En El escándalo, la película protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman y Margott Robbie, dirigida por Jay Roach, a partir del libro de la periodista Megyn Kelly [Theron], se trata del acoso sexual sufrido por varias presentadoras de la cadena Fox. La denuncia de la presentadora más veterana, Gretchen Carlson, interpretada por Kidman, se convirtió en una bola de nieve que arrastró al depredador Roger Ailes -fundador de Fox News, de tendencias ultraconservadoras, y gran apoyo de Trump durante cierto tiempo [si los vaivenes de humor de unos y otros no han cambiado]– cuando otras mujeres respaldaron su historia al hacer públicos sus propios casos.
No voy a hacer aquí una crítica de la película, que me ha parecido bastante buena y de visión muy recomendable, sino a fijarme en un par de detalles del subtitulado al español, que tienen cierto interés.
Margott Robbie interpreta a una simpática y despampanante veinteañera de familia ultrconservadora que considera la Fox su hábitat natural. Se trata, si mi información no falla, de un personaje ficticio con el que el guion pretende presentar tres etapas profesionales de la mujer: la veterana a la que retiran, Kidman; la que está en la cresta de la ola y puede, por eso, caer desde muy alto si da un traspiés y no calcula bien las consecuencias de sus decisiones -Theron-, y la recién llegada con toda la vida y la carrera por delante, Kayla Pospisil [Robbie].
En la primera parte de la película, Kayla explica llena de entusiasmo a uno de los directivos el sustrato conservador de sus padres, familias muy religiosas, provincianas, etc. En una escena la vemos dentro de una sala de control de imagen en el momento que se ilustra el poder directo que Ailes ejerce sobre todo cuanto ocurre en las noticias y en la cadena. En la pantalla aparece un cantante folk ya entrado en años, y Ailes descubre airado que la foto que ilustra la noticia no corresponde al cantante del que se habla. La culpable del desaguisado ha sido… Kayla, que alega: “¡lo siento, no sé nada de música SECULAR!”.
Resulta que hay dos versiones de subtitulado: en la que vi en una plataforma, traducen correctamente: “secular”. En la de los cines traducen “no sé nada de música religiosa”; esto último es un contrasentido, pues ya ha explicado que su familia es muy conservadora, y por lo tanto nada progre. Con su disculpa por no saber nada de música SECULAR –es decir, NO RELIGIOSA–, añade un dato acerca de su crianza ajena a la modernidad, incluido los movimientos de emancipación. Sus veteranos compañeros le espetan, escandalizados, si es que no conoce a The Eagles… la subtitulación española para salas escribe: ¡LOS ÁGUILAS! 😀 😀 😀 ¿Alguien ha llamado alguna vez a Los Eagles Los Águilas? 😀 😀 😀 Y otro dato útil dentro de un guion bien calculado: ella responde enfurruñada que esos cantantes son de cuando sus propios padres eran niños pequeños [toddlers!]
En un guion, prácticamente cada detalle está puesto para mover la acción en la dirección que el director/guionista desean. El personaje de Robbie quiere aparecer en pantalla, no aspira a ser una gran periodista. Es necesario, por eso, mostrar en una sola escena varias facetas de su personalidad y de sus ambiciones, y al mismo tiempo propulsar la trama al siguiente paso.
Cuando ella se las apaña para conseguir que la presenten a Ailes, sin imaginar lo que le espera, ya hemos visto que 1) no es una periodista rigurosa; 2) su experiencia delante de las cámaras es de un narcisismo ingenuo: presentó ¡EL TIEMPO! en la cadena de la universidad mientras estudiaba y descubrió que había nacido para eso; y 3) es una millenial: nació en la última década del s. XX. El arco de edades representado es interesante también porque permite incluir uno de los tópicos que dominan la “discusión” política en Estados Unidos, la confrontación generacional sería más apropiado llamarla, la de los millenials que acusan a la generación nacida entre 1945 y 1964 del siglo pasado haber refucked el mundo y sus perspectivas vitales, crítica que se resume en el proliferante “OK, BOOMER”. Para el buen entendedor, este reproche está cifrado en la pregunta que la becaria le hace a Carlson/Theron… y que no desvelo para no destrozar del todo la intriga.

Otra traducción errónea, donde la versión de la plataforma y la de la sala se contradicen, se encuentra al final. Cuando Ailes se las ve con el dueño de la FOX, interpretado por el icónico Malcolm McDowell, protagonista de La naranja mecánica, Rupert Murdoch le replica al defenestrado Ailes que “ahora hay audiencia” para esta clase de noticias –el escándalo de las mujeres acosadas que han guardado silencio, a causa del movimiento Metoo contra Weinstein–. El subtítulo en el cine dice lo contrario: no hay audiencia –donde deberían preferir la palabra “público”– para lo que Ailes es. Se cierra, por así decir, la etapa del veterano que gobernaba Fox News, cuando las mujeres prosperaban a base de concesiones y de un tipo de silencio que él llamaba “lealtad”.
Son pequeños detalles, pero en el primer ejemplo dice exactamente lo contrario de lo que el personaje es. En todo caso, sirve para ilustrar cómo un guion es un artefacto donde todas las piezas están engranadas y se apoyan mutuamente, y la traducción debe ser consciente del engarce de esos mecanismos por los que se concentra de manera muy económica mucha información en poco metraje.
A continuación, traigo de la sección Anatomía de una escena del New York Times (¡gracias, gracias!), la dedicada a Bombshell, donde el propio director analiza cómo se construye visualmente la narración, y en este caso la sensación de soledad de las tres protagonistas, simbólicamente encerradas en ese ascensor que significa su ascenso/descenso dentro del mundo profesional en el que aspiraban a triunfar. Y cito: «In his video narration, Roach discusses how he used cues from the score and specific camera shots to amplify the tension of the moment.»

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