affabuler/mentir…

porque nos encontramos en el mundo de la ficción, el territorio de todos los lost in translation.

 

¿Secular o religiosa? “Bombshell” / “El escándalo”… otra vez los subtítulos

En El escándalo, la película protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman y Margott Robbie, dirigida por Jay Roach, a partir del libro de la periodista Megyn Kelly [Theron], se trata del acoso sexual sufrido por varias presentadoras de la cadena Fox. La denuncia de la presentadora más veterana, Gretchen Carlson, interpretada por Kidman, se convirtió en una bola de nieve que arrastró al depredador Roger Ailes -fundador de Fox News, de tendencias ultraconservadoras, y gran apoyo de Trump durante cierto tiempo [si los vaivenes de humor de unos y otros no han cambiado]– cuando otras mujeres respaldaron su historia al hacer públicos sus propios casos.

No voy a hacer aquí una crítica de la película, que me ha parecido bastante buena y de visión muy recomendable, sino a fijarme en un par de detalles del subtitulado al español, que tienen cierto interés.

Margott Robbie interpreta a una simpática y despampanante veinteañera de familia ultrconservadora que considera la Fox su hábitat natural. Se trata, si mi información no falla, de un personaje ficticio con el que el guion pretende presentar tres etapas profesionales de la mujer: la veterana a la que retiran, Kidman; la que está en la cresta de la ola y puede, por eso, caer desde muy alto si da un traspiés y no calcula bien las consecuencias de sus decisiones -Theron-, y la recién llegada con toda la vida y la carrera por delante, Kayla Pospisil [Robbie].

En la primera parte de la película, Kayla explica llena de entusiasmo a uno de los directivos el sustrato conservador de sus padres, familias muy religiosas, provincianas, etc. En una escena la vemos dentro de una sala de control de imagen en el momento que se ilustra el poder directo que Ailes ejerce sobre todo cuanto ocurre en las noticias y en la cadena. En la pantalla aparece un cantante folk ya entrado en años, y Ailes descubre airado que la foto que ilustra la noticia no corresponde al cantante del que se habla. La culpable del desaguisado ha sido… Kayla, que alega: “¡lo siento, no sé nada de música SECULAR!”.

Resulta que hay dos versiones de subtitulado: en la que vi en una plataforma, traducen correctamente: “secular”. En la de los cines traducen “no sé nada de música religiosa”; esto último es un contrasentido, pues ya ha explicado que su familia es muy conservadora, y por lo tanto nada progre. Con su disculpa por no saber nada de música SECULAR –es decir, NO RELIGIOSA–, añade un dato acerca de su crianza ajena a la modernidad, incluido los movimientos de emancipación. Sus veteranos compañeros le espetan, escandalizados, si es que no conoce a The Eagles… la subtitulación española para salas escribe: ¡LOS ÁGUILAS! 😀 😀 😀 ¿Alguien ha llamado alguna vez a Los Eagles Los Águilas? 😀 😀 😀 Y otro dato útil dentro de un guion bien calculado: ella responde enfurruñada que esos cantantes son de cuando sus propios padres eran niños pequeños [toddlers!]

En un guion, prácticamente cada detalle está puesto para mover la acción en la dirección que el director/guionista desean. El personaje de Robbie quiere aparecer en pantalla, no aspira a ser una gran periodista. Es necesario, por eso, mostrar en una sola escena varias facetas de su personalidad y de sus ambiciones, y al mismo tiempo propulsar la trama al siguiente paso.

Cuando ella se las apaña para conseguir que la presenten a Ailes, sin imaginar lo que le espera, ya hemos visto que 1) no es una periodista rigurosa; 2) su experiencia delante de las cámaras es de un narcisismo ingenuo: presentó ¡EL TIEMPO! en la cadena de la universidad mientras estudiaba y descubrió que había nacido para eso; y 3) es una millenial: nació en la última década del s. XX. El arco de edades representado es interesante también porque permite incluir uno de los tópicos que dominan la “discusión” política en Estados Unidos, la confrontación generacional sería más apropiado llamarla, la de los millenials que acusan a la generación nacida entre 1945 y 1964 del siglo pasado haber refucked el mundo y sus perspectivas vitales, crítica que se resume en el proliferante “OK, BOOMER”. Para el buen entendedor, este reproche está cifrado en la pregunta que la becaria le hace a Carlson/Theron… y que no desvelo para no destrozar del todo la intriga.

ok boomer meme

Otra traducción errónea, donde la versión de la plataforma y la de la sala se contradicen, se encuentra al final. Cuando Ailes se las ve con el dueño de la FOX, interpretado por el icónico Malcolm McDowell, protagonista de La naranja mecánica, Rupert Murdoch le replica al defenestrado Ailes que “ahora hay audiencia” para esta clase de noticias –el escándalo de las mujeres acosadas que han guardado silencio, a causa del movimiento Metoo contra Weinstein–. El subtítulo en el cine dice lo contrario: no hay audiencia –donde deberían preferir la palabra “público”– para lo que Ailes es. Se cierra, por así decir, la etapa del veterano que gobernaba Fox News, cuando las mujeres prosperaban a base de concesiones y de un tipo de silencio que él llamaba “lealtad”.

Son pequeños detalles, pero en el primer ejemplo dice exactamente lo contrario de lo que el personaje es. En todo caso, sirve para ilustrar cómo un guion es un artefacto donde todas las piezas están engranadas y se apoyan mutuamente, y la traducción debe ser consciente del engarce de esos mecanismos por los que se concentra de manera muy económica mucha información en poco metraje.

A continuación, traigo de la sección Anatomía de una escena del New York Times (¡gracias, gracias!), la dedicada a Bombshell, donde el propio director analiza cómo se construye visualmente la narración, y en este caso la sensación de soledad de las tres protagonistas, simbólicamente encerradas en ese ascensor que significa su ascenso/descenso dentro del mundo profesional en el que aspiraban a triunfar. Y cito: «In his video narration, Roach discusses how he used cues from the score and specific camera shots to amplify the tension of the moment.»

La emblemática escena en el ascensor que simboliza el ascenso y descenso en el hit-parade sexual del depredador. Obsérvese el uso muy irónico que se hace a lo largo de la película, resumido en esta imagen, del perfil de la Barbie estadounidense: “mujer privilegiada, guapa, blanca, de clase media”…

Subtitular de más o de menos: “Il Conformista”, de Bernardo Bertolucci

 

 

 

 

En la revista VASOS COMUNICANTES de la Asociación de Traductores de España se publica hoy mi artículo dedicado a analizar diferentes aspectos de la gran película de Bertolucci, Il conformista, y especialmente de qué modo los errores en el subtitulado distorsionan o impiden comprender trama y subtexto.
Empieza así:

«El Conformista, de 1970, fue la primera película de Bernardo Bertolucci (Parma, 1941 – Roma, 2018) financiada por una gran productora (la Paramount), después de apenas cuatro largometrajes de ficción (La commare seca [Cosecha estéril, 1962], Prima della revoluzione [Antes de la revolución, 1964], Partner [id., 1968], Strategia del ragno [La estrategia de la araña, 1969], además de unos pocos documentales. El guion del propio Bertolucci adaptaba la novela de 1951 del mismo título de Alberto Moravia (Roma, 1927-1990). Puede decirse sin reservas que los años le han sentado muy bien y que su nominación al óscar a la mejor película extranjera no parece hoy fruto de un apasionamiento circunstancial de los americanos aunque, por supuesto, el tema nazi/antifascismo siempre despierta simpatías en Hollywood. Al verla de nuevo hace unos meses me chocaron algunos fallos del subtitulado y un detalle en la versión doblada al castellano, que comentaré en estas páginas.»

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El polémico subtitulado de “Roma”, de Alfonso Cuarón, también en Francia

Roma subtitulado frances errores
Un pantallazo de la película. El artículo señala tres errores en tan breve espacio

Después de la polémica sobre la traducción -por llamarlo de algún modo– y subtitulado al castellano de España de Roma, la valorada película del mexicano Alfonso Cuarón, ahora se está discutiendo en redes sociales una versión peor, la francesa. En el blog de los especialistas en traducción audiovisual, ATAA, se han arremangado y analizado el desastre. Sylvestre Meininger, vicepresidente de la asociación, firma el artículo que resume el sinfín de errores que pueden convertir esta versión en candidata a la peor traducción del año. ¿Culpables? Preguntemos a la compañía Netflix.

LA FORME

– Les dialogues en mixteco (langue indienne) sont entre crochets, les dialogues en espagnol (mexicain) en droit. Outre qu’elle accorde une valeur différente aux deux langues, cette mise en forme gêne la lecture et n’est jamais pratiquée en France. Il aurait été à la rigueur possible d’adopter deux couleurs différentes, mais cela détourne également l’attention, le plus logique étant de faire confiance au spectateur pour faire la différence et s’y habituer en suivant le récit.

– Les chansons ne sont pas en italique (alors que les répliques d’un film passant à la télé le sont), et sont ponctuées de manière incorrecte.

Sigue aquí (en francés y hay versión en inglés)

 

Hablar idiomas – Jean Seberg

Una entrevista a la actriz Jean Seberg en la época del gran éxito À bout de souffle, del genial Jean-Luc Godard, la sensación de los años 60. Ser políglota ha sido siempre una baza en cualquier profesión. En la película, la diferencia de nacionalidad entre los protagonistas, Michel y Patricia, interpretados por Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg –él francés, ella una estudiante americana en París–, implica una distancia cultural. Parte del enorme encanto de esta película reside en el acento de la Seberg y, por supuesto, en la música que envuelve la venta del diario de los expats en París, el Herald Tribune. No solo los españoles tenían nostalgia de un ailleurs.
(Llama la atención en la entrevista la educación del periodista, cuando a la gente del cine se la trataba como parte de la elite. 😀 😀 )

 

L’Écran traduit, nº 3 – Traducción de cine italiano

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El último número de la revista L’Écran traduit está dedicado a la traductora franco-italiana Marie-Claire Solleville. Muy recomendable lectura.

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La intérprete de la Utopía Ku, en El Trujamán del Instituto Cervantes

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Dirigida por Sidney Pollack

© María José  Furió para El Trujamán 2015

La intérprete es un moroso thriller dirigido por Sydney Pollack en 2005. Silvia Broome (Nicole Kidman) es intérprete de conferencia en la sede central de la ONU. Entre las lenguas que domina está la lengua africana ku, hablada en Matobo, de donde es originario el dictador que va a pronunciar una conferencia ante los representantes de todos los países. Los neoyorquinos le dispensan una tumultuosa protesta de bienvenida por su condición de genocida. Por casualidad, Broome oye una conversación entre dos africanos en torno al plan de asesinar al invitado; al ser detectada su presencia, su vida corre peligro por lo que se le asigna un agente del FBI (Sean Penn) para protegerla. Ciertos datos de su biografía despiertan la suspicacia de las autoridades —nacida en África, mantiene inexplicadas relaciones con personas vinculadas a la guerrilla en el país del dictador africano—, y la convierten en dinamizadora de la intriga hasta su resolución.

La ciudad de Nueva York es aquí un conglomerado de culturas del mundo entero, donde se escenifica un concepto que hoy parece pasado de moda, el melting-pot. Gente de todos los países coincide en espacios públicos como Central Park mientras la sede de la ONU parece una suerte de torre de Babel, domesticada gracias a los intérpretes de conferencia.

La película plantea un asunto interesante: cuál es el segmento mínimo que se puede «interpretar». El límite estaría en el susurro de equis decibelios, que permita identificar y reconocer una voz. Otro tema sugestivo es el papel de la lengua ficticia del país de origen de la intérprete, la República Democrática de Matobo. Existen unas montañas Matobo en la zona central de Botswana, frontera con Zimbawue, países ambos limítrofes con Sudáfrica, que servirían de inspiración del film. Percibimos enseguida que en la lengua ku abunda el fonema «k»: el presidente y líder exiliado se llama Kuman-Kuman (el de la Sudáfrica actual se llama Jacob Zuma). El líder genocida es Edmon Zuwanie. La pronunciación de sus nombres trae ecos del de dictadores famosos por acusaciones de genocidio, como Robert Mugabe.

No es la primera vez que en una película los personajes principales hablan o conocen un idioma inventado para la ficción. Al margen del estridente popurrí que a lo largo de la historia del cine de los sábados por la tarde han hablado todas las tribus caníbales made in Hollywood, la invención de un idioma para fines artísticos delata el contexto sociopolítico en que emerge. Así, el famoso klingon de Star Trek, serie norteamericana que arranca en 1966, parece tener su inspiración en el mutsun, lengua indígena de California. En los años sesenta y durante el periodo de eclosión del movimiento hippie, con la ciudad de San Francisco como centro neurálgico de la nueva cultura, nacieron corrientes de defensa y reivindicación de las minorías raciales; entre ellas, muy especialmente, de las olvidadas tribus indias. Como en La intérprete, el dominio por parte del protagonista, personaje positivo, de una lengua pequeña vinculada a los ancestros —los indios en América o las tribus condenadas por genocidas africanos— pretendería evocar en el espectador una nostalgia por un origen más puro ligado a una tierra madre.

Por lo que respecta a la lengua ku, fue construida, por Said el-Gheithy, director del londinense Centro para el Aprendizaje de Lenguas Africanas, por encargo de Sydney Pollack. Adapta como base distintos aspectos de los idiomas shona y swahili, hablados en el sur y el este de África, y se añadieron otros aspectos inventados pero coherentes. Además de contar con un diccionario propio, se ideó una cultura con tradiciones ancestrales, que en la película se traen a colación como tema de discusión del ideario moral de los protagonistas.

La conexión de La intérprete con los idealismos de los años setenta, hoy de moda, se plasma en la descripción de las costumbres de Matobo: no existe distinción de género, el idioma posee una elegancia poética. Basa su cultura en la edad y el género y son los mayores quienes saludan a los más jóvenes mientras las mujeres tienen preferencia sobre los hombres a la hora de romper el silencio; se saludan con palabras pero en ocasiones tocándose la frente y a estas costumbres se suman otras que sugieren la idea de lo exótico. Por contraste con las costumbres occidentales, plantean el concepto de relativismo teórico, que está en la base de la creación de la ONU.

Teatro y cine, de Charles Tesson

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Sinopsis
Cuando el cine vislumbró la posibilidad de contar historias y de escenifi carlas, tomó el teatro como modelo y optó por el rodaje en estudio, el cual le ofrecía las condiciones materiales propias del teatro. El cine ha tomado mucho del teatro, ha hecho propios diversos ingredientes suyos, como la interpretación de los actores, el decorado, la escenografía, el diálogo y la dramaturgia, adaptándolos a sus propios medios de expresión. La construcción de las primeras salas de cine se hace eco de la arquitectura típica del teatro.

Mientras el calificativo de «teatral» a menudo posee una connotación negativa cuando designa el estilo de una película, es precisamente en su relación con el teatro donde el cine ha adquirido conciencia de su naturaleza singular como arte y de sus propios dilemas artísticos, entre la atracción por la realidad y la trampa de sus falsas apariencias.
Este libro se detiene no solo en las adaptaciones de obras de teatro a la pantalla, sino también, y sobre todo, en las diversas formas que ha llegado a adoptar esta relación. El hilo conductor son los momentos en que el cine ha necesitado más del teatro para definir su «pequeña diferencia», como el paso al cine sonoro, la omnipotente televisión o también la irrupción de las nuevas tecnologías.
Son muchos los cineastas que sienten o han sentido la necesidad del teatro para redefinir las posibilidades del cine: Marcel Pagnol, Sacha Gitry, Jean Renoir, Alain Resnais, Charlie Chaplin, Carl T. Dreyer, Manoel de Oliveira o Jacques Rivette…

Charles Tesson, el autor

Charles Tesson es crítico y docente en la Universidad de París III, Sorbonne Nouvelle. Es autor de diversas obras dedicadas a Satyajit Ray, Luis Buñuel y La Serie B, en “Cahiers du Cinéma”.

Tesson es, además, productor, según informa la página de IMBD. y en 2011 fue designado para dirigir la sección paralela de Cannes de la Semana de la Crítica.

Ficha técnica
Fecha de publicación: 07/06/2012
96 páginas
Idioma: Español
ISBN: 978-84-493-2716-2
Código: 10008539
Formato: 13,5 x 19 cm.
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: PEQUEÑOS CUADERNOS DE CAHIERS DU CINEMA
Traductor: María José Furió

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