El 7 de febrero, El Trujamán, la revista de Traducción del Instituto Cervantes publicó mi artículo dedicado a El espía, del novelista, traductor y poeta Justo Navarro (Anagrama, 2011).

Empieza así:
«La biografía del poeta norteamericano Ezra Pound está marcada por el estigma de su fascinación y apoyo al fascismo mussoliniano, de sus manifestaciones antisemitas y un aura de enloquecida genialidad, de tal modo que su figura es, en parte, tabú. Suele salvarse el escollo separando cuidadosamente su obra poética de sus extravíos políticos. Por qué, habiendo sido detenido y acusado de traicionar a su país, no fue Pound ejecutado es el detalle intrigante y detonador de El espía. Justo Navarro fabula con la posibilidad de que el poeta de Rapallo fuese un agente doble y que sus extravagantes alocuciones a través de la radio italiana en tiempo de guerra contuviesen mensajes cifrados para los aliados. Unos mensajes que traían de cabeza a los nazis, incapaces de obtener ninguna certeza tras aplicarles todas las claves de interpretación de códigos secretos disponibles. Las peroratas del poeta americano eran intraducibles al idioma convencional del contraespionaje.
Sin embargo, como no se trata de una típica novela de espías, Navarro rompe el hilo de la narración y, reconstruyéndola por fragmentos de fuerte densidad poética, presenta a Pound en facetas que confirman y refutan esa supuesta condición suya de espía, de loco, de traidor, de leal ciudadano.»

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