Y hoy se publica la segunda parte del artículo, que probablemente pocos leerán. Al tratar del interés del joven Pasolini por la literatura y poesía dialectales he querido llamar la atención sobre sus inteligentes intuiciones en torno a la lengua vernácula y el vínculo de su léxico con el territorio, no desde el punto de vista sentimental o nacionalista, sino de la realidad designada. A estas alturas, resulta obvio que perder los dialectos supone eliminar rastros arqueológicos del habla que la lingüística histórica echará en falta.
Por otra parte, aunque Pasolini abandonó el dialecto para escribir en italiano, su trabajo de este periodo fecundó la obra de otros poetas fuera del Friuli, que encontraron en sus publicaciones y ensayos un modelo para dar a conocer su creación. Como era habitual en él, estableció alianzas a través del diálogo con poetas y teóricos de otras lenguas “vernáculas”, hoy tratadas como idiomas, como el catalán. Este mismo año, el Institut Ramon Llull ha concedido su Premio Internacional de Catalanística (!) y a la Diversidad Cultural al director de la Agencia Regional para la lengua friulana, William Cisilino, que tiene su sede en Udine, en la región italiana del Friul.
Foto: vista aérea del Friuli (la Sexta) y Ponte del Diavolo, Cividale del Friuli (Corriere della sera)

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